La médica pediatra María de los Ángeles Wittouck (M.P. 35071 – M.E. 18391) advierte que este año el aumento de casos se dio de forma un poco más temprana que años anteriores, al sostener en diálogo con Salud & Ciencia en el consultorio de Neoclínica que “se está viendo una importante cantidad de casos de influenza A, lo que genera preocupación en las familias”.
Embed - Dra. María de los Ángeles Wittouck
Según la profesional, los cuadros más frecuentes durante esta época del año son las infecciones respiratorias altas tales como resfríos, rinitis y faringitis virales. También pueden presentarse broncoespasmos en niños con antecedentes, y en algunos casos aislados, complicaciones mayores.
“La influenza está circulando y genera fiebre, congestión, tos y malestar general. En sí, no es grave, pero en ciertos pacientes puede derivar en cuadros más complicados si no se actúa a tiempo o si se descuida el tratamiento”, señala Wittouck.
El virus en las escuelas
Uno de los grandes focos de transmisión de virus respiratorios en la infancia es el entorno escolar.
“En las últimas semanas se notó un aumento importante de chicos que faltan a clases por enfermedad o porque aún están en convalecencia. Las escuelas, al ser espacios cerrados, con muchos niños juntos, muchas veces sin ventilación adecuada, se transforman en un terreno fértil para la circulación de virus”, explica Wittouck.
Y añade: “Los niños no tienen el mismo cuidado que los adultos. Se tocan entre ellos, comparten botellas o vasos, y no suelen lavarse las manos de manera persistente. Todas estas conductas, si bien son naturales en la infancia, son un riesgo cuando hay una alta circulación viral”.
Y es una realidad que, ante la aparición de síntomas respiratorios, surgen dudas en las familias respecto a si se trata de un simple resfrío o si hay algo más serio detrás.
Wittouck sostiene que, si bien la influenza puede provocar fiebre alta, congestión, tos y decaimiento, no necesariamente implica un cuadro de gravedad. Y considera que la mayoría de los virus respiratorios que afectan a los chicos son benignos y se resuelven con medidas habituales como control de la fiebre, buena hidratación, descanso y seguimiento.
Entiende que lo importante es observar la evolución y estar atentos a que, si después de 48 o 72 horas la fiebre persiste, si aparecen vómitos, dificultad respiratoria o decaimiento marcado, es momento de consultar al pediatra.
“Esos son signos de alerta que indican que algo puede estar complicándose”, indicó. “Con fiebre, lo primero es controlar con antitérmicos adecuados. Si el cuadro mejora, probablemente no haga falta una consulta inmediata. Pero si los síntomas persisten o se intensifican, hay que buscar orientación médica”, ratificó la profesional.
Cuidados preventivos
La pediatra subraya que, a pesar de la circulación de virus, hay medidas que pueden reducir considerablemente los contagios. Y La ventilación de los espacios es una de las más efectivas.
“Hay que abrir ventanas y permitir la renovación del aire. No hace falta que los chicos pasen frío, pero sí aprovechar las horas del día en que la temperatura es más alta para ventilar las habitaciones y espacios comunes”, precisó Wittouck.
Otra medida fundamental es el lavado de manos frecuente, especialmente antes de comer y al regresar a casa.
“También es importante que no compartan vasos, botellas ni cubiertos, ni durante las comidas ni en actividades deportivas o recreativas”, reflejó.
Respecto a la vacunación, Wittouck enfatiza su importancia al manifestar que “la vacuna antigripal es fundamental, sobre todo en niños entre 6 meses y 2 años, como así también en mayores de 65 años y en personas con enfermedades de base”.
También, recuerda algunas prácticas que habían cobrado protagonismo durante la pandemia y que convendría retomar.
“Toser en el pliegue del codo, no tocarse la cara con las manos sucias o mantener cierta distancia cuando hay síntomas, son acciones simples pero muy efectivas, y que en su momento las teníamos muy presentes”, señaló.
¿Cuándo dejar a un niño en casa?
Uno de los dilemas más comunes para madres y padres es determinar cuándo un niño debe quedarse en casa por su estado de salud. Para la pediatra, el principal síntoma que debe hacer que el niño no asista a la escuela es la fiebre.
“Si presenta febrícula o malestar general, es mejor que no asista. Muchas veces, los síntomas comienzan a manifestarse un día antes con dolores de cabeza o congestión, por lo que ese primer día ya conviene dejarlo en casa y observar”, expresó.
En general, si el niño permanece 24 horas sin fiebre, puede volver a la escuela, especialmente si se trató de un cuadro leve. “Siempre es recomendable que sea el pediatra quien indique la cantidad de días de reposo, pero si los síntomas se resuelven rápidamente y no hay fiebre ni otros signos de alarma, el regreso puede darse sin mayores riesgos”, aclara la médica.
Una temporada intensa
Aunque los casos de influenza y otras infecciones respiratorias se adelantaron este año, Wittouck considera que el panorama no es alarmante.
“Estamos con muchos casos, pero está dentro de lo esperado. Lo importante es actuar con responsabilidad, mantener la calma, seguir las indicaciones médicas y, sobre todo, no subestimar los cuidados preventivos”, entiende la profesional.
Y el receso escolar de invierno ya se avizora como una oportunidad para cortar la cadena de contagios.
“Ese ‘párate’ ayuda a que los chicos no se expongan tanto en contextos cerrados, a que puedan recuperarse si están cursando algún cuadro, y a que las familias se organicen mejor con los cuidados”, concluye la pediatra.