En septiembre, el Índice de Precios al Consumidor registró un incremento del 2,1%, con una suba acumulada del 24% en lo que va de 2026 y una variación interanual del 32,8%.
Sin embargo, detrás de los indicadores inflacionarios, los datos sociales muestran las dificultades cotidianas de numerosas familias cordobesas para cubrir sus necesidades básicas.
Según los indicadores relevados, el 57,6% de los hogares no alcanzó a cubrir satisfactoriamente la Canasta Básica Alimentaria (CBA), cuyo valor se ubicó en $1.130.236.
En tanto, la Canasta Básica Total (CBT), que determina la línea de pobreza, alcanzó los $2.076.505.
La situación también se refleja en las estrategias que deben adoptar las familias para sostener el consumo.
El 88,8% de los hogares financió la compra de alimentos, mientras que el 28,5% tuvo que pedir dinero prestado durante septiembre para afrontar gastos básicos.
Las consecuencias llegan incluso a la cantidad de comida que consumen los integrantes de cada familia.
El 39,1% de los adultos redujo sus propias porciones para que los alimentos alcanzaran para otros miembros del hogar.
Entre los menores, el 28,6% también tuvo que disminuir la cantidad de comida por falta de dinero en sus hogares.
En paralelo, el consumo continúa mostrando señales de retracción: el volumen de ventas de alimentos en los comercios de proximidad registró una caída interanual del 8,3%, un indicador que da cuenta de las dificultades para sostener las compras habituales.
Así, pese a la desaceleración mensual de los precios respecto de períodos de mayor inflación, el acceso a los alimentos sigue siendo un problema central para amplios sectores de la población.
El endeudamiento para comprar comida y la reducción de las porciones evidencian que la pérdida de poder adquisitivo continúa condicionando la vida cotidiana de las familias.