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Gisela Menossi escapó de la guerra: "No hay sensación más poderosa que volver a casa"

El inicio de la guerra la encontró cenando en Dubai, cuando escuchó las primeras bombas

Una de las últimas alertas que recibió Gisela en sus dispositivos.

 

Fueron 10 días, pero parecieron meses los que pasaron desde que la riocuartense Gisela Menossi y su esposo, acompañados de amigos, estaban cenando en un piso 77 de Dubai, disfrutando de su paseo por una de las ciudades más imponentes del mundo, y pudieron advertir las primeras explosiones de lo que fue luego un asedio constante de Irán sobre los países de la región. Era la réplica al ataque conjunto de Estados Unidos e Israel sobre el territorio que alguna vez fue el epicentro del Imperio Persa.

En ese momento, el pánico se adueñó de todos. Cuando descendieron en los ascensores hasta la plata baja para ponerse a resguardo el tiempo también pareció prolongarse. Hoy Gisela logró volver a la Argentina y abrazar a sus hijos, a diferencia de un centenar de compatriotas que siguen en la zona de guerra, conectados por un grupo de WhatsApp y esperando algún vuelo de regreso.

Pero el periplo no fue fácil. Cuando finalmente llegaron a planta baja corrieron para sacar sus pertenencias del hotel, mientras los ecos de las explosiones todavía resonaban. Decidieron irse a una vivienda segura, a unos 40 kilómetros alejada de la costa. Allí pasarían una semana, junto a otras parejas que fueron recibidas por los dueños de casa.

Hoy, de algo no tiene dudas: “Los últimos días fueron los más difíciles para nosotros, porque se mezclaba la ansiedad de no saber si íbamos a volver, porque a la mayoría de la gente les suspendían los vuelos, con muchas alarmas en los teléfonos, muchas explosiones seguidas y además no nos podíamos mover libremente porque no andaban los GPS, Google ni Waze, que estaban bloqueados”, recuerda en diálogo con Puntal.

Su vuelo de regreso estaba previsto originalmente para el 8 de marzo a la noche, pero las noticias no eran alentadoras. Muchas líneas aéreas suspendían sus servicios y era un “hora a hora”. Además, el aeropuerto de Dubai era uno de los objetivos de Irán. Sin embargo, tuvo suerte: su vuelo no se canceló.

“Los aviones que despegaban daban vueltas más largas para evitar la zona de conflicto. De todos modos nos dijeron que eran 4 horas que íbamos a estar en riesgo mientras voláramos. Fueron 4 horas de mucha tensión y silencio sobre el avión”, recuerda. Incluso, algunos vuelos eran acompañados durante ese tramo por custodias cazas.

Recuerda que en el avión, que normalmente cuenta con wifi, esta vez no funcionaba, presumiblemente por seguridad. “No podíamos avisar que ya estábamos en vuelo. De todos modos, todos los días me había comunicado con mis hijos, sin decirles nada de lo que estaba pasando, como si siguiéramos normalmente en nuestro viaje. No queríamos que supieran”, recuerda Gisela.

Por eso no duda que aterrizar en Argentina y reencontrarse con sus hijos fue lo más feliz que me pasó en la vida. “Fue lo más feliz, porque aparte fue raro, porque mi viaje duró lo que tenía que durar, pero para mí el tiempo se enlenteció tanto que sentí que estuve tres meses, no diez días”.

Y concluyó: “Fue volver a palpar lo primordial, lo esencial: estoy en casa, es lo único que necesito, no necesito nada más. No hay nada como estar en tu casa, es tu lugar seguro”. O como escribió en su último posteo: “Después de vivir lo impredecible tan de cerca, no hay sensación más poderosa que volver a casa”.