Las ilusiones de Independiente se transformaron en otra tibia realidad al consagrarse después de siete años nuevamente finalista de la Copa Sudamericana tras vencer en Avellaneda a Libertad, de Paraguay, por 3 a 1, dando vuelta el 0-1 sufrido en la semi de ida jugada en Asunción.
El equipo de Avellaneda arrancó de manera inmejorable, ya que a la generación de juego le sumó la efectividad que le había faltado en el cotejo de ida en Asunción y por lo que terminó pagando con aquel 0-1 final.
La llave de los ataques rojos, eso sí, como en Paraguay, fue Juan Sánchez Miño por izquierda.
La otra abertura por la que Independiente ingresó a la clasificación también pasó por este momento "angelado" que atraviesa el entrenador Holan, quien contra todas las sugerencias siguió apostando por Emanuel Gigliotti pese al gol señalado por Leandro Fernández a Racing, y el "Puma" respondió con creces, en su gran noche con la camiseta roja.
Es que en poco más de una docena de minutos se transformó en el "hombre gol" que le dio la clasificación a Independiente, cuando después del penal convertido con la maestría impropia para un chico de 18 años como Ezequiel Barco a los 17 minutos, se lució con dos definiciones "de arrastre", con las que desvió sendos balones lanzados desde derecha e izquierda.
El primero fue a los 18 minutos, apenas uno después de la apertura del marcador, tras un centro desde la derecha de Maximiliano Meza, que dicho sea de paso perdió los lentes de contacto en el festejo con el goleador.
Y el segundo de la cuenta personal del centrodelantero rojo llegó apenas superada la media hora de ese primer tiempo en que se resumieron todas las emociones de la noche, pero en este caso por otro centro bajo que en esta ocasión lanzó de rastrón el uruguayo Gastón Silva.
Claro que entre uno y otro tanto del "Puma" llegó el descuento de los paraguayos que con el 1-2 se metían en la final, cuando, después de tres cabezazos en el área de Independiente, terminó convirtiendo el volante Ángel Cardozo Lucena.
El arranque del período final llevó a Independiente a meterse demasiado atrás, llevado por Libertad y su intención de buscar la clasificación justamente lanzando centros "que quemaban" en el área local.
Por eso, cuando Holan advirtió que el medio flaqueaba y la defensa también, hizo ingresar primero a Nicolás Domingo por el intermitente Martín Benítez y luego al vasco Fernando Amorebieta por el "Torito" Rodríguez, en dos cambios de tinte "defensivo" que se parecieron mucho a aquello de que "la necesidad tiene cara de hereje".
El Rojo mutó entonces de un 4-3-3 con el ingreso de Nicolás Domingo por Martín Benítez a un 5-4-1 con el reemplazo de Fernando Amorebieta por Diego Rodríguez, por lo que el equipo terminó muy metido atrás y buscando la contra que liquidara el partido.
Y esa acción pudo llegar a los 40 minutos desde los pies de un Barco encendido, que dribbleó a cinco rivales dentro del área y su disparo bajo se fue contra el poste izquierdo del arco defendido por Rodrigo Muñoz.
La no concreción de ese tanto la pagó en el segundo de los cuatro minutos de descuento que otorgó el árbitro ecuatoriano Eoddy Zambrano con un tiro libre en contra por falta de Amorebieta a Salcedo que el propio exdelantero de Banfield, Lanús y Newell's ejecutó pegada al palo izquierdo del arco de Martín Campaña.
Después de esa celebración llegó el alivio, la celebración de unos 10 días inolvidables para Independiente, que volvió a una final de Copa Sudamericana después de la ganada en 2010 con Antonio Mohamed como entrenador, ante un marco de público que hizo reverdecer recuerdos de los grandes, de los que trae desde esa historia fecunda que de la mano de Holan quiere refundar.
La llave de los ataques rojos, eso sí, como en Paraguay, fue Juan Sánchez Miño por izquierda.
La otra abertura por la que Independiente ingresó a la clasificación también pasó por este momento "angelado" que atraviesa el entrenador Holan, quien contra todas las sugerencias siguió apostando por Emanuel Gigliotti pese al gol señalado por Leandro Fernández a Racing, y el "Puma" respondió con creces, en su gran noche con la camiseta roja.
Es que en poco más de una docena de minutos se transformó en el "hombre gol" que le dio la clasificación a Independiente, cuando después del penal convertido con la maestría impropia para un chico de 18 años como Ezequiel Barco a los 17 minutos, se lució con dos definiciones "de arrastre", con las que desvió sendos balones lanzados desde derecha e izquierda.
El primero fue a los 18 minutos, apenas uno después de la apertura del marcador, tras un centro desde la derecha de Maximiliano Meza, que dicho sea de paso perdió los lentes de contacto en el festejo con el goleador.
Y el segundo de la cuenta personal del centrodelantero rojo llegó apenas superada la media hora de ese primer tiempo en que se resumieron todas las emociones de la noche, pero en este caso por otro centro bajo que en esta ocasión lanzó de rastrón el uruguayo Gastón Silva.
Claro que entre uno y otro tanto del "Puma" llegó el descuento de los paraguayos que con el 1-2 se metían en la final, cuando, después de tres cabezazos en el área de Independiente, terminó convirtiendo el volante Ángel Cardozo Lucena.
El arranque del período final llevó a Independiente a meterse demasiado atrás, llevado por Libertad y su intención de buscar la clasificación justamente lanzando centros "que quemaban" en el área local.
Por eso, cuando Holan advirtió que el medio flaqueaba y la defensa también, hizo ingresar primero a Nicolás Domingo por el intermitente Martín Benítez y luego al vasco Fernando Amorebieta por el "Torito" Rodríguez, en dos cambios de tinte "defensivo" que se parecieron mucho a aquello de que "la necesidad tiene cara de hereje".
El Rojo mutó entonces de un 4-3-3 con el ingreso de Nicolás Domingo por Martín Benítez a un 5-4-1 con el reemplazo de Fernando Amorebieta por Diego Rodríguez, por lo que el equipo terminó muy metido atrás y buscando la contra que liquidara el partido.
Y esa acción pudo llegar a los 40 minutos desde los pies de un Barco encendido, que dribbleó a cinco rivales dentro del área y su disparo bajo se fue contra el poste izquierdo del arco defendido por Rodrigo Muñoz.
La no concreción de ese tanto la pagó en el segundo de los cuatro minutos de descuento que otorgó el árbitro ecuatoriano Eoddy Zambrano con un tiro libre en contra por falta de Amorebieta a Salcedo que el propio exdelantero de Banfield, Lanús y Newell's ejecutó pegada al palo izquierdo del arco de Martín Campaña.
Después de esa celebración llegó el alivio, la celebración de unos 10 días inolvidables para Independiente, que volvió a una final de Copa Sudamericana después de la ganada en 2010 con Antonio Mohamed como entrenador, ante un marco de público que hizo reverdecer recuerdos de los grandes, de los que trae desde esa historia fecunda que de la mano de Holan quiere refundar.

