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La inflación se desaceleró en Córdoba, pero crece el endeudamiento para comprar alimentos

El Centro de Almaceneros registró una inflación del 1,8% en agosto, con una acumulación del 21,4% en los primeros ocho meses del año. Sin embargo, más de la mitad de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria y el 88,7% debió financiar la compra de alimentos. El informe también advierte sobre la caída de las ventas en los comercios de proximidad del 8,5%

 

La economía cordobesa cerró agosto con una moderación en el ritmo de aumento de los precios, aunque los principales indicadores sociales y comerciales continúan mostrando un escenario de fuerte fragilidad.

Así lo señala el Informe de Coyuntura Económica y Social de agosto de 2026, elaborado por el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) del Centro de Almaceneros.

Según el relevamiento, la inflación alcanzó el 1,8% mensual, por debajo del 2,1% registrado en julio. De esta manera, la variación acumulada en los primeros ocho meses del año llegó al 21,4%, mientras que la inflación interanual se ubicó en 33,3%.

Para el cierre de 2026, el IETSE mantiene una proyección de inflación del orden del 31,5%.

La desaceleración estuvo acompañada por un incremento del 1,6% en Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, uno de los rubros de mayor incidencia en el presupuesto familiar.

El mismo porcentaje se registró en Vivienda, Agua, Electricidad, Gas y Otros Combustibles.

Sin embargo, otros sectores tuvieron aumentos superiores al promedio: Salud registró una suba del 2,1%; Equipamiento y Mantenimiento del Hogar, del 2,2%; Bienes y Servicios Varios, también del 2,2%; y Bebidas Alcohólicas y Tabaco, del 2,3%.

El organismo advirtió además que será necesario observar la evolución del tipo de cambio y su eventual traslado a los costos y, particularmente, a los precios de los alimentos.

La desaceleración de la inflación no se tradujo todavía en una recuperación generalizada de las condiciones de vida.

Durante agosto, una familia tipo necesitó $2.034.194 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y superar la línea de pobreza. Para acceder al conjunto mínimo de alimentos esenciales y superar la línea de indigencia, necesitó $1.108.074.

La Canasta Básica Alimentaria acumuló un aumento del 22,6% en los primeros ocho meses del año y del 36,4% interanual, mostrando que el costo de la alimentación continúa ejerciendo una fuerte presión sobre los ingresos familiares.

El relevamiento del IETSE indica que el 57,4% de los hogares no pudo alcanzar satisfactoriamente la Canasta Básica Alimentaria.

Entre el 42,6% que sí logró cubrirla, el 71,5% señaló que necesitó algún tipo de asistencia estatal, principalmente a través de la Asignación Universal por Hijo, Tarjeta Alimentar y otras prestaciones nacionales, provinciales o municipales.

La situación también se refleja en la cantidad de alimentos consumidos. El 38,8% de los hogares manifestó que durante los últimos 30 días algún adulto tuvo que reducir la cantidad de comida ingerida para que los alimentos alcanzaran para el resto de la familia.

En los hogares con niños, niñas y adolescentes, el dato es aún más sensible: el 28,3% declaró que durante agosto algún menor tuvo que reducir la cantidad de alimentos consumidos por falta de dinero, 0,6 puntos porcentuales más que en julio.

El informe también pone el foco sobre el creciente endeudamiento de las familias para afrontar gastos básicos.

Durante agosto, el 28% de los hogares manifestó haber pedido dinero prestado durante los últimos 30 días para cubrir gastos esenciales, un punto porcentual más que el mes anterior.

El principal destino del dinero prestado fue la compra de alimentos, con el 25,3%, seguido por el pago de deudas anteriores (20,1%), otras necesidades básicas (17,8%), alquiler (17,1%), servicios (7,7%), medicamentos (7,3%), transporte (3%) y educación (1,7%).

La fragilidad financiera también queda expuesta ante la posibilidad de una interrupción de los ingresos.

El 61% de los hogares considera que podría sostener sus gastos corrientes durante menos de una semana si perdiera repentinamente su fuente de ingresos.

Un 33% podría resistir entre una semana y un mes; apenas un 4% entre uno y tres meses, y solamente el 2% podría superar los tres meses.

Frente a un gasto extraordinario de aproximadamente $150.000, el 51% aseguró que no podría afrontarlo.

Otro 40% debería recurrir a dinero prestado, mientras que apenas el 6% utilizaría sus ahorros y el 3% cuenta con fondos propios destinados específicamente a este tipo de contingencias.

Pero uno de los datos que más preocupa al IETSE es que el 88,7% de los hogares manifestó haber tenido que financiar alimentos durante los últimos 30 días.

Entre las modalidades utilizadas, el 38,7% compró fiado en uno o más comercios cercanos; el 37,3% recurrió a la tarjeta de crédito y el 12,7% adquirió alimentos con dinero prestado. Esta última modalidad aumentó 1,4 puntos porcentuales respecto de julio.

Sólo el 9,3% de los hogares indicó que no necesitó financiar sus compras de alimentos.

La situación de los hogares también tiene su correlato directo en el comercio.

Según el informe, los comercios de proximidad dedicados a la venta de alimentos registraron durante agosto una caída del 8,5% en el volumen de ventas respecto de agosto de 2025, profundizando levemente el retroceso de julio, cuando la baja interanual había sido del 8,3%.

El escenario genera preocupación sobre la sostenibilidad de las pequeñas unidades comerciales.

El 5,8% de los comerciantes considera que, si se mantiene el actual nivel de ventas, su negocio podría resultar insostenible antes de tres meses.

Otro 9,1% estima que podría resistir entre tres y seis meses; el 17,6%, entre seis y doce meses; mientras que el 67,5% considera que podría sostenerse durante más de un año.

Para el IETSE, aunque la mayoría mantiene expectativas de continuidad, existe un segmento significativo que trabaja con márgenes reducidos, menores niveles de ventas y escasa capacidad para absorber nuevos períodos de retracción del consumo.

En este contexto, Almaceneros consideró como una señal positiva y oportuna el lanzamiento de “Córdoba Impulsa”, el programa anunciado por el Gobierno provincial para estimular el consumo y fortalecer al sector comercial.

El plan contempla, entre sus principales herramientas, la posibilidad de realizar compras en seis cuotas sin interés con Tarjeta Cordobesa, inicialmente en supermercados y farmacias, con más de 400 sucursales adheridas.

La promoción estará vigente en esta primera etapa desde el 1 de septiembre de 2026 hasta el 31 de enero de 2027.

Para el IETSE, esta herramienta adquiere particular relevancia en un escenario donde una elevada proporción de las familias necesita recurrir al financiamiento para comprar alimentos.

El programa también contempla una línea de crédito de Bancor por $20.000 millones, destinada a capital de trabajo de los comercios. Los préstamos podrán alcanzar los $10 millones por operación, con plazos de hasta 36 meses y una tasa final del 33% TNA, producto de un subsidio provincial de cuatro puntos porcentuales.

El financiamiento podrá utilizarse para la adquisición de stock, mercaderías, equipamiento, maquinarias y otras necesidades vinculadas con el capital de trabajo.

En su conclusión, el IETSE plantea que la coyuntura cordobesa presenta un escenario de contrastes: mientras la inflación comienza a moderarse, persisten fuertes dificultades para sostener el consumo y cubrir las necesidades básicas.

El organismo sostiene que la evolución de la economía no puede analizarse únicamente a partir de los precios, sino que también deben observarse los ingresos, el consumo, el endeudamiento, la alimentación, el empleo y la sostenibilidad de los comercios.

En ese sentido, advierte que una desaceleración inflacionaria por sí sola no garantiza una recuperación social si los hogares continúan sin capacidad suficiente para cubrir sus necesidades básicas y los comercios no consiguen recuperar niveles adecuados de actividad.

Para el IETSE, la combinación de financiamiento del consumo y crédito para capital de trabajo puede generar un circuito favorable, al facilitar el acceso de las familias a bienes esenciales, mejorar las posibilidades de venta y aportar herramientas financieras a los comercios.

No obstante, el desafío será que estas políticas tengan alcance territorial, continuidad y capacidad suficiente para llegar a los pequeños y medianos comercios.

Concluyó que la estabilización económica será sostenible cuando comience a traducirse en una mayor capacidad de compra de los hogares, una menor dependencia del endeudamiento para afrontar gastos esenciales, una recuperación del consumo y mejores condiciones para la actividad comercial y productiva.

En ese escenario, “Córdoba Impulsa” aparece como una herramienta concreta de estímulo, aunque sus resultados deberán ser monitoreados durante los próximos meses para determinar su impacto efectivo sobre las ventas, el financiamiento familiar y la viabilidad de los pequeños y medianos comercios de la provincia.