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Hairabedian: "Padecemos los efectos de una enfermedad contagiosa: la arbitrariedad judicial"

El histriónico abogado cordobés que encabezó la defensa de Sergio Medina apeló a sus recursos retóricos para intentar que el máximo tribunal cordobés tuerza la condena del acusado.

Tildó a la Justicia riocuartense como “La capital del indicio” y dijo que esos elementos de sospecha, en lugar de ir todos en una misma dirección, aceptaban otras interpretaciones posibles. “Parafraseando a Jorge Luis Borges, hace pensar en ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’. Claro que, tratándose de la Justicia de Río Cuarto, es un jardín lleno de malezas”, sostuvo Carlos Hairabedian en un tramo del recurso de casación al que accedió Puntal.

Les refirió a los jueces del TSJ un hecho llamativo. Dijo que, pese a que el crimen de Claudia Muñoz fue un hecho violento, ni antes, ni durante ni después del juicio, ninguna organización femenina repudió a Medina o sospechó de su presunta autoría. “Eso es prueba inequívoca de que jamás pensaron en el acusado como el responsable del crimen”.

“Su total ausencia del escenario público y comunicacional reveló que la atribución del hecho a Medina no las engañaba y tomaron una sabia distancia. Desde el vamos, supieron que allí no se juzgaba a un femicida”, interpretó el defensor.

A eso agregó que las entidades de derechos humanos repudiaron la condena y exigieron en múltiples pronunciamientos la inmediata nulidad del fallo y la libertad de Medina.

“Estamos padeciendo los efectos devastadores de una enfermedad contagiosa, convertida en epidemia descontrolada para la cual no se avizoran antídotos ni vacunas. No, no es el coronavirus. MATA IGUAL. Es la ARBITRARIEDAD JUDICIAL, provocada por la conjunción letal de ciudadanos comunes y jueces técnicos”, afirmó en el recurso.

Hairabedian describió como un acto de soberbia y de omnipotencia no admitir las dudas que dejó el proceso oral y público.

“La verdad, materia combustible por excelencia, luce inalcanzable desde hace siglos entre las mayores eminencias del pensamiento. No lo admitirían, con su carga de soberbia, los que con superficialidad y ligereza proclaman a diario haberla conquistado. Su vanidad les impide reconocer la vigencia de la duda. Denominan pomposamente certeza al resultado de las operaciones derivadas de la omnipotencia que los distingue”, recalcó.