El teléfono celular de Daniel Casermeiro, el médico ginecólogo asesinado en San Francisco, es una incógnita, por lo que sería clave para los investigadores.
Casermeiro, de 61 años, fue asesinado el mismo 19 de diciembre, cuando desapareció, en medio de un maizal, donde fue encontrado por un peón rural en la tarde del jueves pasado, en estación Luxardo, en el límite con la provincia de Santa Fe.
De acuerdo a lo publicado por La Voz de San Justo, entre la ropa del ginecólogo se halló algo de dinero, sencillo, en un bolsillo, pero no se encontró el teléfono celular.
El aparato de telefonía tampoco fue hallado adentro de su automóvil BMW 220i blanco, que fue ubicado el domingo pasado a unos 6 kilómetros de distancia del lugar en donde luego fue encontrado ejecutado Casermeiro.
La última conexión por WhatsApp del teléfono de la víctima fue a las 16 de el mismo jueves de la desaparición.
El cadáver de médico fue encontrado en medio de un maizal, a unos 500 metros de la oficina para balanza de camiones que tiempo atrás él le había comprado a su amigo Gerardo Gette, de 57 años, único detenido y acusado de homicidio calificado.
Los forenses determinaron que a Casermeiro lo mataron el mismo jueves que desapareció de un balazo en la nuca. En la escena del crimen no se hallaron signos de arrastre ni otras marcas que hicieran presumir que el cuerpo hubiera sido movido de lugar.
Gette pidió una prórroga para designar abogado defensor; cuando eso suceda, será indagado por el fiscal de Delitos Complejo, Bernardo Alberione.
El trabajador rural Nelson Rovasio, de 23 años, fue quien encontró el cuerpo sin vida del médico que era intensamente buscado en San Francisco.
"A la tarde salí caminando con los perros y vine para este lado a buscar leña. La perra encaró, cuando llegamos a esta zona veo las piernas y el cuerpo recostado a hacia su derecha. Pegué la vuelta, llamé a la Policía y en 10 minutos estuvieron acá", precisó Rovasio.
A su vez, agregó: “Fue un susto bastante grande encontrarlo de golpe. De las piernas para arriba estaba quemado y en descomposición. Lo que me llamó la atención fue el olor y que el perro encaró, el olor era fuertísimo y diferente", puntualizó Nelson.
"No se sentía olor desde el campo pero los perros venían toreando y se metían al maíz hacía tres o cuatro noches. Subí a los silos pero no se veía nada raro", concluyó.
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De acuerdo a lo publicado por La Voz de San Justo, entre la ropa del ginecólogo se halló algo de dinero, sencillo, en un bolsillo, pero no se encontró el teléfono celular.
El aparato de telefonía tampoco fue hallado adentro de su automóvil BMW 220i blanco, que fue ubicado el domingo pasado a unos 6 kilómetros de distancia del lugar en donde luego fue encontrado ejecutado Casermeiro.
La última conexión por WhatsApp del teléfono de la víctima fue a las 16 de el mismo jueves de la desaparición.
El cadáver de médico fue encontrado en medio de un maizal, a unos 500 metros de la oficina para balanza de camiones que tiempo atrás él le había comprado a su amigo Gerardo Gette, de 57 años, único detenido y acusado de homicidio calificado.
Los forenses determinaron que a Casermeiro lo mataron el mismo jueves que desapareció de un balazo en la nuca. En la escena del crimen no se hallaron signos de arrastre ni otras marcas que hicieran presumir que el cuerpo hubiera sido movido de lugar.
Gette pidió una prórroga para designar abogado defensor; cuando eso suceda, será indagado por el fiscal de Delitos Complejo, Bernardo Alberione.
El trabajador rural Nelson Rovasio, de 23 años, fue quien encontró el cuerpo sin vida del médico que era intensamente buscado en San Francisco.
"A la tarde salí caminando con los perros y vine para este lado a buscar leña. La perra encaró, cuando llegamos a esta zona veo las piernas y el cuerpo recostado a hacia su derecha. Pegué la vuelta, llamé a la Policía y en 10 minutos estuvieron acá", precisó Rovasio.
A su vez, agregó: “Fue un susto bastante grande encontrarlo de golpe. De las piernas para arriba estaba quemado y en descomposición. Lo que me llamó la atención fue el olor y que el perro encaró, el olor era fuertísimo y diferente", puntualizó Nelson.
"No se sentía olor desde el campo pero los perros venían toreando y se metían al maíz hacía tres o cuatro noches. Subí a los silos pero no se veía nada raro", concluyó.
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