“Los caminos de un chiste, un documental sobre humor” es una iniciativa que tuvo su origen hace tiempo, pero que se concretó durante este período de aislamiento y que nos acerca la reflexión de grandes del humor que analizan sus procesos creativos y el recorrido que hace desde su origen hasta el público que los sigue. Juan Barraza deja por un momento el mundo del stand up y hace una búsqueda como entrevistador que comparte en sus redes sociales con un formato de capítulos para este documental.
“La idea de revertir un lenguaje ya conocido y transformarlo en otra cosa siempre nos interesa. En lo que hacemos hay una desmitificación, que creo que les pasa a todos los humoristas, de cómo nos cuentan la vida, y por eso están la burla, la parodia y la farsa, con relación a que hay algo que no nos cierra o nos hace ruido”, dice en uno de los capítulos Diego Capusotto, uno de de los referentes entrevistados por Barraza, en la larga lista en la que se destacan hasta el momento nombres como Sebastián Wainraich, Tute, Natalia Carulias y Pablo Fábregas, entre tantos otros.
“El documental se filmó entre 2013 y 2014 con una productora con la que dejé de trabajar y, como nunca pusieron un editor, el material de horas y horas de entrevistas quedó huérfano durante años”, comenta Barraza sobre este proyecto que ya ha visto la luz en sus canales de YouTube e Instagram. “Este año, un amigo que es Mariano Nesci, decidió acompañarme y se sentó conmigo para trabajar sobre lo que teníamos grabado, por lo que gran parte de lo hecho es intervención”, explica.
- ¿Cómo te sentiste en el rol de entrevistador?
- No es que me sentí cómodo o incómodo, sucede que a la mayoría los conocía desde antes, pero después me junté con Capusotto, Liniers y Daniel Stoppelman, gente con la que no había tratado antes. De todas formas, en la edición tratamos de eliminar las preguntas y dejar que la gente hablara, porque los interrogantes eran más o menos los mismos, lo que me interesaba mostrar era el proceso creativo de los humoristas y cómo es distinto en un humorista gráfico, como Tute, que es más solitario, escritor, con fechas de entrega y cosas diferentes al que sube a un escenario o el que guiona para otros. Buscamos cubrir un poco el espectro, pero claro que hay mucho más para cubrir, en total son 20 episodios, aproximadamente, que creo que son muy jugosos.
- Como persona que trabaja con el humor, ¿cuánto te ayuda ese ejercicio de teorizar sobre lo que genera el humor?
- No me detengo tanto en eso, entiendo que hay público para todo y que nadie le gusta a todo el mundo. Hay mucho análisis psicológico y sociológico sobre la risa, el humor y demás, pero me parece que siempre desemboca en lo mismo, y uno cae en un lugar común: que el humor sana, que nos enfrenta a la realidad, etcétera.
- ¿Hubo algún criterio en la elección de los entrevistados?
- La decisión de quiénes entrevistamos fue por una cuestión de gustos propios, por afinidad y por la escena que existía en esa época. Me preguntan por qué no estuvo Radagast, pero en 2013 él no tenía el reconocimiento que tiene ahora, ni estaba en pareja con Fernanda (Metilli), que es amiga mía y así fue cómo lo conocí. Me fui juntando con gente que a mí me gusta, que tenía ganas de escuchar y que fuera medianamente conocida por la gente. Me quedó en el tintero un par, como por ejemplo me hubiese gustado juntarme con alguno de los integrantes de Les Luthiers, (Enrique) Pinti, o algún referente de la historia del humor. De todas formas, hay gente del humor gráfico, del clown, de la improvisación, del humor en radio, guionistas, productores y, mayormente, humoristas del stand up.
- Los entrevistados son hombres y mujeres, con diferentes experiencias, incluso de distintos países, pero mantienen como puntos de lenguaje común, ¿ves una universalidad del humor?
- Creo que sí, es lo que me permite reír de Benny Hill, del Chavo, y que hayan leído a Mafalda en Rusia, por ejemplo. Hay cuestiones culturales e idiosincráticas, pero hay una línea del humor que atraviesa fronteras y lenguajes. Hay humor que es universal contra todas las indicaciones, como lo puede ser una película muda de Chaplin o Buster Keaton, que no sé quién no lo entendería. Te puede parecer más o menos divertido, pero no sé quién no pesca que eso es humor. La comedia es conflicto, y hay conflicto en todos lados, hay piezas que si se las mostrás a un marciano las tiene que entender igual.
- Siempre se debate sobre los límites del humor, tras este trabajo, ¿qué reflexión te genera sobre si es posible hacer humor con todo?
- Creo que a los límites los pone uno, está bueno poder hacer humor sobre cualquier cosa, no creo que lo dañino sea de lo que se habla sino dónde se para uno. Hay que partir de la base que hacer humor es opinar, es un recorte de la realidad que nos rodea, uno elige sobre qué hablar y en qué vereda pararse. Todo chiste tiene una víctima, a veces pierdo yo, otras veces pierde otro, pero si se toca un tema escabroso como el aborto, la pena de muerte o la guerra, hay que ver de qué lado me paro. Podría hacer humor sobre la guerra de Malvinas, pero hay que ver qué tenés para decir, porque si te vas a reír de los pibes que mandaron al muere sin saber nada, a pasar frío, yo no te acompaño en esa como público. Si en cambio, hay un palo a la guerra, y el cuestionamiento es a quienes armaron la guerra y mandaron a morir a quienes no estaban preparados, ya la gente quizás está más de tu lado. Lo que define a un comediante y el chiste es la postura que tenga. Los temas están todos tocados, no censuraría a nadie, pero hay que ver quién sale perdiendo, de quién me tengo que reír según vos invitás.
- Avanzan conquistas de derechos de muchas minorías, y temáticas sobre las que antes se bromeaba ahora pueden ser consideradas como dañinas por algunos sectores. ¿Esto limita el campo de trabajo del humorista?
- Con esto sucede lo mismo. Por ejemplo con la lucha del feminismo no es que haya hecho chistes misóginos, pero he revisado lo que he escrito años atrás, y veo que hay algunos chistes que no diría de vuelta. No fueron hechos con mala intención, pero creo que indirectamente pueden colaborar a fijar estereotipos que no están buenos. Por eso, como humoristas tenemos que empezar a estar más atentos adónde y a qué llevamos a la gente a reírse.
- ¿Hay géneros que tengan más posibilidad de mantenerse en el tiempo que otros?
- En sí, los formatos tienen la posibilidad de sobrevivir al paso del tiempo, pero tal vez las miradas ya quedan algunas vetustas. Cosas con las que uno se reía como quizás (Alberto) Olmedo, hoy no me reiría, o quizás él no haría ese humor. No se puede juzgar con la lupa del 2020 lo que se hacía en el 1985. Me parece que evolucionamos y el humor es una expresión de la sociedad y los tiempos que vivimos, por eso, cómo uno se para ante cada tema puede cambiar. Los formatos siguen, lo que hago de pararme al frente de gente para hacerla reír es algo muy viejo.
Barraza se muestra muy activo en sus redes sociales, aunque asegura que no es lo que más le gusta de su trabajo.
- Trabajás mucho con las redes, ¿te gustan esos formatos más cortos y que te dan la posibilidad de trabajar con muchas temáticas distintas entre sí?
- No soy muy amigo de las redes, me encantaría no necesitarlas por mi trabajo, y si no trabajara de esto no tendría ninguna cuenta de nada, tendría un Facebook familiar para cargar fotos de los pibes y saludar a algún primo que no veo seguido, pero hoy en día salvo algunos de los históricos, el resto tenemos que comunicarnos con las redes y el juego pasa por allí.
- En cuarentena, aunque se suspendieron funciones, mantuviste tus shows online, ¿cómo te sentiste en ese vínculo nuevo con la gente?
- Estuve tratando de ser buen alumno con los shows online, me fui adaptando, cada vez me cuestan menos o me resultan menos ajenos. Porque uno trabaja sin la risa del público, hay que imaginarse la pausa que da la risa de la gente, no hay retorno ni la respuesta inmediata que da un show en vivo. Es un formato raro y nos vamos acostumbrando, hice 4 shows y ya me siento más cómodo que la primera vez. Estoy tratando de ser el mejor comediante que puedo ser en este formato online vía streaming. Cuando vuelva todo, volveré a lo mío que es el escenario.

