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Otro nombre para una campaña sucia

Hacemos por Córdoba se relanzará la semana próxima con nueva denominación. Hay incertidumbre en la Provincia por los efectos de la crisis nacional en los oficialismos. El panorama en Río Cuarto

Ilustración comentario político.

 

En apenas 11 días, tres bebés prematuros de menos de 800 gramos de peso murieron en el Hospital de Río Cuarto. Ese hecho motivó que el Ministerio de Salud fuera inmediatamente a la Justicia y pidiera una investigación. No porque hubiera indicios sino porque había precedentes: rápidamente se activó el recuerdo del Neonatal de Córdoba, donde las muertes sospechosas de cinco bebés derivaron en el inicio de una causa judicial y en el reproche por una larga cadena de negligencias funcionales.

El capítulo del Neonatal implicó un enorme costo político para un gobierno provincial que no puede darse el lujo ahora de cometer el mismo error. Ante las muertes, la ministra de Salud, Gabriela Barbás, estuvo en Río Cuarto para conocer de primera mano qué había pasado. Y fue el propio gobierno el que difundió la noticia sin demora.

En sus primeras declaraciones públicas, Barbás intentó llevarle tranquilidad a la gente:dijo que no fueron muertes sospechosas sino derivaciones posibles de cuadros delicados. Pero además remarcó que en Río Cuarto los servicios funcionan normalmente. Es decir, la ministra buscó erradicar no sólo la sospecha de intencionalidad sino también la de negligencia o inoperatividad en un contexto en el que el Hospital viene funcionando parcialmente por un conflicto salarial que ya lleva un semestre. El oficialismo está a menos de tres meses de la elección y entró por lo tanto en una zona riesgosa: no puede dejar que se reiteren, ni siquiera como posibilidad, crisis como la del Neonatal.

En el gobierno provincial tienen asumido que están ante una elección compleja. No sólo por los factores endógenos -por ejemplo el desgaste natural de una fuerza política que gobierna hace 24 años y la sucesión de inconvenientes que se encadenaron en el último año- sino sobre todo por los exógenos. A eso le teme particularmente el schiarettismo: a los efectos que podría generar la dinámica de la crisis económica ya no en el oficialismo nacional sino en los oficialismos en general.

En la última semana hubo diagnósticos alarmantes de dos de las principales figuras del gobierno provincial:Juan Schiaretti y el ministro de Finanzas, Osvaldo Giordano, coincidieron en que sostener los niveles actuales de inflación, en orden del 7%, sería un escenario optimista para los próximos meses. Otro funcionario, en off the record, completó: “La gente no tiene dimensión de lo que va a ser el segundo semestre”.

Los 20 mil millones de dólares que se perdieron de la cosecha por la sequía no serán una abstracción. Es dinero que no circulará. En ese segundo semestre aparecerían, como un combo letal, los efectos de la recesión combinados con una elevada inflación. Además de las razones políticas que motivaron la decisión, el panorama económico que el schiarettismo se prefigura para la segunda mitad del año fue otro elemento que influyó en la decisión de que Córdoba vote el 25 de junio.

La incertidumbre del gobierno provincial es económica, social y política. Por un lado, el interrogante es hasta dónde llegará la crisis y si podrán evitarse fogonazos inflacionarios que exacerben un clima social que ya hoy aparece especialmente sensibilizado. La golpiza en vivo que sufrió Sergio Berni, ministro de Seguridad bonarense, de colectiveros enardecidos porque habían matado a uno de los suyos puede no ser un episodio aislado sino sólo el exponente de un hartazgo con la dirigencia política en general.

¿Qué puede pasar si todo empeora?O, incluso, si no empeora pero permanece. A veces sólo la persistencia de una dificultad dispara mecanismos de reacción, que se pueden expresar con una trompada a Berni o con un voto.

Al schiarettismo le incomoda la posibilidad de ese voto. Sobre todo porque enfrente tiene a un adversario, Luis Juez, que en esos escenarios se fortalece. “Esperamos una campaña absolutamente sucia porque Juez va a tratar de direccionar la bronca de la gente hacia nosotros”, indicó un miembro del gobierno provincial.

La estrategia del oficialismo para tratar de contrarrestar la lógica de construcción opositora pasa por varios aspectos. El primero es cambiar de ropa. Hacemos por Córdoba tendrá otroDNI. Desde el martes, cuando se presente en sociedad, se llamará Hacemos Juntos por Córdoba.

Ese día, en el Hotel Quorum, el gobernador Schiaretti y el candidato Martín Llaryora reunirán a todos los intendentes oficialistas que pegaron sus elecciones a las provinciales y allí hará su debut el nuevo sello. No es casual que sea en ese ámbito:el oficialismo quiere transmitir la idea de que el resultado de la próxima elección se construirá desde los pueblos, desde el interior hacia el centro. La geografía de la política. Será además, una puesta en escena para significar que los tiempos de virulencia interna, en los que los intendentes amagaron con rebelarse porque Schiaretti no les habilitó la re-reelección, quedaron atrás. De los 220 jefes comunales que bramaban en los grupos de WhatsApp y juraban venganza, 193 terminaron convocando a las urnas para el 25 de junio.

Pero también el cambio de nombre contiene una carga simbólica y electoral. Después de 24 años ininterrumpidos en el poder, el oficialismo busca expresar que Llaryora ostenta una doble condición:la continuidad con cambio. Por eso, no fue improvisado que el candidato a gobernador haya reclamado una mejor oferta para los docentes y que haya endurecido la postura del oficialismo en materia de seguridad al decir que, si hiciera falta, pediría al Ejército para sacarlo a la calle.

Para el oficialismo, el acto en el Quorum será la escenificación de una especie de refundación de un peronismo que, primero, en 1999 logró entender que si seguía yendo solo perdería eternamente y que, después, fue mutando lo justo y necesario para mantenerse en la sintonía que le permitió construir un proyecto de poder y una prolongada hegemonía.

Pero mientras ejecuta su estrategia para retener la gobernación, el oficialismo no termina de resolver sus discordancias en algunos distritos fundamentales. Por ejemplo, en Río Cuarto. Desde el Panal señalan que el hecho de que Llaryora mencionara que Juan Manuel Llamosas tiene mandato hasta 2024 es una señal:lo quieren gobernando hasta último momento. En el llamosismo entendieron lo contrario: que el candidato le dejó la puerta abierta al intendente para ser su vice.

Al frente, el radicalismo ya inició la campaña para una interna que todavía no entró en ningún radar. El 17 de septiembre elegirá su candidato a intendente. Pero no sólo la fecha aparece desenfocada, ahí entre las Paso y las generales. Además los lanzamientos que se hicieron hasta ahora aportaron un plus de confusión. Porque si una misión tiene por delante la política es centrarse en lo que puede hacer y hacerlo con eficiencia.

Primero, Gabriel Abrile, que fue candidato hace 3 años, convoca a la gente, con un spot magenta lanzado en las redes, a pensar “la ciudad que queremos”. Y, entonces, lo primero que viene a la mente es una pregunta:¿todavía no terminó de pensar la ciudad?¿No la había pensado en 2020 cuando enfrentó a Llamosas? ¿No debería tener, más allá de los ajustes que requiere todo diagnóstico, ya propuestas definidas quien fue candidato hace sólo tres años?

Por otra parte, Gonzalo Luján, que comparte con Abrile un pasado común en el gabinete de Juan Jure, lanzó un spot anclado en la inseguridad. Pero se excede: no sólo relaciona el concepto con los robos sino que llega a decir que también la inflación genera una sensación de inseguridad. De eso ni hablar. La duda es qué podría hacer un candidato a intendente contra la inflación. Si ya son escasas las herramientas que tiene contra la inseguridad, contra la inflación son nulas. El fenómeno, no sólo multicausal como reza el kirchnerismo sino además macroeconómico y complejo, trasciende enormemente las posibilidades de cualquier dirigente, por más capaz que sea, que se siente a gobernar en el Palacio de Mójica.