El fútbol argentino ha contado con el paso de miles de jugadores a lo largo de su historia, muchos de los cuales perduraron en el tiempo tanto por los años de trayectoria como por el recuerdo dejado en el hincha o en el espectador común. Ya sea en Primera División o en las categorías del Ascenso, varios de los protagonistas son recordados por sus actuaciones e, incluso, por las gestas conseguidas a través de las mismas.
Es el caso de Jorge Antonio Vivaldo, alias “el Flaco”, quien fuera arquero tanto en la Primera como en la antigua B Nacional (ahora llamada Primera Nacional) de equipos como Chacarita, Colón, Olimpo y otros. Conjuntos en los que Vivaldo inmortalizó atajadas de jugadas y también de penales, las cuales lo transformaron en un ídolo de referencia para las hinchadas de dichos elencos.
El pasado jueves el Flaco cumplió 56 años. Hoy director técnico, Vivaldo no olvida aquellos años como jugador y se dispone gentilmente a compartirlos por la presente con PUNTAL.
-Han sido 22 años de su carrera como futbolista. Hoy que pasó el tiempo, ¿qué análisis hace de la carrera que tuvo?
-La verdad es que fue una carrera hermosa, con la particularidad de que volví a jugar al fútbol a los 20 años. Porque hice inferiores en Racing y cuando tenía 15 años mis papás se separaron. Yo soy el mayor de cinco hermanos y tuve que comenzar a trabajar en ese momento, entonces dejé de jugar al fútbol. Cuando tenía 19 años comencé a jugar una liga en Florentino de Ameghino en la provincia de Buenos Aires, que viajaba los fines de semana y en la semana jugaba un torneo nocturno. Y ahí me vieron los dirigentes de Arsenal. Yo me había mudado a Sarandí hacía dos años y con 20 años me llevaron a hacer una prueba a Arsenal y quedé. Y ahí comenzó la carrera, o sea que ya arrancamos de algo que no es natural. Juego el primero en Reserva, salimos campeones y ahí arranca mi carrera. Tuvel a chance también de ir a Deportivo Español a préstamo un año, que era muy difícil en ese momento pasar de la B Metropolitana a Primera División. Y, si bien no jugué, tuve la suerte de ser suplente de Pedro Catalano, que fue un monstruo que me enseñó. Mucha gente no sabe que, detrás de mí y en ese equipo, muy chiquitos y con 20-21 años venían Pontiroli (Marcelo) y Campagnuolo (Gustavo), así que miren qué camada de arqueros que salimos de ahí. Yo sabía que ellos también tenían un futuro enorme. Mi carrera ha sido algo maravilloso, muy particular, porque a los 20 años volví a jugar al fútbol y a los 32 años debuto en Primera División. Y, cuando todos están terminando sus carreras,tuve la bendición de poder seguir jugando pasando los 40, que es algo muy bueno.
-Dentro de esa carrera maravillosa a la que hacía mención, ¿cuáles fueron los mejores momentos que le tocó atravesar?
-He tenido una carrera gracias a Dios muy pareja. Obviamente que cuando uno llega a Primera División se empieza a destacar más. En Primera me ha tocado muy bien, tanto en Chacarita como en Olimpo de Bahía Blanca. El único año que por ahí uno se pone más triste fue con Tiro Federal, pero fue porque no pudimos mantenerla categoría. Pero ese también era un equipo muy lindo, que tuvo muchos problemas a nivel institucional. En un año cambiamos cuatro veces de entrenador. Nosotros habíamos logrado resultados buenísimos, empatando con Boca, ganándoles a los grandes... pero bueno, no lo pudimos sostener y nos tocó descender con Instituto de Córdoba. Entonces por ahí eso fue de lo que me queda la mancha, pero yo creo que eso y los ascensos con Colón, Independiente Rivadavia de Mendoza y Chaca son los momentos cumbre.
-En Chacarita es como una referencia. ¿Qué siente cuando la gente le dice que es su ídolo?
-Me da un poquito de vergüenza (risas). Pero bueno, te lo hacen sentir. Cuando voy a la cancha aver los partidos prácticamente no puedo caminar por el estadio y eso es algo que uno tiene que agradecer, porque pasan los años y, sin embargo, la devoción sigue intacta, me pasan cosas muy lindas. Por ahí se me arrima un chico de 25 años y me cuenta que el primer recuerdo de haber ido a la cancha es con el papá o con el abuelo, que hoy ya no lo tiene, y que el arquero era yo. Y esas cosas te llenan de emoción, porque para nosotros, que somos hinchas y enfermos del fútbol, sabemos lo que significa ir a la cancha con el papá o con el abuelo que te acompañaba. Yo tengo los recuerdos míos de ir a la cancha y mi viejo era fanático de Boca. Iba a ver a Gatti (Hugo) y ahí me hice arquero, ahí me volví loco y quería ser arquero. Y cuando te pasan esas cosas es algo hermoso pero te da un poquito de vergüenza.
-Mencionaba al gran Loco (Gatti). ¿Era su referente en el puesto?
-Sí, totalmente. Lo más grande que vi en el arco. Lo que transmitía, las cosas que hacía. Me tocó vivir la mejor etapa de él. Yo de pibe era hincha de Boca, lo cuento siempre. Era de Boca por Gatti y después que se va Gatti y empieza a atajar el Mono (Navarro Montoya), otro fenómeno... cuando Gatti dejó de jugar yo dejé de ir a ver a Boca. Una cosa de locos, yo lo iba a ver a él. Cuento siempre que antiguamente la cancha de Boca abajo se comunicaba toda la cancha y vos podías dar la vuelta, que era el lugar destinado a los socios. Y yo iba con mi viejo y todos iban a ver el ataque de Boca, se pegaban atrás del arco donde atacaba. Y yo iba a ver a Gatti, me la pasaba viéndolo a él. Los gestos, las cosas que hacía... Después tuve la bendición de conocerlo.
-¿Es verdad que por un día fue jugador de Boca? ¿Qué fue lo que pasó en aquel 2004?
-Yo termino de jugar el último partido del torneo a préstamo en Bahía Blanca, en Olimpo. Y mi pase pertenecía a Chacarita. Dos años antes tuve una lesión de ligamentos cruzados. Cuando me rompí la rodilla Chacarita lo trajo al Mono, a Navarro Montoya. Cuando me recuperé el Mono estaba atajando. Empieza un torneo y el Pato Pastoriza (José), otro fenómeno que siempre iba de frente, me dijo: “Flaco, más allá de que lo traje al Mono, si el día de mañana estás mejor...”. Y le digo: “Mire, Pato, no le puedo dar esa ventaja a Navarro Montoya”. Justo juegan un amistoso con Olimpo, que necesitaba llevar a un arquero, y Falcioni (Julio) me vio entrenando antes del partido y me habla para ir a Bahía Blanca. “No importa que falten fechas, yo hablo con el presidente”, dijo. Me llamaron, me llevaron igual y gracias a Dios en la cuarta fecha ya atajé y mis dos años en Olimpo fueron extraordinarios. ¿Por qué cuento esto? Porque estaba a préstamo de Chacarita. Ese año desciende Chaca y yo estaba muy mal y no quería ni atender el teléfono. Cuando suena y atiende mi mujer era Toti Veglio (Carlos). Y me empieza a hablar y me cuenta que Boca se iba de gira. Que había dos partidos en Estados Unidos, tres en Inglaterra, dos en Japón. Y que el Pato (Roberto Abbondanzieri) se iba a la selección mayor y Wilfredo Caballero, al juvenil. Y Boca necesitaba un arquero para la gira. Cuando empezó a decir así me empezaron a transpirar las manos. Me dice: “Carlos (Bianchi) quiere que vengas, quiere hablar con vos, te quiere traer”. Yo también tenía esas cosas que contra Boca la rompía. A la noche hablé con Carlos. Eran las 6 de la tarde y me dijo: “Llamalo a las 9”. En vez de tres horas, parecían tres días... Y hablé con Carlos, la verdad es que es un fenómeno. Me invitó y me dijo que me quería llevar, que necesitaba un arquero. Ellos en esa semana jugaban la final con Once Caldas, el día jueves. “Nosotros el martes viajamos a Manizales, a jugar la final. Usted el lunes, en ocho días, preséntese en Casa Amarilla á hacer los trámites”, me dijo Carlos. Terminó, llamé a Toti y le conté todo lo que había hablado y dijo: “El tema es así. Él te quiere conocer como profesional, como arquero ya te quiere traer hace tiempo”. Y Wilfredo se iba, entonces era para quedarme a ser suplente del Pato y pelear el puesto más adelante. Imaginen que cuando explotó esta bomba era terrible. En Bahía Blanca, si bien estaban tristes de que me iba,estaban felices porque era un traspaso de un club ascendido a Primera por primera vez que venía a jugar a Boca. Y hasta el mismo dueño del pase mío me dio la venia para que vaya, porque el pase era de Chaca. No era como ahora que hay que renovar contrato, antes los clubes eran dueños de los pases. Boca pierde esa final y el domingo a la noche Bianchi se pelea con Macri (Mauricio) y renuncia. Yo ya tenía el pasaje de avión y todo para ir a Buenos Aires. Y me llamaron y me dijeron que viajara igual, que sí me querían llevar porque estaba la gira. Hice los trámites en migración y todo menos firmar un contrato. Y Beraldi (José) se juntaba al mediodía con Brindisi (Miguel) y me dijo que seguramente iba a ser el entrenador. Me mandan a un programa, ya que Boca tenía un canal que transmitía 24 horas en continuo y el programa central era de Marcelo Palacios. Fui al programa a hacer la presentación y después pasó lo que está en YouTube colgado. Salen de la reunión diciendo que Brindisi era el técnico pero que no necesitaba un arquero. Y después lo llevó a Medrán, pero bueno...fue terrible. En vivo y en un programa de televisión. Y lo peor de todo fue que en ese momento Olimpo ya había contratado a un arquero y terminé de casi atajar en Boca a ir a Chacarita, que no me dejó ir a otro lado porque era el dueño de mi pase, y jugar en la B Nacional. Fue una cosa increíble. La verdad es que un tobogán y un sube y baja que hoy en día no pasaría.
-¿Considera que es la cuenta pendiente que le quedó ese pase que finalmente no se dio?
-Hubiese sido lindo jugar en uno de los equipos más grandes de Argentina. Yo he tenido la suerte y la bendición de atajar en equipos populares, grandes como Chaca, Colón, Independiente Rivadavia. Encima salir campeón en esos clubes, que llevan gente de verdad. Pero sí, eso de Boca y haber ido a jugar al exterior, que siempre fue algo que rechacé y después como entrenador tuve la suerte de hacer y me arrepiento de no haberme ido a jugar afuera, porque también hubiese cambiado bastante mi carrera. Pero, como también decía al principio, no es algo que me reproche. Es una elección que también tendré hoy en día pero con la experiencia de haber vivido estas cosas.
-Mencionaba a Colón. ¿Cómo fue aquel ascenso inolvidable en los 90?
-Una locura total. Colón hacía muchos años que estaba en la B. Yo llego el primer año en la temporada 93/94 y ellos venían el torneo anterior de perder un ascenso por penales contra Banfield que fue histórico, porque Colón tuvo cuatro veces la chance de ascender y no pudo. Y la gente estaba descreída. Nosotros hicimos una campaña bastante aceptable y entramos al reducido, nos eliminó Instituto. Y al otro año se armó este equipo que fue maravilloso. Imaginen que la defensa esa era Ibarra, Ameli, Kobistyj y Unali. Los jugadores que había eran una cosa extraordinaria. No fuimos campeones directos porque también ese año estaba el Estudiantes del Mago Capria (Rubén), de la Bruja Verón (Juan Sebastián). Pero ascendimos en el reducido. Jugamos la primera final en Tucumán con San Martín y la ganamos allá uno a cero y la vuelta fue una locura. Llegamos a Santa Fe y estuvimos tres horas para poder llegar a hacer un trayecto de 2 kilómetros y llegar al estadio. Nos movían el micro, se subían al techo... nunca vi una cosa igual, nunca. ¡Y todavía faltaba la revancha! Nosotros éramos juiciosos, habíamos ganado y dado un buen paso pero había que jugar la revancha. El día de la final no podíamos llegar al estadio. Salimos del hotel como tres horas antes del partido y llegamos al estadio como una hora antes, se desbordaba todo. Ganamos tres a uno y recuerdo que a los tres minutos ya íbamos ganando, con gol del querido y recordado Pampa Gambier (Miguel). Y fueron dos semanas de festejo, así, literalmente. A los dos años nos toca ser subcampeones en Primera División, que era la mejor campaña de Colón Hasta ahora, que salió campeón de la mano del Pulguita (Luis Rodrí-guez) y de Edu Domínguez. Pero era todos los días caravana en la costanera y festejos, una cosa extraordinaria. Es una locura lo de Colón. Un equipo que llevó más de 40 mil personas a otro país, no se entiende. Una locura.
-¿Cómo fue la experiencia en Tiro Federal? Teniendo en cuenta que era un equipo que llegaba por primera vez a la máxima y que estuvieron cerca de la permanencia.
-Lo de Tiro viene justo después de ese año que voy a Chacarita a jugar en la B Nacional. Que ese año fue un desastre porque nunca me firmaron el contrato, no cobré en todo el año y, tres meses antes de que termine el torneo, me fui porque no me pagaban. Y después tuve que volver a jugar una final por el descenso con Defensores de Belgrano, que tuve la bendición de atajar el penal que nos salvó. Ese fue mi último partido en Chaca y por eso la idolatría de la gente. Y como premio me dieron el pase. A los 38 años me quedé con el pase en mi poder. Y aparece Tiro Federal, un lindo desafío. Lo que pasa es que era un equipo que se armó diez días antes de empezar un torneo. Porque se fue el Chaucha Bianco (José), que era el técnico que había ascendido, y llegó el Profe Castelli (Jorge) también, que en paz descanse. Y tuvo que armar un equipo nuevo y no conocía el medio local, porque hacía mucho tiempo que estaba dirigiendo en Estados Unidos. Entonces armamos un buen plantel pero sin tiempo de pretemporada. Finalmente entrenamos diez días antes de empezar el torneo, diez días sin jugar un amistoso. Arrancamos muy mal, el Profe se va y llega el Indio Solari (Jorge). Y cuando llegó empezamos a ganar, a jugar bien,a hacer un torneo hermoso. Desgraciadamente el Indio se pelea, se va y viene la segunda rueda Oscar del Solar, un técnico chileno. Que también era la primera vez que trabaja en la Argentina, si bien conocía. Ahí nos costó un montón el cambio de lo que hacíamos con el Indio y ahí ya fue muy difícil. Ganábamos partidos pero ya no teníamos la intensidad que teníamos con el Indio.
-Así y todo una campaña que se la recuerda, ya que el Cachorro Cámpora (Javier) hizo muchos goles y con el Boca bicampeón empataron 0 a 0 en el Apertura y en el Clausura pierden por la mínima en la Bombonera.
-Sí, empatamos en la cancha de Newell’s y nos ganó Boca en la Bombonera, con dos goles de Bilos (Daniel). Y, respecto al Cachorro, fue el goleador del torneo. Una locura para un equipo que terminó descendiendo. Y había muy buenos jugadores. Buján (Hernán), Tilger (Daniel)... pero tardó en formarse ese equipo y esa fue la bronca que nos quedó a nosotros. Sabíamos que nos podíamos salvar porque teníamos material. Éramos muy buen grupo aparte, muy buena gente. Pero bueno, son experiencias también que uno va recogiendo a lo largo de su carrera. Fue la única vez que me tocó descender. Fue durísimo, feo y me lesioné también faltando seis fechas,en la cancha de Instituto jugando con ellos, en un partido que ganamos 4 a 3 en el barro y tuve un esguince de rodilla y no pude atajar más. Así que fue también ese recuerdo.
-Trasladándolo a sus inicios de lo que hoy en día hace, su carrera como entrenador, ¿cómo fue el arranque en Temperley?
-Particular, porque fui a atajar el último año, me obligó Bazán Vera (Daniel) (risas). Siempre me decía: “Tenemos que jugar un año juntos aunque sea”. La idea era ir seis meses y justo se fue el entrenador. El Temperley de ese momento no era el de ahora ya que había muchos temas económicos, venía de levantarse de una quiebra poco tiempo adelante. Entonces mis propios compañeros, Orfila (Alejandro), Bazán Vera, Crivelli (Federico), me dijeron: “Por qué no agarrás el equipo vos, que ya sos técnico”. Y bueno, con 42 años me la jugué y nos fue muy bien. Entramos a un reducido después de 14 años y nos quedamos afuera con Sarmiento de Junín en esa B que era fuertísima, porque estaban Chicago y todos los grandes. Y al otro año hicimos una muy buena campaña y ahí arrancó esta locura hermosa de ser entrenador.
-Viene de estar en Acassuso y estuvieron muy cerca pero no se dio. Tras eso, ¿ha recibido alguna oferta?
-Sinceramente, después de Acassuso me quedé esperando una oferta muy firme que tenía de ir a dirigir a Ecuador. Tenía ganas de volverme al exterior por todo, cuestiones económicas. La verdades que acá se me está haciendo muy difícil poder trabajar en Primera porque hay muy buenos entrenadores también y es una realidad. Y cuando estás trabajando mucho tiempo en el Ascenso a veces se te hace más difícil. Yo en Primera solamente he dirigido en Uruguay y en Colombia, entonces acá no he tenido la chance. Y preferí esperar. Tuve algunas ofertas de equipos de la B Metropolitana y tenía la esperanza de agarrar un equipo de la B Nacional, pero al final no se terminó dando. Y no se dio lo de Ecuador por muy poco, así que preferí esperar a que pueda salir algo, alguna posibilidad de ir al exterior porque me gustó. Es enriquecedor, más allá de que lo económico a uno lo seduce. Pero buscando seguir creciendo, día a día.

