Liliana Herrero, en un viaje “Imposible” de la memoria al presente

La destacada cantante entrerriana presenta su último disco, esta noche en el Viejo Mercado en el marco de una peña de la que participan Achireros, el trío Ponso-Tosco-Rodríguez y el dúo Lucero-Llorente.
 
Esta noche desde las 21hs. en el C. C. Viejo Mercado la destacada cantora popular argentina Liliana Herrero, acompañada por Pedro Rossi (voz y guitarra), Ariel Naón (contrabajo) y Martín Pantyrer (clarinete bajo), protagoniza una peña junto a los músicos invitados de la ciudad y la región: Achireros, Trío Ponso-Tosco-Rodríguez y Juan Marcelo Lucero junto a Santiago Llorente. Entrada gral. $200.

La voz de Liliana Herrero asume un nuevo rol en “Imposible”, su duodécimo disco solista y el trabajo más decididamente folclórico de casi 30 años de registros para, según propuso, “poner en el horizonte sonoro de estos tiempos una memoria musical, poética y por qué no política”.

Nocturno pero no oscuro

Sobre esa tensión entre sonidos e ideas, Herrero arriesgó en charla con Télam que el repertorio “es calmo, es nocturno pero no es oscuro. Es como si anunciase que estamos en la noche y vamos hacia el día”.

Para la artista, ese viaje riesgoso funciona como mandato y por ello expresó que “prefiero hablar de lo imposible en el arte y en la política también como deseo de algo, es de algún modo el vamos por más aunque no lo logremos. La palabra imposible tiene ese equívoco y a mí me gusta que lo tenga”.

“'Imposible' -insistió en busca de los términos precisos- señala un tiempo nocturno, en un momento abismal donde a mí me parece que igual centellea una esperanza aún cuando eso no se pueda realizar”.

“En el disco profundicé esa búsqueda de la memoria porque estos son tiempos deshistorizados, tiempos en donde la inscripción en una tradición, en una memoria cultural y política se quiere liquidar, clausurar, cerrar”, apuntó.

“Pienso que no hay modo de hacer arte o política así, porque la historia de los pueblos es de una enorme densidad, con infinitos pliegues, infinitas contradicciones, luchas, combates, fiestas y esto de ubicarnos en un lugar que no tiene historia, continente, ni suelo, a mí me parece sorprendente y peligroso y no me gusta y no lo quiero para mí ni para mi patria ni para mis nietos”, fundamentó.

El disco

Dispuesta a reinventarse, a cambiar siendo la misma, a buscar refugio en las cornisas, Liliana Herrero vuelve a bateas con “Imposible”, el álbum más folclórico de sus casi tres décadas de actividad discográfica en el que junto a sus cuatro músicos visita una rica herencia para dejarla presta a nuevos diálogos y que mañana tendrá su estreno en vivo en La Plata.

El viaje de Herrero y su cuarteto (más el aporte del músico y periodista Santiago Giordano) a una escogida memoria folclórica, no está libre de riesgos pero prescinde de esas desmesuras sonoras de músicas y voces que la artista ha sabido cultivar como región pletórica de hallazgos para sí y para la canción popular.

Contenida pero nunca limitada, la intérprete encabeza el repertorio desde una voz que es casi un susurro, pero ese tono algo más apagado que el que habitualmente atraviesa sus registros, subraya un decir necesario para acompañar el rescate de la memoria que propone “Imposible”.

Desde lo musical, Pedro Rossi (guitarra y arreglos), Ariel Naón (contrabajo y arreglos), Martín Pantyrer (clarinete bajo) y Mario Gusso (percusión y arreglos) se integran a esa travesía capaces de abrazar la sabia síntesis de entender que menos es más y las sutiles intervenciones se encargan de resaltar lo diferente que anida en lo conocido.

Una decena de piezas que visitan buena parte de la geografía musical argentina y que en todos los casos fueron creadas por músicos y autores fallecidos, interpelan a los ecos de la memoria de un lugar y, al mismo tiempo, convidan a asumir las tensiones que genera volver a echar luz sobre lo existente.

El cancionero registrado en vivo en los míticos estudios ION, abre con la zamba “Carita morena” (de Juárez-Quiroga) y enseguida llega la vidala que da nombre al trabajo y que pone en superficie la inquietante creación del teniente Juan Carlos Franco Páez, quien tras ser defensor de oficio del anarquista Severino Di Giovanni, murió envenenado en una cena de camaradería.

El aporte siempre vigente de Atahualpa Yupanqui, reconoce aquí dos clásicos capaces -como toda obra de peso- de ser resignificados: “Luna tucumana” y “Chacarera de las piedras”.

Mientras que el pianista Gustavo “Cuchi” Leguizamón, también participa por duplicado con “La chaya de la albahaca” (con texto de Armando Tejada Gómez) y “Lavanderas del Río Chico”, íntegramente de su autoría, que en la versión registrada contó con arreglos y dirección de Lilián Saba, la única invitada del disco.

La imponente dupla Eduardo Falú-Manuel J. Castilla participa con su zamba “La catamarqueña” y otra pareja -en este caso entrerriana como Herrero y formada por el poeta Juan L. Ortiz y el guitarrista Walter Heinze-, regala “Villaguay vidalita de la vuelta”.

El remate del material remarca la nocturna y conceptual atmósfera del relato con “Tiempo del río largo” (del ribereño Chacho Muller) y “La noche”, firmada por Buenaventura Luna.

La edición añade otro disco, titulado “Tres tangos errantes”, con tres gemas gardelianas registradas en 2003 junto al piano indómito de Gerardo Gandini, donde la impronta de los postangos del maestro se pone de manifiesto en “Volvió una noche”, “Soledad” y “Por una cabeza”, encuentran otro cauce en el decir de Herrero.