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De los hospitales a la hiperinflación

La protesta del personal de salud se expandió por toda la provincia y se convirtió en un problema político. El gobierno cordobés culpa a la "hiperinflación" pero busca a la vez soluciones de fondo

Cristina Kirchner está escribiendo. Reescribiendo. Mientras habla reacomoda las piezas, pretende hacer desviar la mirada, llevarla al pasado, a un pasado en el que todo habría sido bello y justo y en el que ella fue la constructora de esa belleza y esa justicia. Ahí está Cristina, no en esta realidad gris, turbia, que ofrece el presente, el presente crítico del ajuste, la caída del salario real, la inflación desbocada.

Cristina pelea contra el tiempo y la memoria. Que la gente se acuerde de un tiempo anterior, que se apropie de la versión edulcorada que ella edifica y que prescinda de los hechos actuales o recientes que marcan que es vicepresidenta, que el Alberto Fernández que ocupa la Casa Rosada es una creación de su genio político y que esta situación económica angustiante es también en parte su hija.

En La Plata, mientras su primogénito Máximo la vivaba a los saltos desde un paravalanchas que compartía con la exaltada Mayra Mendoza, la vicepresidenta llevó al extremo uno de los ejercicios habituales de la política: reconfigurar la realidad y la historia, crear una narrativa. Pero si una de las características constitutivas de un relato debe ser la verosimilitud, Cristina contó con que su interlocutor ideal omitiera la misma cantidad de datos que ella escamoteó.

Pocas horas antes, el Indec había difundido un informe que lacera mes a mes al gobierno que Cristina integra pero no integra y castiga fundamentalmente a la población: la inflación alcanzó el 88% en los últimos 12 meses y acumuló el 76,6% entre enero y octubre.

Sería un milagro de la política -que nunca hay que descartar- que un oficialismo sea competitivo electoralmente con una inflación en esos niveles. Por si fuera poco, las herramientas de las que dispone Sergio Massa parecen salir de la misma caja de siempre: acuerdos de precios que en la teoría existen pero en las góndolas no.

La inflación, que ha superado la frontera de lo manejable, está siendo la raíz de un encadenamiento de problemas que empeoran cada día. Pérdida de poder adquisitivo, caída de ventas, malestar social.

Ese cuadro ha ido disparando situaciones conflictivas. No sólo en el país sino también en otros distritos. Y si bien la inflación es el detonante, contribuye a exponer además déficits que se han sostenido soterradamente en el tiempo y que ahora encontraron el contexto propicio para salir a la superficie. Una provincia es Córdoba. Un caso es el de los hospitales.

Todo empezó en Río Cuarto con un conflicto casi marginal: los médicos de la terapia intensiva pediátrica del San Antonio de Padua amenazaban con renunciar si la Provincia no contrataba a un profesional más. La génesis es esa: el reclamo para cubrir un cargo. Solo uno. Después el cuadro se agravó por las renuncias de los emergentólogos, que hace unas horas terminaron acordando con la Provincia pero que, antes de arreglar, encendieron la mecha de un explosivo aún mayor. Se terminó sumando todo el personal del Hospital, el encapsulamiento de las primeras semanas se quebró y el conflicto se provincializó. Una situación absolutamente inoportuna para un gobierno que se encuentra en un doble movimiento electoral: MartínLlaryora lanzó su candidatura a gobernador y Juan Schiaretti había comenzado a transitar el país para exponer las bondades del modelo cordobés.

Ante la crisis de los hospitales, el gobierno provincial primero estableció una explicación: la atribuyó a la inflación, al fenómeno que carcome los salarios cada vez más rápido. Pero introdujo un aspecto novedoso: habló de hiperinflación. Según el gobierno cordobés, el país vive un proceso hiperinflacionario que arrasa con todo.

Técnicamente, el diagnóstico es desacertado: una hiperinflación implicaría un aumento de precios, como piso, del 50% mensual. El país está en el 6. La situación es grave pero no hiperinflacionaria.

La Provincia, por supuesto, lo sabe. Pero martilla con el término porque así le da mayor magnitud a un problema que lo trasciende y, por lo tanto, apunta a trasladar la mayor cantidad de responsabilidad que sea posible.

Lo que señalan los funcionarios de Schiaretti en off the record es que perciben comportamientos y dinámicas propios de una hiperinflación: reclamos salariales de hasta el 200%, disparidad irracional de precios, fugacidad en la tenencia de dinero porque la gente que tiene pesos ansía sacárselos rápido de encima.

Pero enfocar el conflicto de la salud sólo desde el punto de vista del diagnóstico -incluso con un diagnóstico hiperbólico como el que usa la Provincia- implicaría un riesgo considerable: no encontrar las razones intrínsecas, las que le son propias a la administración de Schiaretti y de su entera responsabilidad. En el oficialismo aseguran que no volverán a cometer el error de negar la existencia de un problema. Hay antecedentes cercanos que terminaron alimentando el costo político: pasó con el crimen de Blas Correas, con la inseguridad y, en Río Cuarto, con el médico trucho.

Un punto de quiebre en la estrategia de Schiaretti ante los conflictos fueron las muertes de bebés en el Neonatal. Ya no se optó por el paso del tiempo ni el silencio: los funcionarios recibieron a las familias y hubo cambio de gabinete.

Otro caso fue el de Oscar González. El legislador que se convirtió en un símbolo de los privilegios fue sacado del escenario. En el Panal creen que el veterano dirigente podrá demostrar su inocencia en el juicio pero, a la vez, lo declaran políticamente muerto.

En el conflicto de la salud, en el gobierno señalan que la Provincia actuará en dos sentidos: en lo urgente, pondrá plata en los bolsillos de los trabajadores para contrarrestar los efectos de la inflación; pero, además, avanzará en los problemas sistémicos que existen y persisten en el Estado. Hay situaciones potencialmente conflictivas en varias áreas. Un ejemplo conocido es lo que ocurre con los auxiliares escolares, que llevan años de precariedad laboral y sueldos de miseria. La intención del schiarettismo es generar una solución integral, en parte porque pretende evitar el encadenamiento de conflictos: que a la salud le sigan la educación o los policías.

Con respecto a la persistencia del conflicto, el oficialismo considera que la magnitud se irá atenuando. No acusa al personal de politizar el planteo para no exacerbar la situación pero juega al desgaste: la Provincia ya acordó con otros gremios, por ejemplo el SEP (siempre el SEP), para ir quitándole base de sustentación a la protesta.

Una de las preocupaciones del schiarettismo pasa por el potencial impacto electoral de situaciones como el conflicto de la salud, que se agregó en un plazo muy cercano al caso de Oscar González.

Por eso el oficialismo mandó a hacer una encuesta que se cerró hace apenas 72 horas. Según relataron en la Provincia, respiraron aliviados cuando vieron que las imágenes personales de Schiaretti y Llaryora no variaron, que sus índices de aprobación se mantienen en los niveles previos a la protesta.

Con ese dato entre manos, aseguran que la planificación electoral no cambiará, que Schiaretti insistirá con construir una alternativa por fuera de la grieta en el país y que Llaryora seguirá con su campaña camino a una elección que ya está en marcha.