Pero al primero de ellos se le suma, además de las complicaciones surgidas de la política económica, como la caída de demanda, la competencia de productos importados y la presión tributaria, un elemento menos esperado: la escasez de gas natural para producir. La problemática no es general para todo el país, sino que tiene uno de sus focos más notorios en Córdoba, donde hay un déficit estructural devenido del agotamiento de la cuenca norte, de donde se proveía el gasoducto norte, que bajaba el combustible desde Bolivia. Esa cuenca se agotó y por eso fue imperioso activar hace más de dos años las obras desde Vaca Muerta y revertir el sentido del gasoducto para darle dirección sur-norte.
Pero el abastecimiento es limitado. Y las industrias de Córdoba padecen las interrupciones, en medio de una crisis productiva de envergadura, especialmente por lo prolongada. “Llega el frío y nos quedamos sin gas; no podemos estar siempre dando vueltas en los mismos problemas, necesitamos avanzar”, repite incansablemente el presidente de la Unión Industrial de Córdoba, Luis Macario.
A la dificultad del corte debe agregarse además que la sustitución no sólo implica un trastorno logístico para las empresas, sino especialmente económico. Reemplazar el gas natural por el Gas Natural Licuado, por ejemplo, implica pasar de 4 dólares el millón de BTU a 28 dólares. Ese solo salto hace inviable el cambio de combustible para alimentar las calderas. Por lo tanto las empresas quedan ante la única salida de paralizar la producción. Pero, en particular, hay algunas que tienen procesos impostergables, lo que pone contra las cuerdas a los tomadores de decisiones.
El panorama de la industria en Córdoba suma ahora la preocupación por el pronóstico para los próximos días, donde una nueva ola de frío bajará aún más las temperaturas. Eso en sí no es un problema directo, sino que impacta en las fábricas porque multiplica el consumo residencial de gas y la manta corta de la oferta gasífera termina desprotegiendo primero a las empresas con contratos interrumpibles (que pagan un menor precio por el suministro, pero son la primera línea de corte), luego a las que tienen convenios en firme y a las estaciones de GNC.