Una elección en tiempos interesantes

 Tanosolo 2020.

Juan Forn cita en el prólogo a René Leys, una novela del francés Victor Segalen, una antigua maldición china: “Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”. Porque un mismo hecho o proceso puede reunir una doble condición: ser cautivante para el espectador pero, a la vez, agobiante, o incluso trágico, para el protagonista.

Estamos viviendo tiempos interesantes, al menos por su excepcionalidad, por su carga histórica y su componente de imprevisibilidad e irresolución. Si no lo asumimos como un proceso atrapante es, precisamente, porque somos a la vez observadores y participantes.

Los efectos han alcanzado lo general y lo particular, lo global y lo individual. Lo macro y lo micro. Y se han manifestado también en el proceso político en el que Río Cuarto está inmerso por estos días. La pandemia, las cuarentenas, las fases 1 y sus derivaciones han provocado que una elección anodina, insípida, como hubiera sido en marzo, se haya transformado en una instancia interesante porque, de la mano de la inestabilidad y la incertidumbre, apareció la competitividad.

Quedan dos semanas de campaña por delante y, a esta altura, la única certeza provisoria que existe -aunque la combinación de esos términos pueda sonar a oxímoron- es que el 29 parece ser la fecha definitiva. Río Cuarto, si no ocurre nada extraordinario en esta época extraordinaria, votará ese día para elegir intendente, concejales y tribunos de Cuentas.

Tal vez para Juan Manuel Llamosas la elección en este contexto no sea precisamente interesante pero sí desafiante. Porque lo obligó a reconfigurar su plan de campaña, a predisponerse de otra manera y a afrontar la competencia con menos suficiencia.

Su peor momento fueron los meses de agosto y septiembre, cuando la pandemia arreció en la ciudad y se reflejó en la predisposición de un sector importante de la población hacia su gobierno. Pero, desde entonces, con la ayuda del gobierno provincial ha ido reacomodando algunas piezas que tienen como objetivo llegar al día de la votación en un contexto de normalidad, o al menos a uno que se le parezca.

Los casos diarios de coronavirus han caído por debajo de los 100 este mes pero, además, la gestión de Llamosas ha avanzado en un proceso de desaparición de restricciones más acelerado que a nivel provincial. En los últimos días se anunció que desde hoy están habilitadas las reuniones familiares, los encuentros al aire libre y las ampliaciones horarias en bares y comercios en general.

Ese tránsito hacia la normalidad, que la oposición califica de ficticio, contiene inevitablemente un correlato electoral. La necesidad de Llamosas es que con el correr de los días se vaya atemperando lo más posible el enojo provocado por el Covid y el manejo de la crisis sanitaria y se reinstale la agenda previa, menos hostil y más funcional a sus intereses. La persistencia del malhumor de algunos sectores, fundamentalmente del centro de la ciudad, puede ser una clave si no en el resultado en sí mismo, al menos en las magnitudes.

Llamosas viene de una semana en la que pugnó por monopolizar la agenda pública. Y lo hizo a fuerza de inauguraciones -habilitaciones en la jerga electoral para no violar ninguna normativa- en las que volvió a manifestarse el alineamiento entre la Provincia y su gestión. La Planta Cloacal, la pavimentación de la Buteler, el anuncio de la urbanización de las villas, la remodelación del Mercado de Abasto, fueron dosificados para generar un proceso de acumulación y centralidad.

La excepcionalidad de la pandemia no contribuyó a generar una campaña igualmente excepcional. Los dos partidos mayoritarios siguen las lógicas previas de captación de votos; otra vez se está desaprovechando la oportunidad de exteriorizar cuál es la ciudad que están pensando los candidatos con más chances de conducir la Municipalidad. En ese punto, por momentos se reitera una característica de 2016: la campaña, en cuanto expresión de concepciones de ciudad, se vuelve procedimental, metodológica: por ejemplo, Gabriel Abrile, candidato de Juntos por Río Cuarto, plantea constantemente la necesidad de hacer mejor lo que se hace; no hay un quiebre de lógica en ese aspecto ni la expresión de un perfil de ciudad que quiebre algunas tendencias que se vienen arrastrando. Hacer algo mejor es una cuestión de grados, de eficiencia, pero no postula una contraposición de modelos.

La acción de Llamosas, tanto sus actos de gobierno como su eslogan, está enfocada en expresar que seguirá por el mismo camino. Su anclaje está en las obras, en el alineamiento con la Provincia, que es una rueda de auxilio en época de crisis, y en lograr que se recupere la percepción de lo que hizo la gestión en los últimos cuatro años en contraposición con los cuatro que la antecedieron.

La novedad que ofrece Llamosas por ahora es más tácita que explícita: está aportada por la incorporación de un empresario como Germán Di Bella y un perfil productivo que, según admite el propio empresario, no está presente y debería desarrollarse.

Abrile, como no está en función de gobierno, debe manifestar lo que piensa hacer. Y, en ese plano, su perfil público se ha construido como un refutador del gobierno de Llamosas. Apunta a convertirse en el representante de los que, en plena pandemia, están enojados con el intendente por las consecuencias del Covid y las cuarentenas. En los últimos días ha reclamado, por ejemplo, que las colaciones de grado no sean virtuales sino presenciales. Puede parecer una irrelevancia en un contexto como el actual pero no lo es en términos de la construcción del candidato.

El equipo de campaña de Abrile, que implica una superación evidente con respecto al amateurismo del anterior, consiguió en la semana que pasó colarse en una agenda casi unánimemente dominada por el oficialismo. Difundió una encuesta realizada por una consultora desconocida, dirigida por Gerardo Heckman, en la que el candidato opositor aparece con una ventaja de 7 puntos.

Más allá de la confiabilidad del sondeo en sí, lo que se evidenció es otra capacidad de instalación. Abrile y el resultado de Test Consultores terminaron apareciendo en Infobae, lo que demuestra dos situaciones: que el Pro está movilizando sus influencias a nivel nacional y que existe un intento de nacionalización de la campaña riocuartense. Abrile, incluso, se acercó al ADN del Pro al presentar una propuesta de seguridad de reminiscencias macristas.

En la estrategia hay una búsqueda por explotar el antikirchnerismo local. El llamosismo apunta, por supuesto, al movimiento inverso: a municipalizar y a pegarse lo menos posible al gobierno de Alberto Fernández. No es casual, en ese marco, que casi no haya habido menciones, ni un agradecimiento al Presidente, por la designación de Río Cuarto como capital alterna de la Nación. El tema pasó, si se considera su relevancia simbólica, casi desapercibido para el gobierno local.

Los encuestadores cercanos al oficialismo sostienen que la jugada opositora de la encuesta es de vuelo corto y de efecto limitadísimo. En sus propios números, la ventaja de Abrile no existe sino, al contrario, un triunfo de Llamosas que hoy oscilaría, aseguran, entre los 6 y los 8 puntos. La ventaja varía de acuerdo a la cantidad de gente que vaya a votar ese día.

No sólo el nivel de participación sino otros factores serán de importancia. Dos de los tres encuestadores cercanos al PJ observan una pérdida de Pablo Carrizo y ahí se abre el interrogante sobre quién tiene más capacidad de captar esos votos. ¿Irán a Abrile, tomará algo Llamosas o podría alimentar la opción de Eduardo Scoppa? Cada elemento cuenta cuando un escenario se caracteriza por su atipicidad.