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Cruje la industria automotriz y Córdoba lo sufre

Según Acara, en enero se patentó un tercio de lo que se registró en igual mes de 2018. El derrumbe continúa y en la provincia crece la preocupación. La principal razón de la tendencia es el desacople entre el precio de los autos y el poder adquisitivo de los clientes.
 
El complejo automotor de la provincia se mantiene en la pendiente y transitando una crisis cada vez más profunda. Hay una proyección que realizaron ayer desde la Asociación de Concesionarias a nivel nacional, cuando se conoció la sorprendente caída en la comercialización de enero, que encendió todas las alarmas. Si no cambia la tendencia, en 2020 se venderían aproximadamente 350 mil vehículos cero kilómetro. Como punto de comparación habría que considerar que cinco años atrás el sector se preparaba para alcanzar el millón de unidades comercializadas. Es decir que está llegando a un tercio de aquella marca que finalmente nunca se logró.

Está claro que toda la cadena tuvo un ajuste muy significativo a lo largo de los últimos dos años: desde la industria hasta el comercio. Y de hecho, las suspensiones y los recortes salariales para los trabajadores fueron una constante en plantas ubicadas dentro de la provincia.

Esto alarmó a las autoridades provinciales que se mantuvieron cercanas al sector intentando evitar mayores consecuencias. Sin embargo, más allá de las acciones que pueda tomar el Estado provincial, la cadena padece fuertemente el desacople que sufrieron los precios de los automóviles con los ingresos de los consumidores; eso, a su vez, sobre un bien de costo elevado.

En sólo un año, el precio de los autos creció 90%. No hay posibilidades ciertas de que tamaña disparada no impacte en los niveles de venta.

Entonces, no debería sorprender al sector lo que terminó ocurriendo en las concesionarias. Allí hay al menos un puñado complejo de cuestiones que pasan por las autopartes importadas y el efecto de las devaluaciones directas y encubiertas, las elevadas cargas impositivas de las unidades  y un margen indescifrable de ajuste arbitrario del precio. Es un combo explosivo en tiempos de inflación elevada y prolongada en el tiempo como vive la Argentina desde hace más de 10 años.

Pero la escalada de los precios en los autos tiene también otras consecuencias directas, más allá de la caída en los niveles de comercialización. Por ejemplo, lo que ocurre con aquellos que tienen planes de ahorro y ven cómo sus cuotas crecen al ritmo del vehículo cero kilómetro. Lo que fue una decisión de adquirir un vehículo a un precio que aparecía factible de afrontar con los ingresos del momento, se volvió una pesadilla en poco tiempo para miles de familias en la Argentina que se debaten entre devolver la unidad o endeudarse para pagar el compromiso porque la capacidad de pago se desplomó. En ese punto hay también muchos cuestionamientos de los clientes que de manera desesperada piden algún tipo de respuesta a las autoridades. Hasta aquí, lo que apareció en las últimas horas como factible es que finalmente se aplique la vieja receta de un mayor plazo de pago para diluir el monto mensual que deben afrontar los clientes. Pero más allá de esas evaluaciones que no lograron entusiasmar a los preocupados compradores de autos por medio de planes, lo que observan es cómo los vehículos cero kilómetro tienen, en ocasiones, diferentes valores de acuerdo a cuál sea el canal de venta. Alguien que va con su vehículo a comprar un cero kilómetro y entrega dinero en efectivo y toma alguna línea de crédito de la fábrica, a tasas generalmente muy convenientes, posiblemente no tenga dificultades a futuro porque afronta una cuota congelada y un precio de la unidad “bonificada”. Lo que los clientes de autoahorro aseguran es que ese valor bonificado es el “verdadero” y que el que les aplican a ellos en sus planes está ubicado muy por encima y de manera artificial. La dificultad radica en que las cuotas están atadas a ese precio superior y las familias afrontan verdaderas proezas para poder cumplir.

Todo es parte del enorme desajuste que vive la economía nacional. En Argentina no hay hoy precios de referencia en casi ningún producto. Es difícil saber cuánto vale algo en una góndola y si ese precio es razonable. El extenso proceso inflacionario destruyó cualquier parámetro, y eso sin dudas alienta y favorece la especulación. Nada de todo eso tendrá pronta solución.

Conscientes de eso, desde la Provincia plantearon la preocupación por el entramado automotor de Córdoba al ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas.

El escenario es complejo porque mientras se desploma el mercado interno sin encontrar piso, Brasil sigue tibio. La economía de la gran potencia regional, principal mercado de las automotrices cordobesas, no repunta a la velocidad deseada. En 2019 su economía apenas trepó 1,2% y el FMI vaticina un crecimiento algo mayor para este año, pero no demasiado significativo: 2,2%. Claro que al lado de las estimaciones de Argentina parecen más que alentadoras. El organismo internacional de crédito calcula que nuestro país seguirá en rojo, esa vez en torno al -1,3%.

Con la demanda doméstica muy retraída y esas proyecciones de Brasil, los números de la cadena automotriz suenan razonables para 2020. Por eso anticipan que las dificultades seguirán marcadas y será un sector que seguirá apostando al segmento del campo, el único que tracciona en la variante de pick up.



Gonzalo Dal Bianco.  Redacción Puntal

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