A los tres o cuatro años perdió la vista. Era apenas una niña cuando el mundo dejó de ser visible para sus ojos, pero lo descubrió de otra manera: por los sonidos, las voces, las texturas, los pasos y las personas que la acompañaron. Sobre todo, lo hizo a través de las herramientas que aprendió a construir para ser independiente. Para Lara, la ceguera nunca fue una tragedia, es simplemente otra forma de habitar el mundo.
Y esa es su historia, su forma de 'ver' el mundo. Su manera activa de ser: de nadar, de correr, de viajar, de estudiar, de aprender judo, de hacer mates, de ser masajista, de vivir sola y de manejarse sin necesidad de que alguien le marque el camino.
Y también de abrir TikTok y decir: acá estoy, soy la 'ciega con estilo'.
Una pantalla que invita a otra mirada
La idea de empezar a hacer videos no fue de Lara, sino de su mamá.
Al principio, Lara dudaba, no sabía qué hacer, cómo hacerlo ni qué podía mostrar. Pero el tiempo hizo lo suyo y ella aprendió.
Desde grabarse y editar hasta elegir música y publicar. Es una usuaria activa dentro de una red social que, para muchos, parece depender exclusivamente de lo visual. Hoy, tiene más de 2000 seguidores.
Su celular es una herramienta más de su autonomía. Utiliza TalkBack, el lector de pantalla disponible en los dispositivos Android, que convierte en palabras aquello que aparece en la pantalla. Lee comentarios, responde mensajes, se comunica y se orienta.
Cuando necesita reconocer una imagen o un texto escrito, recurre a aplicaciones como Be My Eyes. Asegura que la tecnología le cambió la vida; no necesita esperar que aparezca alguien para encontrar el camino por sí misma.
La autonomía de Lara a los 23 años
El bastón no siempre fue un compañero aceptado; al principio le costó aceptarlo.
Pero a los 19 años llegó un momento decisivo: comenzó a moverse sola por la ciudad.
Con la ayuda de Nati, una instructora formada en Estados Unidos, aprendió orientación y movilidad. Descubrió que la independencia no significa no necesitar nunca a nadie, sino poder decidir hacia dónde ir y contar con las herramientas para hacerlo.
Lara, además, desde pequeña disfrutó del deporte y la actividad física. Primero fue la natación, cuando todavía era muy chica.
Después llegó el atletismo, que la llevó a competir en otras ciudades y provincias. También practicó acrobacias en telas, goalball —un deporte creado específicamente para personas ciegas— y blind tenis, que todavía practica de manera recreativa.
Y este año apareció un nuevo desafío: el judo.
Esa parece ser una constante en su vida: probar, buscarle la otra vuelta, la 'otra mirada'. Intentar aprender y volver a intentar.
Lara también estudia. Está cursando tercer año de Recursos Humanos, vive sola y tiene un emprendimiento de mates que recién comienza. Además, trabaja como masajista. No espera que el mundo laboral se vuelva perfecto para empezar a construir su propio camino.
Lo sabe: todavía existen barreras, prejuicios y oportunidades que no llegan.
Pero quedarse quieta tampoco es una opción. "Si te quedás quejando con los brazos cruzados, va a ser mucho más difícil todavía", dice.
Quizás se deba a que sus papás eligieron criarla sin envolverla en una "burbuja", sin sobreprotegerla dice, sino dejándola caerse, rasparse e intentar.
Hacer las mismas cosas que cualquier otro chico. Tiene tres hermanos que no son ciegos; el más chico tiene seis años. A él le explica colores y le cuenta qué aparece en un dibujo.
Quizás ahí esté la verdadera diferencia. No en lo que sus ojos no ven, sino en lo que los ojos de los demás se pierden por culpa de los prejuicios.