Con resignación nos estamos acostumbrando a la congoja. Atravesamos un tiempo de penumbra. La muerte del arquitecto Jorge Omar Ramallo se inscribe en esa interminable conmoción de pesadumbre que golpea por donde sea, aturdidos a veces por la peste, sin contactos, sin noticias de preaviso, un destello de imprevistos; por eso, impacta el inmediato tiempo pasado al instante de ocurrido.
No obstante, es un acicate al momento de desafiar a la necesaria memoria, como en esta ambigua ocasión: de alta tristeza por un costado y de rotundos amables recuerdos por otro.
Básicamente recordamos a Jorge Ramallo como subsecretario de Cultura, por añadidura presidente de la Fundación por la Cultura, en las administraciones municipales de Benigno Rins 1991-1999 y de Juan Jure 2004-2008. Cumplió con generosidad una función pública de inagotable proyección creativa en las propuestas artísticas que le fueron distintivas. Multiplicaba proyectos y proposiciones a destajo, lo que no existía lo inventaba. Con una virtud: fue un funcionario “con obras”; destacándose por la acertada intervención en los edificios culturales, ya sea terminándolos como el C. C. Trapalanda, el Viejo Mercado y el Teatrino, o bien modernizándolos con luminosidad como el Museo de Bellas Artes, el Teatro Municipal y el Centro Cultural de El Andino, o bien creando y gestionando espacios nuevos como el Museo de Riel o el Museo Aeronáutico en Las Higueras, entre muchos. Tuvo siempre el convencimiento y el placer por trabajar en equipo, de tal modo, convocaba y convencía artistas al momento del armado de cada uno y en la propia Fundación.
Sus decisiones fueron tan personales como su valoración filo-estética de las artes, consecuente consigo mismo se hizo cargo de todos esos actos cuando fue menester.
Como corresponde admitir, tuvo adherentes fieles y fervorosos, y, asimismo, inevitables detractores, propios de las mil miradas posibles cuando de arte se interpreta. Pero, a nadie del ambiente le fue ajeno ese laborioso y tozudo quehacer suyo.
Es un gesto de gratitud reconocer que fuimos parte leve de esa trama, aun sin pertenecer a los cuadros del partido gobernante, pero sí, como representación de las sociedades literarias. Así, formamos parte del comité editorial -con Myrna Medeot y Justo Sorondo- de la revista La Trapalanda Literaria; con Lilián Nordio, Marcelo Nuñez y la infatigable Myrna también, de la primera época del periódico El Corredor Mediterráneo, el mismo que subsiste hoy en las entrañas de Puntal y en otras comunidades; y con varias entidades de la Feria del Libro Juan Filloy. Por referencias en lo mínimo de un acontecer ya distante que perdura.
Recibido en La Plata, a la par en las artes plásticas fue pintor, escultor y docente en su Facultad, en el Da Vinci y el Ipet Ambrosio Olmos; creador del Espacio Arte; son recordables sus particulares y vistosas aerografías; sociable y afectuoso anfitrión en su casona vieja, la del patio con árboles ancestrales.
Cumplió funciones directivas en la Sociedad de Arquitectos y en la Asociación Riocuartense de Plásticos. Escribió libros didácticos, recibió premios, expuso obras en Córdoba, Buenos Aires y Río Cuarto. Más reciente en el tiempo, escribió una detallada memoria sobre la cultura local, para la cual recabó detalles de los documentos y los propios protagonistas.
Nació Jorge Ramallo en esta ciudad el 13/3/1948, la misma que hoy lo despide con sentimientos de consideración y piedad a los 72 años. Casado con su inseparable compañera, María Susana Carballo, fueron padres de tres hijos, con similares aptitudes para las artes.
Cuando se escriba la pequeña gran historia sobre la acción oficial en las artes, el espectáculo y las obras de mejoramiento de los espacios municipales en esta ciudad común, el arquitecto Jorge Ramallo tendrá bien ganada su página referencial.

