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Padre e hija comparten el aula, y el alumno que cumple su sueño a los 77 años

En la extensión áulica del Cenma "Antonio Sobral", cada alumno tiene sus propias metas y desafíos. Está Miguel Rodríguez, que junto con su hija María Celina comparten la clase en primer año. Y Alberto Postaccini, que prepara su egreso con la "promo 2022"

Alberto Postaccini tiene 77 años y este año egresará del secundario en Laboulaye. El hombre que cursa sus estudios en la extensión áulica del Cenma “Antonio Sobral", del barrio Pueyrredón, dice que está por lograr cumplir el sueño de su vida. En otra aula, en la de primer año, Miguel Rodríguez comparte la clase con su hija María Celina.

Historias que comienzan a surgir en las aulas en los primeros tres días del ciclo lectivo y que animan e inspiran a otros a cumplir sus sueños.

Poco antes de las 20 horas comienzan a llegar a las instalaciones del anexo “Antonio Sobral” los estudiantes. Están los más jóvenes de 19 años o poco más , y los alumnos de más de 40, y hasta el caso de Postaccini que terminó en 1957 el primario y hace dos se decidió a retomar sus estudios.

La comunidad educativa del Sobral es muy diversa, y tal lo dice Antonella Andrés, la coordinadora de la extensión áulica, el Cenma es la única institución de la modalidad de jóvenes y adultos. Destaca la docente, el compromiso que cada alumno tiene para con los estudios. “Hay un clima de compañerismo que supera todo. Las edades no hacen la diferencia”, asume.

Miguel Rodríguez es encargado de mantenimiento en el anexo Cenma. Y tras cumplir la tarea diaria se incorpora al aula a tomar clases junto con su hija. Miguel Rodríguez es encargado de mantenimiento en el anexo Cenma. Y tras cumplir la tarea diaria se incorpora al aula a tomar clases junto con su hija.

De portero a alumno

En diálogo con Puntal, los protagonistas cuentan sus historias.

Mientras culmina con su jornada como albañil, Miguel (42 años) apura el paso rumbo a su casa. Luego de comer, bañarse y descansar tiene que prepararse para salir rumbo al colegio y encargarse de dejar limpias y ordenadas las aulas y pasillos para el inicio de la clase diaria del Cenma. Pero, además, este año es parte de la comunidad educativa como alumno.

Miguel Rodríguez comenzó a trabajar el año pasado como auxiliar limpiando las aulas del colegio. Y mientras desarrollaba su tarea escuchaba desde afuera las clases. “A mí me generaba curiosidad todo lo que sentía se hablaba y pensé ‘por qué yo no’. Entonces hablé con las docentes y les pregunté si trabajando yo podía estudiar, y me dijeron que sí. Este año me anoté, y ocurrió que también mi hija, María Celina, se entusiasmó. Ahora vamos los dos juntos a primer año”, dice con orgullo.

“Yo había hecho la secundaria hasta tercer año y después tuve que abandonar. Con esto que volví a la escuela para hacer mantenimiento me volví a entusiasmar”, asegura Miguel.

Y así hoy compatibiliza su labor como encargado de mantenimiento recibiendo a sus compañeros en la puerta del colegio, haciendo cumplir el protocolo de sanitización y luego se suma al aula para participar de la clase. “Soy el primero en llegar porque tengo que dejar todo listo, y el último en entrar al aula. También de irme del colegio. Porque una vez que se termina tipo 23.30 recién y se cierra el colegio me voy”.

El hombre de 42 años confía en poder terminar el secundario y más lo entusiasma tener a su hija de compañera de aula. “Nos acompañamos. Aunque recién estamos en los primeros días, seguro vamos a estudiar juntos. Y mi esposa (Lorena) está con ganas también de volver a estudiar”, resalta el hombre.

Los fines de semana, también Miguel es árbitro en la Liga Regional de Canals.

Alberto prepara su egreso

Alberto “Beto” Postaccini integra la”Promo 2022” de la extensión áulica del Cenma. Ostenta con orgullo ser el abanderado de la insignia de la Provincia por tener el cuarto mejor promedio. Este año egresa, y coincidentemente su nieto Facundo Carreras, también finaliza el secundario pero en Ipetym “René Favaloro”. Así la familia se prepara para un egreso doble.

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Para este hombre de 77 años volver a estudiar es “lograr el sueño de mi vida. Yo hice la primaria en Serrano, en el colegio San Alberto y San Enrique. Terminé en el año 1957. En esa época no había escuela secundaria y había que venir a Laboulaye. Pero la situación económica no lo permitía. Desde chico trabajé para tener mis pesos. Tiempo después cuando se pone el secundario, pero yo ya trabajaba y me tocaba el servicio militar, así que no pude estudiar”.

“Cuando regresé me instalé en Laboulaye e ingresé a la repartición policial. Gracias a Dios y a la Virgen nunca me faltó trabajo. Estuve en meteorología durante 4 años. Después ingresé en LV20 como técnico operador ahí estuve 19 años. De la policía me retiré, pero seguí trabajando hasta los 68 años”, cuenta haciendo un repaso de su vida.

Casado con Esther, con quien cumplirá próximamente 50 años juntos, tiene dos hijos y cuatro nietos. Y fue hace dos años atrás donde surgió la posibilidad de retomar los estudios.

“Cuando el colegio Sobral puso el anexo en la escuela Manuel Belgrano que está a solo dos cuadras de mi casa vi ahí la posibilidad de cumplir mi sueño tan anhelado”, relata Alberto.

Tras inscribirse en 2020, comenzó a cursar. Pero la pandemia por Covid truncó la presencialidad en las aulas, y Alberto debió asumir otro desafío, que fue aprender a manejar la tecnología para cursar las clases de modo virtual. “Eso no era lo que yo deseaba. No teníamos contacto con los profesores. Y a mi edad con la computación era un poquito complicado. Pero ahí me acompañaron mis nietos.”,

En agosto de 2021, Alberto volvió al colegio tras habilitarse la presencialidad. “El temor mío en ese momento era cómo me iban a recibir los otros alumnos porque si bien son todos mayores, yo soy el más grande. Pensaba cómo me podía integrar. Y realmente cuando me quise dar cuenta estaba inserto en el grupo”.

Ahora, junto con sus compañeros ya está planificando el acto de egreso y una cena.

Sobre el interés en las materias, Alberto señala: “Me gustan todas. Siempre me interesó leer, y viniendo de la escuela de los franciscanos que nos corregían hasta el mínimo detalle, la verdad que no tengo dificultades. Salvo con el Inglés, es una cosa que no puedo. La maestra me dice que lo estudie mucho, pero me cuesta. Mi nieto Facundo, que es quien egresa este año, me ayuda mucho”.