Opinión | Javier Milei |

Cucardas para un Milei en camioneta

El Presidente anunció la baja permanente de las retenciones y lo aplaudieron a rabiar. Lo mismo pasó cuando confirmó que vetará el aumento de 22 mil pesos a los jubilados. Dos imágenes de un mismo modelo. Cómo impacta el beneficio para el campo en la campaña que habían pensado Llaryora y Schiaretti

Javier Milei entró como un héroe, exhibido en una camioneta que lo paseó por la pista de la Rural de Palermo, y se fue con la cucarda de haberle dado al campo lo que el campo esperaba: una baja de retenciones ya no temporaria sino permanente. Podría decirse, si no fuera porque predica permanentemente lo contrario, que el Presidente incurrió ayer, en esa tribuna que le aplaudió hasta sus crueldades, en un clásico de la casta: anunciar una medida con impacto fiscal justo en la etapa en que empiezan a definirse las elecciones.

El jefe de Estado, como no podía ser de otra manera, desplegó su ya clásico glosario, que incluyó tratar de parásitos mentales a los que hablan de justicia social, de genocidas a los senadores (suele usar ese término para el gasto pero no para genocidios reales), de degenerados fiscales a los que piden fondos para rutas y hospitales.

Milei volvió a recurrir ayer, en la Rural, a un tipo de discurso que no sólo expone abiertamente su visión política, social y económica sino, además, una concepción del poder. El libertario no acepta la disidencia externa ni interna:sólo están de su lado quienes se alinean de manera incondicional. Es, además, un discurso que establece fronteras infranqueables:dijo que sólo hay dos modelos y que no se puede ser neutral ni tibio. La grieta reversionada.

La transparencia de Milei, que algunos podrían calificar de brutalidad, habilita además conductas que hasta no hace demasiado eran impensadas. Ayuda a exponer, en muchos casos, sentimientos o pensamientos que, por vergüenza o corrección política, solían reprimirse:ayer, por ejemplo, en la Rural no sólo festejaron entusiastamente la baja de las retenciones sino, además, el anuncio de que se vetará el aumento a los jubilados. Son 22 mil pesos más para quienes hoy ganan $ 309 mil por mes. Según el Indec, un argentino necesitó en junio 365.177 pesos para no ser pobre. Con el incremento que votó el Congreso, las jubilaciones mínimas ni siquiera alcanzarían ese umbral: llegarían a $ 331 mil.

Cuando lo dijo, Milei recibió una ovación, no sólo con aplausos sino además con gritos de satisfacción. Una declaración de principios. Pero, además, una anticipación, como dijo el Presidente, de qué tipo de sociedad se está construyendo. Se aplaude una medida que beneficia a un sector que produce y, a la vez, una que perjudica a otro que se considera improductivo.

Era lógico, porque algunos cultivos están yendo directamente a pérdida, que el esquema de retenciones se revisara. Es un sector que invierte y arriesga, que genera riqueza. Sin embargo, ¿no es una necesidad revisar también qué tipo de vida están sobrellevando los jubilados?¿O si no es peligroso desinvertir en infraestructura básica?¿Oqué consecuencias tendrá para el país, para el futuro del que habló Milei, desfinanciar a las universidades y a la investigación científica?

Milei hizo un discurso de campaña que prefiguró cuáles serán los ejes en los que se centrará el oficialismo. El Presidente aglutinó en un único concepto a todo lo que no sea oficialismo:la casta. El Partido del Estado. Ahí está la oposición, los diputados, los senadores, que responden a los gobernadores, y, por supuesto, la defenestrada Victoria Villarruel, vicepresidenta ella, acusada ahora por su antiguo aliado de andar gastándose la nuestra para rosquear por el interior del país.

El Presidente le pegó a todo y a todos, aunque dejó una hendija abierta en la relación con los gobernadores. En una entrevista que dio después de su discurso, con un periodista libertario por supuesto, señaló que confía en que los mandatarios terminen reflexionando y apoyando el veto contra la moratoria previsional, el aumento a los jubilados y la emergencia en discapacidad, que ellos mismos habilitaron a votar en el Congreso.

En los últimos días surgieron versiones de que la Casa Rosada comenzó a negociar individualmente con los gobernadores para tratar de quebrar esa liga de 23+1 que conformaron y que les permitió imponer en el Senado la redistribución de los ATN y del impuesto a los combustibles para que las provincias reciban fondos que reivindican como propios pero que la Nación retiene. En Córdoba, en el Panal, señalan que no les consta que se haya abierto una línea con algunos mandatarios. “Por supuesto que estamos dispuestos al diálogo pero no vamos a movernos de donde estamos:la Nación se está quedando con recursos que tienen que coparticiparse y que hoy concentra sin prestar ningún servicio a cambio”, indicaron en el gobierno cordobés.

En la provincia se produjeron en los últimos días dos hechos políticos notorios. Uno fue el Derecha Fest, organizado en el Quorum, en el que el mileísmo se regodeó en sus temáticas obsesivas y sus símbolos con reminiscencias fascistoides. Todo enmarcado en un estilo exaltado, en el que se mezcló la política y el esoterismo de las Fuerzas del Cielo. Fue un acto en uno de los bastiones de Milei -sacó el 74% de los votos- con el que el oficialismo apuntó a motivar a su electorado más convencido.

El segundo episodio, más formal e institucional, sin banderas con letras góticas, fue la cumbre de la Región Centro, en la que los gobernadores Llaryora, Maximiliano Pullaro, de Santa Fe, y Rogelio Frigerio, de Entre Ríos, no se limitaron a un encuentro protocolar sino que remarcaron que seguirán exigiéndole al poder central los recursos que deben ir a las provincias. Los mandatarios subrayaron, como suele hacer el cordobés, que si ellos no hubieran contenido la situación social el país sería una bomba a punto de estallar y hasta rememoraron en un video de 5 minutos la relación siempre tirante entre Buenos Aires y el interior. “Nos han saqueado económicamente durante décadas”, dice el video institucional que consensuaron los tres gobiernos.

No es menor como gesto político que tres provincias ricas del centro productivo del país acuerden una postura de ese tenor.

Los reclamos que desglosaron fueron numerosos; entre ellos estaban las retenciones. ¿Quedó anulado el planteo a partir del anuncio de Milei en Palermo? Llaryora se apuró a dejar en claro que no. Si bien valoró la baja, insistió con la eliminación permanente de los derechos de exportación y, además, señaló que si Milei actuó fue producto del reclamo de su gobierno y de la Región Centro. “Pelear por Córdoba da resultados”, indicó el gobernador en un posteo en X. En la misma línea opinó Juan Schiaretti: “La realidad es que la situación para el campo sólo vuelve al escenario anterior a la suba del 1 de julio. Por eso seguiremos reclamando hasta que las retenciones se eliminen por completo”, indicó el ex mandatario.

Las retenciones son, además de un mecanismo de recaudación, un instrumento de disputa política. En la antesala de las elecciones legislativas, el cordobesismo había definido que sería uno de los pilares en los que anclaría su discurso. Con el anuncio de Milei el tema seguirá presente aunque, obviamente, perderá fuerza como argumentación. Además, le dará a la oposición provincial un eje propio:los aliados de los libertarios le exigirán al gobernador que baje sus propios impuestos.

Ahora, las urgencias que aparecerán en el discurso del cordobesismo serán otras; algunas ya integran el abanico de cuestionamientos que vienen haciendo los gobernadores en general y Llaryora en particular.

En los últimos días, el oficialismo recibió dos encuestas que le mostraron la misma foto: a pesar de que el Presidente enumera sus logros de gestión, a tal punto que en el Derecha Fest llegó a decir que ya es el mejor gobierno de la historia, hay un malestar social y económico que provoca que la imagen de Milei siga deteriorándose. No está en niveles críticos pero mantiene una tendencia hacia la baja.

En Córdoba, aún con su historial electoral más reciente, hay una serie de concepciones mileísticas que incomodan: la falta de obras, la desinversión en salud y educación, la apertura de importaciones que afecta el empleo. Ahí, en ese núcleo, se asentará el discurso de Llaryora y Schiaretti en los próximos meses.