Cada localidad tiene a sus personajes, anécdotas, recuerdos, leyendas que encierran la verdadera idiosincrasia de sus comunidades.
Con el espíritu de recuperar estos hechos y sus protagonistas y que sean parte de la historia de los pueblos, y que además sea su propia gente quien la cuente y recree, es que se gestó y concretó el libro “Historias Documentadas del Sur Cordobés”.
Gestada desde Sampacho, esta iniciativa literaria logró aunar a 11 localidades que volcaron en letras aquellas historias que, en ocasiones, pasan a ser parte del relato oral y trascienden generaciones.
El libro, que compila un total de 68 relatos, ya va por su tercera edición y es en cada uno de ellos que se cuela la identidad de cada comunidad.
En cada historia vuelven a la memoria de los habitantes, nombres, lugares, emociones y hasta aromas y situaciones ocurridas en torno al relato recogido.
El libro se gestó en plena pandemia y todos sus escritores encontraron tal vez este momento tan difícil para escudriñar en su memoria y desempolvar viejos recuerdos o historias escuchadas de sus comunidades.
Pero todo tiene un inicio, y fue un domingo a la mañana que Elizabeth Gregorat, integrante del Taller Literario que se dicta en el Cine Marconi, quien mientras leía un relato escrito por Fernando Medeot sobre Juan Nan, un habitante de la localidad, disparó la idea de recopilar todas esas historias que dan vueltas por las comunidades.
“En ese mismo momento llamo a mi profesora Celeste Medeot (Taller Literario) y le transmito mi idea. Le gustó muchísimo y empezamos a pensar cómo encarar este proyecto.
Un protagonista central y al que en varias ocasiones las gestoras y otras participantes del proyecto vuelven y recuerdan es Flavio Juárez, el intendente que falleció víctima de Covid-19.
Fue el mandatario que aceptó apoyar la iniciativa. “Pero nos dijo que teníamos que pensar algo más grande y dar participación a otras localidades”.
Así, una idea inicial que procuraba contar historias sampachenses se convirtió en un trabajo literario regional, con 11 localidades que participaron y 68 relatos volcados en este libro y escritos por vecinos.
Personajes y anécdotas
En poco tiempo, se compilaron relatos sobre inmigrantes, docentes, sacerdotes, un asesinato ocurrido en uno de los pueblos, historias sobre la devoción a La Consolata, sobre panaderos, parteras, docentes, amas de casa; todos, protagonistas que dejaron su huella indeleble en sus comunidades. “Molino harinero”, “Mi vecino don Luis”, “Matadora”, “La Nona Cua-Cua, de corazón maestra”, “La Chitina”, “Mattos, el boticario”, “Misterio en el Chañaral”, “Suco de oro”, “El baile de San Vicente”, “Los boliches en campo las Cortaderas”, “La Cordobesita”, “Las transgresoras”, “El padre Hippermayer”, “La máquina de hacer plata”, “Ajuste de cuentas” y otra larga de lista de escritos forman parte del libro.
Un trabajo en equipo
Retomando cómo surgió el proyecto, Gregorat mencionó que ante el desafío impuesto por el intendente Juárez es que junto con Celeste decidieron convocar a otras personas para armar un equipo de trabajo. “Solas no podíamos, empezamos a pensar quiénes eran las personas que podían colaborar. Así, convocamos a la periodista Marcela Pepe, después a la profesora Rosaura Tobares. Luego, al decidir colocar imágenes es que necesitábamos de quienes nos ayudaran también en esto. Convocamos al profesor de Artes Visuales Marcos Bressan y para el armado y demás, a Adriana Carrara, profesora de computación”. Y en el diseño de la tapa y gráficas, la licenciada en Publicidad Carolina Spahr.
El trabajo fue arduo y se desarrolló en toda su integridad durante la pandemia. Desde julio de 2020, cuando apareció la idea, hasta octubre, tiempo límite para entregar los trabajos. Luego siguió la tarea de corregir cada escrito respetando la idea de quien era su autor.
Para Celeste Medeot, este libro fue un gran desafío. “Fue en plena pandemia y en aislamiento social. Esta propuesta rápidamente cobra vigor porque la idea me encantó y entre las dos pensamos en darle forma, escribirlo, sistematizarlo y presentarlo”.
Los objetivos
Destacó Medeot que hubo objetivo claros que trazaron el rumbo: “Difundir historia de personas anónimas del sur de Córdoba. Pero sobre todo enfatizar en que estas historias no olviden el rol de la mujer en nuestro pasado local y regional. Muchas veces el género femenino ha sido olvidado por el relato oficial. Entonces nosotros poníamos el énfasis en este recordatorio. Otro de los objetivos, la necesidad de hablar de la memoria identitaria de los pueblos, en su recorrido histórico, en su idiosincrasia, y valorar el papel de la lectura y la escritura para quienes hacen a cada uno de los pueblos. La literatura se ofrecía como una oportunidad maravillosa para lograrlo.
“Todo el trabajo que hizo este equipo maravilloso es una labor que ha dado sus frutos y nos llena de gratificación, la gente no para de hablar de las ‘Historias Documentadas del Sur Cordobés’”.
Y la gratificación para sus gestores y autores es haber logrado que la gente disfrute de la literatura y revisa su propio pasado como comunidad, su idiosincrasia pueblerina con su estilo e historias propias.
Rosaura Tobares, profesora de Lengua y Literatura, también fue parte del equipo coordinador. Señaló sobre esta experiencia compartida: “Siempre apelamos a pensar en la cultura, en las producción de cada persona, en lo que cada uno quería contar y así fue como nos encaminamos. Para todos fue un desafío enorme, tomar la pluma, el papel, la máquina. Este proyecto se llevó a cabo gracias al apoyo de Flavio” .
“Fue un trabajo muy delicado porque estábamos ante trabajos de otras personas y eso es muy difícil teniendo en cuenta que cada uno ha querido contar desde su propia subjetividad aquello que tenía en su memoria”, precisó.
Asimismo, Tobares señaló que cada texto es muy representativo de la comunidad a la cual pertenece su escritor o escritora. “Siempre tuvimos en cuenta eso y tratamos de priorizar el estilo que cada persona quería dejar en claro”.
Repercusiones
Marcela Pepe, periodista y docente de Lengua y Literatura, compartió las expresiones de las demás integrantes del trabajo, al tiempo que agregó: “En mi caso, agregar que cuando fui convocada me encantó el proyecto. Fue y es un proyecto hermoso. Primero, para rescatar ese color local del que hablan Celeste y Elizabeth. Y además la decisión de Flavio (Juárez), que dio participación a 11 localidades”.
Reconoció Pepe que al principio no dimensionó lo que el proyecto podía significar. Y más aún teniendo en cuenta el contexto de la pandemia. Incluso así, el libro dio a luz.
El 7 de mayo pasado fue presentado en su comunidad y ya en este tiempo uno de sus impulsores, el exintendente, se encontraba internado peleando por su vida.
Por ello, el libro, que ya va por su tercera edición, fue en esta última que incorporó un homenaje a Flavio Juárez, quien supo valorar e impulsar este trabajo literario.
Todos quienes trabajaron en el libro lo hicieron completamente ad honorem y dedicando muchas horas del día. “Aun horas antes de la Navidad pasada, trabajábamos en la corrección”, recordó la periodista.
Adriana Carrara y Marcos Bressan también rescataron como hermosa esta experiencia vivida. Ambos, siendo parte de la tarea de compilación, elección de imágenes para cada relato, su disposición dentro de las páginas y demás aspectos.
Así hoy 68 historias de Sampacho, Achiras, Adelia María, Alcira Gigena, Coronel Moldes, Bulnes, Chaján, Elena, La Carolina, Las Vertientes, San Basilio y Suco están compiladas en este libro.
Y un objetivo cumplido, hacer que esos protagonistas anónimos, esas historias y relatos orales queden plasmados por siempre en letras y puedan ser conocidos por las futuras generaciones.

