Los precios de los granos, sin fundamentos para subir: los futuros, entre 15% y 20% abajo
Los valores de los principales granos combinados con los derechos de exportación hacen que la ecuación económica de gran parte de la agricultura esté en rojo y eleve los niveles de reclamos al Gobierno nacional
Según el último reporte económico de Crea, no hay demasiadas luces de esperanza en el horizonte para esperar que los precios de los granos puedan repuntar en el mediano plazo. Y a su vez, eso meterá presión para que las retenciones permanezcan en el centro de la escena porque, combinadas con los actuales valores, hacen inviable la producción en amplias zonas del país.
El trabajo destaca que “el sector agropecuario se ve afectado no solo por las limitaciones estructurales de la economía argentina sino también por ya casi 100 años de medidas discriminatorias prácticamente ininterrumpidas. En efecto, de acuerdo con el Agrimonitor del BID, en 2023, las medidas y políticas sectoriales implicaron una transferencia de US$ 6.320 millones desde los productores hacia el Estado, siendo Argentina el único país de Ámérica cubierto por la iniciativa que desincentiva la producción agropecuaria en lugar de apoyarla”, recuerda el panorama económico de Crea.
Más en detalle, producto del comportamiento del nivel de precios y los costos, la rentabilidad agrícola proyectada es baja, incluso, pese a que las condiciones agronómicas en las principales zonas productivas son buenas, con lluvias que propiciaron la recarga de los perfiles y dejaron un buen punto de partida para campaña 25/26.
Pero del lado de los ingresos, las cotizaciones futuras de los commodities agrícolas no muestran valores atractivos comparado contra campañas anteriores (dadas las altas relaciones stocks-consumo y una oferta global relativamente abundante, traccionada por Estados Unidos y Brasil). “En este contexto, los precios en dólares vienen teniendo una tendencia bajista, con las posiciones futuras entre 15% y 20% por debajo del promedio de los últimos cinco años, a lo que se añaden dinámicas locales, como la apreciación cambiaria y la continuidad de las retenciones. Así, el precio en pesos constantes recibido por los productores, que muestra su poder adquisitivo en relación a una canasta de bienes del resto de la economía, se encuentra entre los peores registros de la serie”, describe Crea.
Por el lado de los costos, a partir de la normalización del comercio internacional y la eliminación del impuesto PAIS, los precios de los insumos y los bienes de capital comenzaron un proceso de realineación a sus valores internacionales, más rápido en el caso de los primeros que de los segundos que aún deben seguir corrigiendo. “Los fertilizantes pasaron de estar 42% más caros que en Brasil en 2023 a una diferencia de 4% en la actualidad”, detalla el informe.
Por otro lado, la apertura a la importación de maquinaria agrícola usada profundizó el proceso, aún inconcluso, de regularización en sus precios que venían de aumentar significativamente entre diciembre de 2021 y el mismo mes de 2023.
Por otro lado, Crea remarca que un buen ejemplo de cómo la volatilidad cambiaria maquillaba las carencias estructurales son los costos logísticos: respecto al promedio de los últimos 5 años, se necesita un 45% más de soja para cubrir la tarifa de referencia de CATAC para un flete de 350 km que sigue transitando sobre la misma infraestructura deficiente.
Considerando todos estos factores, el Radar Agrícola Crea para la secuencia de cultivos trigo/soja de segunda, proyecta que el 23% de los cultivos del país se encuentran con resultados operativos neutros y el 64% con pérdidas (asumiendo rindes en línea con el promedio de las ultimas 5 campañas). Es decir, dado el supuesto de rindes “normales”, el problema radica en una estructura de ingresos y costos que compromete el negocio. “En este marco, es clave profundizar la agenda de reformas microeconómicas que el Gobierno viene llevando adelante para devolver la rentabilidad al sector, siendo un punto crítico la eliminación de los derechos de exportación”, remarca el informe. Y agrega: “Se trata de un tributo fuertemente distorsivo, que grava ingresos en lugar de ganancias, rompe las relaciones entre los insumos y los granos, reduce fuertemente el incentivo a invertir y castiga en mayor medida a las áreas más alejadas del puerto. Además, sus efectos hoy son especialmente graves dado que no son moderados ni por el tipo de cambio ni por los precios internacionales. “La potencialidad pérdida para el país puede verse no solo en el progresivo rezago respecto al principal competidor regional, Brasil, sino también comparando con la dinámica de otros sectores dentro del propio agro, que captan más rápidamente los beneficios de la estabilidad y no tienen derechos de exportación”, indicó el trabajo. Luego recordó que en la edición de marzo de la encuesta SEA Crea solo un 16 por ciento de los productores agrícolas consideraba que era un buen momento para realizar inversiones frente a un 64% de los productores de leche que evaluaba al momento para invertir como favorable. “En suma, en el nuevo contexto de mayor estabilidad emergen los desafíos antes ocultos por las urgencias del corto plazo”, cerró