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Se asocian para comprar más barato y ganarle a la inflación

La cooperativa de consumo Mercosol tiene 50 miembros que se organizaron para conseguir mejores precios y calidad. Además, participan de ferias para ofrecer productos regionales.

La cooperativa de consumo Mercosol (Mercado Común Solidario) nació para satisfacer la necesidad de sus socios de conseguir alimentos a un precio justo en el mercado. De esta manera, se organizan para comprar a distintos productores del país, sin necesidad de intermediarios. Además, lo hacen de forma masiva para abaratar precios y hacerle frente a la inflación.

Hace cinco años, Mercosol comenzó a funcionar con 20 socios. Hoy, son alrededor de 50. En general, sus asociados forman parte de la Federación de Cooperativas de Trabajo de la ciudad. “La mayoría de los socios se acerca por los precios y por la conciencia de comprar a través de la cooperativa y productos que no van a conseguir en otro lado”, explica José Badellino, presidente de la Cooperativa.

“También hay un resurgir de espacios de feria. Incluso a nivel municipal se han institucionalizado. Esto ha vuelto a poner en escena la feria como lugar de autoabastecimiento. Ya hay una gimnasia de ir a la feria”, afirma Nahuel Rang, integrante de la organización.

José participaba de la murga Mulato Mulé, estaba en la tarea de armar bolsones de verdura con organizaciones barriales cuando surgió la idea de formar una cooperativa “para formalizar la cadena de comercialización de alimentos”. Al tiempo, Nahuel, su compañero de casa, que estudiaba Economía, decidió sumarse a colaborar con la administración.

-¿Cómo se sostienen?

-Tenemos un aporte societario, de $ 200 anual y, además, vendemos productos en las ferias y a particulares. Con eso hacemos una diferencia que nos permite absorber en el sistema. Vendemos mermeladas, dulces, aceite de oliva, aceitunas. Todos productos de distintas regiones del país que no llegan a la ciudad de otra manera.

“La cooperativa es nuestra fuente de vida. Al principio  fue un trabajo voluntario, después decidimos ponerle tiempo y cabeza para que nos sirva para resolver el problema”, dice José.

“Una vez vinieron estudiantes de la carrera de Economía a hacer una práctica. Por ahí parece que no es un horizonte posible formar parte de una cooperativa. O que si se convierte en caso exitoso vamos a formar una SA.  Vos te apropiás de tu trabajo. Es una decisión de vivir de esta manera: sin recibir órdenes y en un proceso de construcción colectiva”, afirman.

Proyección

El próximo desafío es crear un almacén cooperativo en la ciudad. “Para que todas las cooperativas y pequeños productores puedan exhibir y vender lo que hacen. Un espacio visible y compartido. La idea sería abrirlo con la Cooperativa Codauquen, que hace viandas, y la  Cooperativa La Soberana de la Granja Siquem, que produce quesos”.

Otro proyecto pendiente es crear una marca social. “Era un proyecto impulsado por el Ministerio de Agricultura, ahora Agroindustria, pero con el tema de los despidos quedó frenado. La idea es integrar los procesos de producción y de comercialización para que haya una única certificación. De esta manera, tres productos podrían tener una misma marca, que sea garantía de la calidad de lo producido”.

-¿Cuáles son las dificultades para avanzar en este sentido?

-El problema es que la legislación está pensada para que ningún proceso productivo chico pueda avanzar. Hay exigencias inviables para los productores, con lo cual sólo unos pocos están  habilitados para vender. Por otro lado, el proceso artesanal hoy genera menos riesgo para el consumidor, porque al ser casero, el productor está frente a lo que vende y pone la cara con el riesgo de que no le compren más.

“Tendría que haber una diferenciación entre pequeños, medianos y grandes productores. Hoy la ley es igual para todos. Los pequeños mueren y los grandes se hacen más grandes. La ley está hecha para aplastar a los más chicos”, afirma el presidente de Mercosol.

Bolsón con 11 productos a $180

“Para los socios de nuestra cooperativa armamos un bolsón de alimentos con 11 productos a $180. Entregamos entre 100 y 120 bolsones al mes”, afirman.

Los precios son más bajos que en los súper locales, a no ser que haya alguna promoción especial. Por ejemplo, el año pasado sostuvieron el precio de la yerba ($ 45) durante todo el año. Recién en marzo lo actualizaron a $ 50 y $ 60 el kg de yerba orgánica. 

El bolsón tiene once unidades: leche larga vida, aceite, puré de tomate, picadillo, azúcar, arroz, fideos, té, galletas de agua, galletas dulces y mayonesa.

“En algunos momentos poníamos harina, pero la gente decía que se les acumulaba, o solemos agregar caldos o polenta en invierno”.

Cuando empezaron, hace 5 años, la canasta tenía 23 productos, incluidos de limpieza, y costaba $150. Llegaron a repartir 400 bolsones.

La compra se realiza a proveedores de todo el país en conjunto con otras organizaciones de la Provincia o el Centro de Almaceneos. Así se aseguran que los precios sean más baratos, tanto por la cantidad como por la división de los fletes. “A los productores les conviene vendernos antes que a grandes marcas”, afirman.