La guerra en Medio Oriente golpea al agro y rompe la ecuación en trigo
El conflicto iniciado a fines de febrero impactó en los costos productivos, como urea y combustible, lo que redujo el margen de utilidad y le dio más peso a la carga impositiva. Esto podría elevar el reclamo por retenciones
Cuando la cosecha gruesa empieza a acelerar su paso y la fina asoma en el horizonte para los productores, la Fundación Fada dio a conocer un dato que generó alta preocupación: la guerra en Medio Oriente ya está golpeando al campo y le generó un desequilibrio en la ecuación económica de los principales cultivos, especialmente en trigo.
En su habitual informe sobre la participación del Estado en la renta agropecuaria, la entidad destacó que hubo un nuevo avance en perjuicio del productor.
Los resultados mostraron un fuerte impacto de la guerra de Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula el 50% de la urea a nivel mundial, un fertilizante clave en la producción agrícola, especialmente para trigo.
“Esta edición está, más que nunca, marcada por la coyuntura nacional e internacional: suba de costos como el combustible que impacta en los fletes, actualizaciones de impuestos provinciales y baja rentabilidad”, explicó Nicolle Pisani Claro, economista jefa de Fada.
El Índice Fada de marzo 2026 marca que el 62,5% de la renta se va en impuestos, 6,1 puntos porcentuales más que diciembre de 2025. Esto significa que, de cada $100 que genera una hectárea agrícola, $62,5 se destinan a impuestos nacionales, provinciales y municipales. Mientras el promedio nacional es de 62,5%, Córdoba registra un 60,2%, Buenos Aires 60,4%, Santa Fe 57%, La Pampa 60,4%, Entre Ríos 67,6% y San Luis 55,7%.
¿Qué hay detrás de la suba?
“El aumento del Índice es una combinación de 2 cosas: la suba de los costos de producción, que hace achicar la renta agrícola, y la actualización de impuestos provinciales y tasas municipales, que hace que haya más pesos a pagar por cada hectárea. Así, cuando la renta se achica, los impuestos representan una porción más grande”, agregó la economista.
Es decir, por un lado, se registró un fuerte aumento de los costos de producción, pero por otro, como pasa habitualmente a comienzos de año, se actualizaron impuestos provinciales y municipales, lo que también suma presión.
“Este combo de costos en alza, ingresos ajustados y actualización de tributos provinciales, genera un efecto claro: aunque los impuestos que nos cobran no cambien estructuralmente, pesan más sobre una renta que es menor”, explicó Antonella Semadeni, economista Fada.
Cultivo por cultivo: el trigo en zona crítica
“El análisis por cultivo muestra realidades muy distintas, pero con un denominador común: la disminución de la rentabilidad”, advirtió Fiorella Savarino, economista Fada.
En soja, el Estado participa con el 61,6% de la renta, mientras que en maíz el indicador alcanza el 56,8%. En girasol, el porcentaje trepa al 80,3%, reflejando una situación más complicada.
Sin embargo, el dato más crítico es el que arroja el trigo, el cual llega al 104,4%. “Esto significa que la carga impositiva es mayor a la renta generada, en otras palabras, que el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir el pago de los impuestos”, señaló Savarino.
Este escenario deja al trigo en una situación particularmente delicada, fuertemente condicionada por el aumento de costos y la dependencia del cultivo a insumos clave. El conflicto en el estrecho de Ormuz, una zona estratégica por donde circula una porción significativa del comercio mundial de energía y fertilizantes, generó tensiones en los mercados internacionales. Por esa vía transita aproximadamente el 20% del petróleo, el 25% del gas y el 50% de la urea a nivel global.
En este contexto, el precio de la urea registró un aumento del 43% respecto a diciembre y del 39% en términos interanuales. Este incremento impacta de manera directa en los costos productivos, especialmente en cultivos como el trigo y el maíz, que tienen una alta dependencia de la fertilización.