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La ideología, las aspiraciones y los deseos de una ciudad agrocomercial

El filósofo Guillermo Ricca, docente de la UNRC, ensaya una respuesta sobre el "ser riocuartense", sobre las características que identifican a la ciudad y su gente. La política, el conservadurismo y el partido único

¿Hay un ser propiamente riocuartense? ¿Una identidad que caracterice a la ciudad y a sus habitantes? Un aniversario es siempre una oportunidad para autoanalizarse, para mirar hacia adentro y sacar conclusiones.

Guillermo Ricca, filósofo, docente de la Universidad Nacional, vive en el corazón de Río Cuarto. Desde el tercer piso en calle Sobremonte se percibe, en plena mañana, la respiración agitada de la ciudad.

La charla avanza, va de lo general a lo particular, de las identidades colectivas a la personalidad propia que fue construyendo Río Cuarto.

- ¿Se puede hablar de una personalidad colectiva, de identidades que engloben a todo un pueblo o una comunidad?

- Sí, de hecho en el ámbito de las ciencias sociales hay muchos estudios en torno de las identidades colectivas, las identidades nacionales. Por ejemplo, Alejandro Grimson, que es antropólogo, uno de los mejores que tiene Argentina, publicó un libro que se llama Pasiones Nacionales, que es un estudio comparado por ejemplo de las identidades argentinas, brasileñas. Por supuesto que para eso hacen falta ese tipo de mediaciones porque es un libro que reúne los resultados de una investigación en la que se hicieron miles de entrevistas en profundidad a distintos sectores de la población, se hicieron encuestas, se confrontaron esos resultados y de esa manera se llega a las conclusiones que están de algún modo expresadas en el libro. La respuesta por la pregunta sobre la identidad no puede darse simplemente desde la teoría. O deconstruyendo la teoría. No es una respuesta filosófica, sino antropológica y requiere un tipo de investigación que es ir al campo práctico, real, y ver cómo los sujetos se perciben a sí mismos en relación con eso, qué dicen acerca de eso. Después está todo el problema de analizar el tema metodológicamente, ver cómo te resguardás metodológicamente para ver si lo que te están diciendo es verdadero. Es un problema en general de todas las ciencias sociales empíricas o que van a buscar construir el conocimiento en el campo social.

- Esas identidades, como le pasa a un individuo, deben tener características permanentes, como un sustrato que permanece en el tiempo, y otras que van oscilando. Una crisis económica o sanitaria, por ejemplo, seguramente reconfigurarán esa identidad.

- La cuestión en torno a las identidades se fue modificando con el correr del tiempo. Hoy en día hay un consenso muy amplio en el ámbito de la filosofía, la antropología, la sociología, de las ciencias sociales en general respecto de que no hay identidades esenciales. Las identidades no están dadas como una esencia a la cual simplemente hay que adscribirse. Ese modo de pensar, que fundamentó todos los tradicionalismos, las formas del conservadurismo... Esto de decir nosotros somos así...

- Como si fuera algo hecho y terminado.

- Claro. Si sos diferente entonces no sos argentino. Esa idea esencialista en torno a las identidades es una idea directamente abandonada. Se supone, creemos que las identidades se construyen. Y que esas construcciones son complejas, construcciones que se dan con la intervención siempre de un otro. En ese sentido, como dice el psicoanálisis, siempre yo es otro. Cuando uno se nombra a sí mismo nombra un montón de cosas dentro de ese sí mismo. Está nombrando referentes, padres, familiares, vecinos, instituciones, docentes que a uno lo marcaron. Distintas tradiciones culturales que te han ido poniendo una marca y que te hacen ser lo que sos.

- Uno siempre es en relación con el otro.

- Tal cual. Las identidades en ese sentido son relacionales y son diversas y por eso son complejas. Nadie está hecho de una sola pieza, ni individual ni colectivamente. Lo que está claro cuando uno mira la sociedad es el diferimiento en la sociedad. Cada vez hay más diferencias. Un ejemplo bien claro de eso son todas las disputas de las últimas décadas en torno de las identidades sexuales, las cuestiones de género, los distintos tipos de feminismo, en fin, el colectivo que identifica por ejemplo a todas esas luchas es un colectivo que cada vez tiene más letras para dar cuenta de la sigla porque lo que sabemos es que hay sobre todo diferencias. Hay diferimiento y lo que se repite en las sociedades contemporáneas es la aparición de diferencias.

Las identidades no están dadas como una esencia sino que son relacionales Las identidades no están dadas como una esencia sino que son relacionales

- Ese fenómeno tiene también impacto en lo político, ¿no? Porque hay cada vez más identificaciones relacionadas con esos grupos de pertenencia de los que hablás y no tanto con partidos políticos tradicionales.

- Lo que pasa es que en las identidades políticas se agrega otra complejidad. En primer lugar, las identidades políticas se constituyen también a partir de demandas sociales. O sea, un partido político por más tradición o por más centenario que sea, si no es capaz de incorporar las interpelaciones que surgen de las demandas sociales de los distintos grupos que reivindican derechos, poco a poco va perdiendo adhesión, se va vaciando e, incluso, va perdiendo no solamente capacidad de contener a sus propios adherentes sino que también va perdiendo su propia identidad porque, a lo mejor, se queda anclado en reivindicaciones que la sociedad ya no tiene.

- Queda desfasado en el tiempo.

- Claro. Entonces, las identidades políticas tienen que ver con la capacidad que tenga un discurso político, un partido o un movimiento político para incorporarse esas nuevas demandas,que son demandas por nuevos derechos. Una política democrática es una política que siempre cabalga sobre la aparición de nuevas demandas de nuevos derechos.

- En ese contexto, ¿se puede ensayar alguna respuesta respecto de la identidad riocuartense? ¿Río Cuarto tiene algunas características predominantes, propias?

- Claro que sí, de hecho hay estudios. En el caso de Río Cuarto hay muy buenos estudios en el campo histórico, no tantos que yo conozca en el campo antropológicos. Hay muchos estudios diacrónicos, sobre el pasado de la ciudad y de la región y sobre su pasado social, económico, cultural. Sobre el campo intelectual hay un libro reciente editado por Eduardo Escudero, que es un investigador y docente, Griselda Pécora, Omar Isaguirre. Es un libro muy interesante que se llama “No tan pequeños universos” y está disponible en la página de UniRío. Es un muy buen libro porque da cuenta de que si uno mira hacia atrás ve cómo se han ido acumulando con cierta densidad universos culturales, campos intelectuales, historias de gente que por ahí no es tan conocida pero que en su momento tuvo un papel relevante en la sociedad de su tiempo. Lo que nos es más difícil de ver es eso en el presente. Primero, porque no hay tantos estudios al respecto. Lo que sí uno puede hacer es hablar como observador, en este caso como observador participante de la sociedad. Y ahí se puede decir que pareciera que Río Cuarto tiene ciertas características típicas de una ciudad agrocomercial. Las sociedades agrarias y comerciales tienen diferencias de las sociedades industriales, que son sociedades que tienen una clase obrera que le da otro color y otra identidad. Una ciudad con industrias y clase obrera industrial es una ciudad diferente a una ciudad que es agrocomercial. Uno podría decir que una ciudad agrocomercial es más conservadora, menos moderna.

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“La economía influye en la ciudad  pero también lo aspiracional”, señaló el docente universitario.

“La economía influye en la ciudad pero también lo aspiracional”, señaló el docente universitario.

- Porque la otra por ahí “empodera” en cierto sentido al obrero, ¿no?

- Claro. Entonces qué pasa: no es que Río Cuarto no sea una ciudad pujante. Eso es cierto. Pero también es cierto que es una ciudad tremendamente desigual. Los índices de pobreza de Río Cuarto, los índices de pobreza que arrojaron los cuatro años de macrismo en Río Cuarto están entre los más altos del país. La brecha entre ricos y pobres en el Río Cuarto de los últimos cuatro años está entre las más grandes de la Argentina. Sabemos que esos datos están. Pero no tenés expresiones simbólicas que den cuenta de eso o que den cuenta de ese “potencial conflicto social”. En una ciudad que tuviera una clase obrera industrial, con sindicatos fuertes, eso se patentiza más, se muestra más claramente. Con mis amigos comento algo que resulta un poco hasta gracioso, en el buen sentido, como una especie de ironía que tiene la política de esta ciudad. Uno podría decir que en esta ciudad hay un solo partido político. Si te preguntara cómo se llama ese partido político qué me dirías.

- No sé, ¿el campo?

- No. Urú Curé es el partido político de Río Cuarto (risas). Porque todos los intendentes de la democracia han salido de Urú Curé. Es interesante preguntarse por qué distritos más grandes como Banda Norte o Alberdi no han podido poner un intendente en la ciudad. Porque eso habla de las afinidades electivas de la población de Río Cuarto podríamos decir. Es como si hubiese una aspiración general, mayoritaria en esta ciudad, que es la de pertenecer a una expresión que sin duda es legítima pero es minoritaria. Es una élite. Es como si uno dijera: acá hay una aspiración de la mayoría de la gente, que si pudiera sería de Urú Curé porque se identifica con los candidatos a intendente que salen de ahí. O sea, el verdadero partido político que gobierna Río Cuarto es Urú Curé, dicho un poco en broma. Pero vale la pena pensarlo porque otros clubes, con una presencia muy fuerte en barrios más grandes, no logran poner un intendente. Ni siquiera ellos mismos se plantean eso. Qué pasa con las identificaciones ahí, también es una pregunta interesante.

- ¿Eso hace pensar que aunque cambie el signo político del intendente, hay líneas comunes entre ellos? Por ahí esa puede ser la explicacion de que haya líneas de continuidad y que no haya habido intendentes muy disruptivos.

- Se podría discutir eso hilando fino. Las diferencias uno las encontraría hilando fino. Creo que hay diferencias en las formas de gestionar algunas cosas como el Edecom o en la forma de trabajar, por ejemplo, el presupuesto participativo. Ahí creo que hay diferencias interesantes. En la manera de articular también un discurso políticos con demandas y, en ese sentido, siempre el peronismo pareciera tener como más cintura. Pero es una cuestión de culturas políticas. El concepto de cultura política es de Gramsci; son formas sedimentadas de percibir y pensar el accionar, el modo de hacer política. Por el tipo de giro que pegó la UCR hacia posiciones más de derecha, hacia posiciones más conservadoras, considero que son lecturas que tienen que ver con una mirada sobre lo que ha pasado con las sociedades. Porque las sociedades mismas giraron hacia la derecha. De hecho, en una columna que hago en radio hablaba de algo que dice Boaventura de Sousa Santos, el sociólogo portugués, que plantea que a diferencia de los fascismos estatales o estatalistas del siglo XX, hoy estamos viendo fascismos societarios. El fascismo está en la sociedad porque la sociedad se corrió hacia la derecha.

- Entonces lo que están haciendo los partidos o las fuerzas políticas es adaptarse a ese corrimiento de la sociedad.

- Claro. Entonces indudablemente en política ganás sacando votos y si la sociedad se corre hacia ese lado, los partidos políticos interpelan esos universos. Ahora bien, hay otro modo de pensar la política, que es el modo que quizás tuvo Kirchner, que es correr el horizonte de lo posible. O sea, esto de tener un poco de audacia también, no sólo cálculo.

- Que la política sea construcción no sólo adaptación.

- Así es, interpelar a la sociedad y correrla de los límites que la misma sociedad considera como posibles. En ese sentido, un caso paradigmático es la ley de matrimonio igualitario.

- Sería como darle a la sociedad algo que todavía no sabe que quiere.

- El propio Gramsci tenía un concepto sobre eso: les llamaba procesos de revolución pasiva. Es decir, no hay un sujeto histórico que esté demandando eso pero el Estado suple esa ausencia de sujeto histórico y lo hace y provoca un cambio social. Y en ese sentido, creo que es un modo interesante. Necesitamos más política de ese tipo. Por ejemplo, me parece que lo está haciendo el ministro Martín Guzmán ahora. Todo este corrimiento y esta idea de eliminar la brecha entre el dólar oficial y el no oficial e ir desdolarizando la economía es interesante. Es lo contrario a lo que dicen los promotores del neoliberalismo de Argentina, que además han fracasado todos y no podrían ni aparecer en Utilísima. Los escuchás hablar y todos vaticinan que eso va a fracasar, que no va a funcionar. Sin embargo, te das cuenta de que hay una mirada no sólo técnica sino también política de Guzmán, de juntarse con los empresarios y decirles acá viene esto. Necesitamos más de eso. Y cuando pedís mayor audacia en política estás pidiendo mayor decisión soberana, decisiones que de alguna manera organicen el campo para que la vida en común sea posible y sea menos conflictiva, menos traumática.

Las sociedades mismas giraron hacia la derecha. En política ganás sacando votos y si la sociedad se corre hacia ese lado, los partidos interpelan esos universos Las sociedades mismas giraron hacia la derecha. En política ganás sacando votos y si la sociedad se corre hacia ese lado, los partidos interpelan esos universos

- ¿Río Cuarto es una sociedad en gran parte determinada por lo económico o, en ese aspecto, no hay en la actualidad ninguna sociedad que no tenga esa característica?

- No hay ninguna sociedad que no sea así hoy. No sé si la palabra es determinación. Althusser, por ejemplo, hablaba de la determinación en última instancia por lo económico. Pero también decía que la campana de la última instancia no suena nunca. Hablábamos recién de un tipo de determinación cultural: lo de Urú Curé es aspiracional más que económico. O en todo caso es una economía de los deseos, libidinal si querés, más que real. Porque la gente que se identifica con eso no tiene el mismo poderío económico que la élite que vive en Soles del Oeste. Entonces, ahí hay que tener cuidado cuando se dice que hay una determinación por lo económico porque también funciona fantasmáticamente, funciona aspiracionalmente, ideológicamente. En ese sentido, Althusser daba una definición de ideología muy interesante: decía, la ideología es una instancia estructural, es eterna, no va a haber sociedades sin ideología. Ni siquiera si el mundo se vuelve todo socialista. Va a seguir habiendo ideología porque es la relación imaginaria que los seres humanos entablamos con nuestras condiciones reales de existencia. Entonces, si ando en un Duna desvencijado pero le pego un cartel defendiendo a Vicentin, ya no es solamente un Duna desvencijado sino que me creo parte, fantasmáticamente, de una burguesía a la que por supuesto no pertenezco. Pero funciona. Realmente funciona. Lo económico forma parte, indudablemente, pero las aspiraciones de una mayoría de la sociedad están fuertemente atravesadas por interpelaciones ideológicas y no por las condiciones materiales en sí mismas. La ideología no está tanto en el modo en que pensamos o en nuestra conciencia; está en lo que hacemos. Está en nuestras prácticas. Lo que reproduce la sociedad no es lo que pienso. Todos pensamos más o menos correctamente. Todos sienten pertenecer a cierto progresismo pero la clave está en el tipo de prácticas sociales, en lo que hacemos para reproducir el estado de cosas y para que eso no se modifique.