"Es un sueño cumplido para nosotros llevar el handbol a un Juego Olímpico"
Para el handbol argentino estar en un Juego Olímpico ya no es un hecho aislado, sino que se va convirtiendo en una costumbre que años atrás era sólo una utopía.
Desde Londres 2012 Los Gladiadores saben de qué se trata y competir en un evento así no hace más que ubicar al handbol argentino en un lugar de privilegio.
Una distancia que históricamente fue abismal con las potencias que ahora algo se ha recortado. Bien es cierto que el Grupo A es durísimo, que las chances de clasificar son muy pocas, pero que los argumentos están. Desde Tokio, Gonzalo Carou dialogó con El Deportivo y así cuenta lo que siente en la previa de su tercer Juego Olímpico.
“Felicidad, es otra vez un sueño cumplido para nosotros llevar el handbol a un Juego Olímpico de nuevo, todo el sacrificio y día a día que no se ve. Que nos matamos para llegar, clasificar y mantenernos bien para estar en la lista. Por suerte ya falta poquito, lo seguimos esperando con mucha ilusión y muchas ganas a este torneo y ojalá nos salga redondo”, expresa.
-En un contexto normal serían Juegos a estadio lleno; ahora, todo lo contrario: ¿cómo lo toman al hecho de jugar sin público?
-Lamentablemente, los que estamos afuera del país nos acostumbramos a eso, es triste, ver ese marco vacío, en estadios que son impresionantes como están armados. Nos pasó en el Mundial de Egipto, que veías un estadio impresionante acondicionado para un evento multitudinario y al final da un poco de pena, pero es la situación que nos toca vivir. Ya nos acostumbramos a jugar con poca gente, pero obviamente que se necesita ese aplauso o grito. Le da un marco hermoso al deporte pero lamentablemente no es así, hay que aceptarlo y que no nos afecte como en su principio, pensábamos que podían parecer amistosos y no partidos oficiales.
-Contanos, ¿cómo son los protocolos y el seguimiento tan exigente que tienen?
-A nosotros el tema protocolar nos parece muy bien. Obviamente con lo diferente que es el idioma y la información que no nos llegaba muy clara se hacía difícil. Pero una vez que lo entandés es muy simple. Para venir acá tenés que bajarte dos aplicaciones y te piden cosas y datos, como si estuviste en contacto con gente que tuvo síntomas o la enfermedad. Acá todos los días cuando nos levantamos nos hacen un PCR, por saliva, a escupir en un tarrito y llevarlo al comedor que lo llevan a analizar y en la aplicación misma con el localizador puesto tenés que poner la temperatura y cómo te sentís; es una tontería de treinta segundos, está bastante bueno, con el teléfono encima es suficiente.
-Se da ese fenómeno en la Argentina de que la mayoría de los jugadores de la selección nacen en el handbol metropolitano casi exclusivamente. ¿Falta que se federalice más el deporte?
-Sería el paso siguiente que merece y necesita el handbol argentino para terminar de despegar. Nosotros con la selección le dimos un marco y una visualización que antes no tenía con los logros que fuimos consiguiendo, pero está claro que al final en la Femeball salga una gran cantidad de jugadores por la cantidad de gente que vive y juega. Pero, si realmente queremos que esto despegue, hay que hacer que esto sea algo federal, que se juegue como la Liga Nacional de básquet o de vóley, pero para eso falta inversión, que alguien se anime a armarlo y aportar por esto. Se ve claro cómo subió la cantidad de jugadores federados o cada vez que jugamos llenamos la cancha, los partidos cuando jugamos los ve mucha gente, pero si a todo esto no lo llevamos a algo grande puede quedar en el olvido y ojalá que no pase.
-Les ha tocado un grupo durísimo, ¿cómo lo observás?
-Todos cuando salía el sorteo queríamos unos rivales y no nos tocó ninguno de los que estábamos queriendo. Nos tocó un grupo muy complicado, veníamos a los Juegos sabiendo que iba a ser muy difícil pasar de ronda; después, del sorteo más todavía. Lo único que podíamos hacer era prepararnos de la mejor manera posible, sabiendo que si el día del partido no nos salen las cosas diez puntos no vamos a tener opciones. En mi caso, como el de todos, entrenamos más duro todavía sabiendo que si no estamos a un nivel altísimo no íbamos a tener chances. Entonces no queda otra que entrenar, apretar los dientes y darle para adelante.
-¿Qué los hace a los escandinavos tan dominantes en el juego?
-Ahí es posiblemente, después del fútbol, el deporte que le sigue, como en la Argentina es el básquet, por ejemplo. De todos modos, pasa en todos los europeos; fijate España, Francia o Alemania, desde toda la vida son potencia. Lo que sí está claro es que el handbol subió unos peldaños enormes; antes había equipos como Portugal que no entraban a un mundial y hoy en día son equipos que si les sale un buen torneo pueden aspirar a medallas, igual que Qatar, en otro continente. Todo eso hace que crezcamos todos; en este momento los escandinavos son los que mejores están jugando, sobre todo los partidos difíciles y los cierres de los mismos. Está claro que cuando el deporte llama tanto a la gente tenés más opciones de ser un equipo dominante, como en este caso Dinamarca, Suecia, Noruega, más con una liga tan importante como la que tienen.
-Finalmente, después de casi una década Daddy Gallardo dejó el cargo y ahora los dirige un hombre muy importante como Cadenas, ¿costó mucho ese cambio?
-No costó tanto porque Daddy venía diciendo que después de Río 2016 iba a seguir un tiempo más con el Mundial que se aproximaba del 2017 y teníamos en la cabeza que se iba a ir. Después, que aparezca una figura como Manolo Cadenas daba un empujón de ánimo, sabías que venía una persona con una trayectoria enorme, un tipo muy respetado a nivel mundial como entrenador. El equipo tenía ganas de que viniera un referente del handbol mundial y eso hizo que la adaptación fuera más fácil; él había tenido experiencias con la selección española, que también fue muy bueno, además de conocer a los argentinos, de nuestro carácter, forma de ser, había visto muchos partidos nuestros. El trato con nosotros del principio fue muy bueno y no íbamos a tener ese problema de adaptación.