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Ganadería y contaminación: "Se crean grandes mentiras sobre pequeñas verdades"

José Jáuregui es agrónomo y docente de la Facultad de Ciencias Agrarias en Esperanza. Pero es un "apasionado por el pasto", como se define, y un estudioso de las emisiones de metano del vacuno

Cada tanto hay una vuelta virulenta al debate por la incidencia de la ganadería en las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, en particular del metano. La discusión suele encenderse desde alguna opinión de celebrity surgida de algunos de los países del primer mundo, en general europeo. Y desde allí, como cascada, se desatan opiniones y papers a favor y en contra del impacto que tienen los rumiantes en el ambiente.

José Jáuregui es agrónomo y un apasionado en el tema, y suele además ser parte de esa cascada de discusiones, incluso a través de las redes sociales, en especial Twitter. Allí suele volcar los argumentos científicos para relativizar los cuestionamientos a la actividad ganadera a la que destaca por su gran aporte a la alimentación mundial. En su perfil de la red del pajarito se define como “apasionado del pasto, las vacas y los sistemas agropecuarios sustentables”. Además, dice que es un “cazador de mitos”. Ayer, participó en la Sociedad Rural de Río Cuarto de una charla sobre “ganadería, sustentabilidad y tecnologías para hacer más resiliente la actividad”. Antes, habló con Tranquera Abierta sobre emisiones del ganado, la comunicación del sector y cómo las nuevas generaciones son más permeables a ciertos discursos alejados de la producción agropecuaria.

“Hoy tenemos animales que, como en cualquier sistema de producción, emiten. Y cuando uno empieza a profundizar en esto, vivir genera un impacto. Para no generar impacto no habría que nacer porque incluso morir genera impacto”, plantea Jáuregui para enmarcar la conversación.

Y agrega: “La producción de rumiantes cumple un rol esencial en la alimentación de los seres humanos. Desde ese lugar, cuando se proponen medidas medio dramáticas como eliminar la ganadería y empezar a hacer carne artificial, nadie explica bien cómo sería. Además, los sistemas de producción de carne artificial demandan altísimas cantidades de energía y de hecho en términos de emisiones son mucho más nocivos”, completa.

Y habría que resolver el tema de la escala...

Bueno, claro! Yo siempre pienso qué divertida esa discusión del primer mundo y la distancia abismal que hay con la realidad de Europa, que es de donde vienen muchas veces estos mensajes, y un país como el nuestro, el norte de Santa Fe o el norte argentino en general, donde la ganadería es en muchos casos una actividad de subsistencia. Y no solamente pensando en vacas, sino también pensando en cabras u ovejas. Entonces uno observa rápidamente que la ganadería cumple un rol fundamental, no hay nada que la pueda reemplazar y el impacto que tiene, cuando uno utiliza métricas modernas para cuantificar gases de efecto invernadero, efectivamente encuentra que emiten metano, pero que es un gas de muy corta vida en la atmósfera.

¿Cómo es eso?

Hay falta de información de lo que implican los gases de efecto invernadero y la media de vida de esos gases. Porque comparamos metano con dióxido de carbono y no son comparables. El metano tiene 12 años de vida media en la atmósfera, y genera un calentamiento rápido que después se enfría y se diluye. Por su parte, el dióxido de carbono es generado por la energía fósil, que es hacia donde van muchos de estos sistemas de producción, por ejemplo de carne sintética o artificial.

En ese caso sería reemplazo por algo peor...

Hay mucho lobby detrás de todo esto. Pensemos quiénes son los grandes promotores de la carne sintética o de proteínas vegetales que simulan proteínas animales y aparece un Bill Gates y otros que parecen interesados en el medio ambiente y su conservación, pero resulta que invierten mucho dinero en empresas que se dedican a hacer carne sintética. Por supuesto que intereses y lobbies hay de todos lados, pero es bueno saberlo para entender de dónde vienen los mensajes. Y después, ¿son mensajes que representan a una porción grande de la población o vienen de grupos minoritarios que tuercen la discusión? Por último, en un país con casi 50% de pobres, ¿es razonable estar pensando cuál es el impacto de una actividad productiva cuando hay gente que no come? Se mezcla todo, pero es interesante del debate y hay que abrir la cancha para el que pueda pensar distinto.

Un punto que siempre se destaca de la ganadería es la compensación que tiene por las hectáreas sembradas con pasturas, que captan dióxido de carbono...

Exactamente. Ahí también, en cualquiera de estos sistemas, incluyendo producción industrial, pienso por ejemplo cuánto dióxido de carbono van a capturar haciendo carne sintética y la realidad es que será cero. Habrá entonces emisión neta. Las pasturas no son todas siempre buenas y en eso Argentina tiene mucha tarea por hacer en términos de suelo y otras cosas por mejorar; pero cuando se compara uno ve que hay algo verde, y si hay algo verde hay fotosíntesis y si hay fotosíntesis hay captura de dióxido de carbono del aire que lo estamos metiendo en parte en el suelo, en parte en la planta y parte se lo come la vaca. Eso es un circuito muy diferente a cualquiera que se plantee de producción industrial de alimentos de este tipo, y en particular de carnes sintéticas que necesitan aminoácidos y energía fósil para producir. Ahí hay un contraste que muchas veces se olvida. Y también hay cierta creencia popular de que los animales viven adentro de un establo y consumiendo grandes cantidades de granos y energía para su producción, y eso es falso también.

Suena a película norteamericana...

Sí, en parte creo que tiene que ver con la visión hollywoodense de la vida, muy condicionada por las películas. En realidad, toda la actividad de cría a nivel global se hace a cielo abierto; no hay sistema de cría estabulado. La cría se hace en zonas relativamente marginales desde el punto de vista productivo, donde no hay un uso alternativo de la tierra, donde el rumiante no compite con la alimentación para el hombre, que es otro gran mito. En Argentina, entre el 90 y 92 por ciento de lo que come un rumiante no es digestible para el ser humano. Entre un 8 y 10 por ciento podría ser el equivalente a un grano, un expeller o algo que pueda comer el hombre. Entonces, muchos repiten que las vacas contaminan y además comen muchos alimentos que podrían destinarse al hombre en lugares que podrían ocupar cultivos y eso es en gran medida falso. Y muchas veces pasa que para construir grandes mentiras hacen falta pequeñas verdades, y por eso se agarran de algunas cosas que podrían ser, pero sobre eso montan una cantidad de cosas que son falsas. Sin embargo, son ideas que tiene fuerza y eso es preocupante. Mi gran preocupación es ver qué pasa hoy con las generaciones más jóvenes que consumen ese tipo de mensajes y de alguna manera son nuestros futuros profesionales, consumidores, y van a definir los sistemas de producción del futuro. Están consumiendo mucho esto sin mucho cuestionamiento, sin escuchar la otra campana.

Un mensaje que apunta más al público joven y que va ganando esa batalla...

En gran parte hemos perdido algunos espacios y creo que se debe a que no fuimos habilidosos comunicando, no hicimos un buen lobby como sector, profesionales y demás. Esos espacios los ocupó gente más radicalizada y entonces ahí surge la anti ganadería, anti agroquímicos. Incluso nuestra generación tenía cierta relación con los sistemas de producción, con entender cómo llegaba el alimento a nuestra mesa; íbamos a una granja, al campo. Hoy eso se desconectó y los chicos crecen muchas veces pensando que la comida aparece en el supermercado sin cuestionarse de dónde sale. No se piensa que para poder estar con calefacción en la casa mirando una serie en Netflix hay alguien que está produciendo alimentos, porque de lo contrario tendría que estar haciéndolo cada uno. Hay todo un desafío en esa materia que vamos a tener que abordar aunque no nos guste.

¿Cómo lo imagina?

Creo que hay un desafío hoy frente a las nuevas generaciones que es hacerlas pensar, que puedan reflexionar sobre cómo circulan mensajes que hay que desmenuzar, estudiar, interpretar y revisar. Porque hoy si un influencer con dos millones de seguidores dice algo, ya está, lo dijo María Becerra, por ejemplo.

Bueno, fue un ejemplo cuando habló de los terneros en los tambos...

Claro! Fue impresionante y la respuesta del otro lado, ¿cuál fue? Salimos a decir, a explicar, pero ya está. Y volvemos a lo anterior, porque ese mensaje pudo haber tenido parte de verdad, pero las conclusiones están mal, son falsas. Toman un ejemplo de un megatambo de Estados Unidos y esa es la realidad de todos los tambos del mundo. Y no! Salgan chicos, vean, recorran, cuestionen. Pero es muy difícil. Y no solo pasa acá en Argentina sino que se da a nivel global. En muchos lugares del mundo las sociedades urbanas están cuestionando al agro sin tener idea del tema y de cómo se produce. Y eso es parte del desafío que tenemos por delante.