Opinión | inflación

Otro inoportuno y mal dato: aceleró la inflación mayorista

Luego de que el Gobierno destacara el índice mayorista de julio, que fue del 0,8%, septiembre dio un salto y alcanzó el 3,2%, lo que generó inquietud en medio de la pelea contra los precios. ¿Anticipará lo que ocurrirá con el IPC en el último trimestre?

Las tarifas de los servicios vienen sumando presión a los ingresos de las familias. En la región, ahora se sumará el impacto de zona fría.

 

Apenas dos meses atrás, el presidente Javier Milei celebró con ahínco el dato de la inflación mayorista de julio, que arrojó un resultado del 0,8%. Si bien no era lo que el Gobierno vaticinaba, el mandatario dijo que se había logrado el objetivo de que la inflación comenzara con “0” incluso antes de lo anunciado. Vale recordar que a comienzos de este año, Milei había dicho que en agosto la inflación comenzaría con cero; pero la minorista, no la mayorista. De todos modos, intentó capitalizar el buen dato y recordó su pronóstico, pasando por alto la sutil diferencia. Y hasta remarcó que la inflación mayorista suele anticipar la tendencia de la minorista, trazando un horizonte optimista en el corto plazo.

Más allá de la anécdota, es claro que existen diferencias entre el IPIM (Índice de Precios Internos al por Mayor) y el IPC (Índice de Precios al Consumidor): el primero mide insumos y manufacturas muy susceptibles al valor del dólar, mientras que el segundo evalúa la evolución de una canasta de bienes e incluye los servicios públicos, que no son contemplados por el mayorista.

Pero todo aquel capítulo protagonizado por el presidente hace dos meses, desbarrancó esta semana cuando el mismo Indec dio a conocer que la inflación mayorista de septiembre fue de 3,2%. El salto llamó la atención y generó inquietud. Para ponerlo en perspectiva, de los últimos 28 meses sólo 3 períodos arrojaron valores más altos: septiembre de 2025, en medio de la tensión electoral tras la derrota del oficialismo en provincia de Buenos Aires y un dólar volátil, dio 3,7%; y luego en marzo y abril de este año, con registros de 3,4% y 5,2%, por efecto de la guerra de medio Oriente y un petróleo que voló por encima de los 100 dólares. Justamente esto último fue un ingrediente clave para el valor que dio a conocer esta semana Indec. Los precios del petróleo crudo y gas empujaron con fuerza y le aportaron 1,43 puntos al dato general. Otra vez las miradas fueron para Ormuz.

Pero lo que volvió a reflejar el comportamiento del IPIM es la complejidad intrínseca del proceso inflacionario. Más allá de que la biblioteca económica que promueve el presidente machaque con la idea exclusiva de un fenómeno monetario (“siempre y en todo lugar”) eso se asemeja a una definición de laboratorio que no tarda en tropezar al cotejarse en la vida real y especialmente en un país como Argentina, con conductas viciadas por una pesada herencia inflacionaria.

Pero la otra parte de la definición del Presidente, sobre la capacidad de anticipo que tiene el IPIM sobre el IPC, que tampoco es lineal, genera ahora preocupación. Porque así como el 0,8% de julio era promisorio, el 3,2% de septiembre llena de dudas el cierre del año. Igual, aquel 0,8% no desplomó la inflación minorista en los meses siguientes.

Y en ese punto vale recordar que el IPC del mes pasado arrojó un índice del 1,9%, especialmente alentado por los servicios, que siguen presionando las finanzas familiares. En ese universo se destaca el mantenimiento del hogar, que incluye gas, electricidad, agua y otros. Las tarifas continúan avanzando en términos relativos sobre los ingresos de las familias y en gran parte explican la caída de los “ingresos disponibles”. De hecho, si se toma el mandato de Milei, el rubro “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros” aumentó 661% contra un IPC acumulado para el mismo período del 344%. Vale recordar que los ingresos perdieron levemente contra ese valor promedio, pero quedaron muy retrasados frente a los costos de la vivienda. De otra manera, esos gastos de servicios del hogar se llevan una porción mucho mayor que antes. Fue el costo del retiro de los subsidios y la liberación de tarifas. Educación y Comunicación fueron dos rubros que también tuvieron fuertes incrementos: ambos entre 450 y 500 por ciento. Salud no se quedó atrás, especialmente empujado por las prepagas. Por debajo del IPC quedaron Alimentos e Indumentaria, que fue el rubro de menores subas, con 165% en los casi 3 años de la actual gestión. Fue uno de los sectores que padecieron los cambios del modelo de manera más significativa. La ropa fue, hasta 2023, mucho más cara en términos relativos que hoy. De todos modos aún no logró niveles similares a los de otros países, pero se acercó con fuerza y es un dato que, desde el punto de vista del consumidor, aparece como muy a favor de la actual administración.

Sin embargo, el evidente avance que logró el Gobierno en materia inflacionaria, con sus idas y vueltas, y períodos de mayor rebeldía de los indicadores, no permite por ahora una recuperación cierta de ingresos y actividad. Un factor que también se recorta en esa geografía es la calidad del empleo: el Gobierno asegura que se crearon 500 mil puestos, pero los datos oficiales de empleo privado registrado -el de mayor calidad- muestran un derrumbe mayor a los 230 mil puestos. Muchos terminaron en la informalidad o como monotributistas, presumiblemente con menores ingresos y sin cobertura social. Eso también recorta dinero de los circuitos comerciales. Por eso, el ajuste en el mercado laboral se hizo por calidad y no por cantidad, en parte por influencia de la economía de plataformas y la uberización.

Con esa tendencia, provincias como Córdoba aparecen como más vulnerables. Paradójicamente, un mercado laboral más sustentable, con mayor porción del sector privado y menor del público, suelen contener una dificultad extra en momentos de crisis económica. Aquellas jurisdicciones con marcado empleo público tienen otra lógica y suelen disimular más la pérdida de empleo registrado.