Hace pocos días Ismael Cardozo pudo volver a clases después de tres años de una ardua y larga lucha contra una enfermedad, el “síndrome mielodisplásico”, un tipo de leucemia que alteraba las células de su médula y que obligó a dos trasplantes.
Su caso es único por haber superado dos trasplantes, y tras lograr recuperarse hace pocos días conoció a su donante de médula, un joven mendocino de 30 años. Fue una charla informal vía virtual y a fin de mes se dará el encuentro personal, ya que el caso de Ismael será expuesto en Buenos Aires en el marco de un acto organizado por el Incucai para concientizar y promover la importancia de ser donantes.
María Eugenia Cejas, la mamá de Ismael, contó la ardua lucha que su hijo comenzó cuando apenas tenía 9 años. Transcurrido ya 3 años, un trasplante que no fue y otros dos posteriores hicieron posible que el joven con 12 años haya superado la enfermedad y, tal lo dicen los últimos estudios realizados, logró superar la patología que lo aquejaba.
“Todo comenzó con problemas intestinales que se reiteraban. Yo lo llevaba a la pediatra en el Hospital de acá (Río Cuarto). Empezó a bajar de peso, pero a pesar de los análisis no daban con el diagnóstico. Tenía diarreas o vómitos frecuentes. Fue mucho tiempo de buscar y no encontrar respuestas”, explicó la mamá.
Las visitas a la guardia del Hospital San Antonio se hicieron cada vez más frecuentes, hasta que finalmente se realizó la correspondiente derivación a Córdoba Capital, al Hospital Santísima Trinidad.
Tras una punción de médula, el oncólogo Carlos Hollman fue el encargado de informar a los papás que el pequeño -entonces con 9 años- tenía un tipo de leucemia, conocido como “síndrome mielodisplásico”.
“En una palabra más llana el médico me dijo: ‘Su hijo no tiene médula’. Es una enfermedad que se suele dar en personas mayores por envejecimiento de células. Y en el caso de nuestro hijo, justamente las células eran anormales”, detalló la mamá.
Aturdida ante tanta información, la mamá escucha que Ismael necesitaba de un trasplante urgente. Inmediatamente comenzaron los estudios de compatibilidad entre los familiares directos, hermanos. Pero los resultados no fueron los esperados.
En medio, Ismael permaneció un tiempo internado, bajo duros tratamientos, de quimios de mantenimiento y permanentes transfusiones de sangre y plaquetas, a la espera de encontrar un donante compatible
Fue así que su nombre ingresa a la lista del Incucai. Las expectativas de encontrar a una persona compatible era como “buscar una aguja en el pajar”, admite la mamá y replicando las palabras del médico.
“De 4.000 personas una puede ser compatible y con el diagnóstico de Ismael era una bomba de tiempo”, reconoció la mamá. “Mientras tanto viajábamos a Córdoba siete días, se hacía las quimios y volvíamos a Río Cuarto”. Así estuvo durante 10 meses.
Intento fallido
Una luz de esperanza apareció con un donante compatible en Estados Unidos, a quien le dieron tres fechas para hacerse estudios previo al trasplante. Pero este donante desistió de serlo y nuevamente la angustia y desesperación.
“Volvimos a la lista de espera. Pasaron 10 meses más y hasta que aparece un nuevo donante. Y se hizo el primer trasplante el 6 de octubre de 2021. Era un donante no relacionado pero con un 93% de compatibilidad. Era un varón argentino de 38 años”.
El procedimiento de trasplante se hizo, pero a los 18 días de la intervención el niño comenzó con problemas de salud, y este primer trasplante termina fracasando. Volver a la lista del Incucai y esperar un milagro. Las ganas de vivir de Ismael lo hicieron posible y apareció el “ángel donante”, un mendocino que resultó ser compatible en un 98,6% . El 29 de diciembre de 2021 se hizo el segundo trasplante de médula que resultó exitoso.
Los médicos evitaban dar muchas esperanzas, pues el cuerpo de Ismael había sufrido y mucho. Y en medio de todo, el niño llegó a decirle a su mamá que si algo pasaba con él, que donara sus órganos, cuenta con voz quebrada su mamá.
El ángel mendocino
Ese ángel donante es Gerardo Olguín, un mendocino de 30 años.
“Yo siempre preguntaba para conocer al donante. Me informé ante el Incucai y me dijeron que debía pasar un año y saber que el procedimiento diera los resultados para que se conozcan. Y finalmente ocurrió, por ahora vía teléfono. Fue emocionante. Fue una comunicación en la que Isma le mostró al chico sus objetos más queridos”.
También el joven donante había solicitado conocer al nene. “Después de cumplir con el protocolo, nos pasaron los contactos. Primero hablé yo con él y le di las gracias por su gran gesto y el amor que tuvo”, destacó la mamá.
El donante mendocino intuía que el receptor de sus células era un niño. “Él me dijo que siempre pensaba en quién sería el receptor y me contó cómo había sido el procedimiento, aclarando que no fue para nada doloroso”.
Esta historia de vida, de generosidad y empatía, espera otro capítulo, el del encuentro personal entre Ismael y Gerardo, previsto para el 31 de marzo en el Centro Cultural Néstor Kirchner de Buenos Aires, en un acto que organiza el Incucai, y en el que se celebrarán los 20 años del primer trasplante de médula ósea en la Argentina.
Pero además el caso de Ismael marca un hito en los trasplantes porque es la primera vez que se hace un doble trasplante en un niño y es el caso infantil juvenil más reciente en este tipo de procedimientos.
Por último, la mamá de Ismael reflexionó: “Quiero dejar un mensaje, más de todo para la gente joven, porque para ser donante hay que tener entre 18 a 30 años. Y que solamente se trata de hacerse una prueba, es ir, hacer una muestra de sangre. En Río Cuarto, en el Hospital y decir ‘quiero ser donante de médula’. Y ser consciente de que podés darle vida a otra persona”.

