A saber cuánto durará este regreso de Sergio Korn a esta ciudad que cobijó su nacimiento. Lo cierto es que por estos días anda por acá y que contar con él, con sus canciones, con la inquietud rebelde que le sobrevive con el paso de los años, es una excelente noticia. Como lo es que su nombre asome, varias veces asociado con el de Marcelo Frankel, por entre la menguada oferta artística a la que, entre otras cosas, arrastra este tiempo abismal que estamos viviendo, una vez más.
Como si estuviese haciendo suyo aquello de “qué más hacer en esta tierra incendiada, sino cantar”, que ha escrito el talento de Jorge Fandermole cuando temblaba todavía otra de nuestras al parecer irremediables crisis, Sergio ejercita de nuevo, con singular obstinación y talento, el oficio que abrazara hace ya muchos años. Y lo hace una vez más entre nosotros.
“Varias cosas me trajeron de vuelta, el amor desde luego, y un poco la fuerza de la historia, del pasado, del origen. Después de la muerte de mis padres, sentí el impulso de volver y acá estoy. Es cierto que, como decir, este tipo de reencuentros mezcla felicidad y melancolía. Y más aún que yo soy en esencia melancólico, me tira el pasado. Pero en vez de renegar de esa melancolía trato de transformarla en una fuerza y de dejarme llevar, me sumerjo y encuentro en ese sentimiento una riqueza. Es difícil evaluar de cuánto sirve ese retroceso, pero me gusta hurgar en el pasado, siento que es la manera, por lo menos la que yo tengo, de entender mi presente”, reflexiona.
Y sigue pensando en voz alta ante la sugerencia de que la nostalgia suele ser rica en términos de potenciar la creación artística: “Así dicen y la verdad es que me nutro mucho del pasado, de esos sentimientos que están asociados a la nostalgia y en algún sentido a lo que habitualmente se llama tristeza, pero siento que en la tristeza hay también como una fuerza vital y yo me hice amigo de mi tristeza: la guitarra ayuda para eso”.
Sobre la guitarra a la que se abraza y que devuelve el abrazo, dice: “Con la guitarra se produce un abrazo compartido: uno lo da desde la misma forma de tomarla pero también lo recibe, por lo menos en mi caso porque para mí ha sido el instrumento resonador, que me ayuda a transformar todos estos estados, estos sentimientos que viven conmigo, para transformar esas emociones en canción”.
El primer abrazo
Cuenta, recordando, que se trata de un vínculo antiguo: “Empecé con la guitarra a los 11 o 12 años, con un profesor que venía a casa, Antonio Lucero, que fue quien me transmitió los rudimentos de este instrumento, con un repertorio netamente folclórico. Antes mi madre, que era profesora de piano, había intentado enseñarme a tocar su instrumento, y lo hizo con el método de Conservatorio y se ve que me costaba mucho aprender de esa manera. Y por otro lado, una hermana de mi madre, la tía Coca, tenía una guitarra en su casa y cada vez que mi madre iba de visita y me llevaba a la casa de mi abuela, lo primero que yo hacía era ir a la pieza de mi tía y sacaba la Antigua Casa Núñez (N. de la R.: la marca más prototípica de entre las guitarras fabricadas en el país) del estuche marrón en la que estaba guardada, todavía lo recuerdo, debo haber tenido 5 o 6 años y me pasaba horas explorando el instrumento. Ese fue el primer contacto, el primer antecedente, de modo que cuando mi madre tiró la toalla, convencida de que no me podía enseñar a tocar el piano, yo le dije que quería aprender a tocar la guitarra. Yo no sé si la pidieron prestada o si la compraron, el hecho es que con el tiempo terminé aprendiendo con Antonio Lucero”.
Andar
Con ese instrumento a cuestas, comenzó a mostrar su inquietud cantora en esta ciudad cuando promediaban los 80 y desde entonces no paró de andar: “Es cierto que siempre he tenido un espíritu andariego, persiste pero un poco más sosegado a esta altura. Yo creo que viene un poco de familia. Mis dos abuelos eran inmigrantes europeos, uno polaco y el otro húngaro. Y sobre todo este último era muy gitano, se vino desde Europa en uno de los tantos viajes en barco que trajeron inmigrantes a este continente y llegó a las costas del Uruguay antes de venir al país, según los relatos de mi padre, y acaso ese espíritu sea un dato genético. Pero en lo concreto, descubrí que me gustaba mucho andar cuando me fui de mi casa a los 18 años, todavía en Río Cuarto. Y eso se reforzó cuando me fui a Córdoba, terminados los estudios y con el grupo Quetral (N. de la R.: grupo musical cordobés que integró junto a Teresita Ferrero, Ricardo “Zurdo” Roqué y Chiri Montero, especializado en el folclore latinoamericano que fue una de las agrupaciones más importantes de la escena musical cordobesa de los 80), empecé a vivir de la música. Entonces tuvimos la posibilidad de hacer una gira por Europa y ese fue un impulso vital que siguió muy fuerte durante mucho tiempo y todavía lo tengo, cada tanto me gana el impulso de partir”.
En reposo
Ese ánimo de andar, por ahora, lo lleva de tanto en tanto al que hasta ayer nomás fue su reducto, en el Valle de Calamuchita, pero mucho más a Córdoba capital: “La razón más fuerte es que allá viven mis hijos y mi nieta, razones más que suficientes, pero además porque me permite retomar vínculos de trabajo, como el que desandamos con Ariel Borda y Horacio Sosa (ver aparte). Además mis hijos tienen contacto con la música, en especial mi hija mayor, Florencia, que está trabajando como música, como intérprete, una exquisita intérprete de la música popular brasilera, si se me permite decirlo aunque no pueda ser muy objetivo. Y los otros también tienen cercanía con la música, aunque todavía están en el colegio secundario: Julia está tocando el ukelele y Gabriel, la guitarra aunque ahora la ha abandonado bastante porque se ha dedicado de lleno al tenis y está desarrollando una carrera bastante profesional”.
Entre viaje y viaje, entre actuación y actuación, “cuesta conseguirlas ahora, pero algo va saliendo”, Sergio, que alguna vez ganó el premio a Mejor Canción Inédita en Cosquín por la bella “Río de Miel”, sigue escribiendo: “No con la frecuencia que me gustaría, por etapas, porque a la vez produzco para poder cantar y eso lleva tiempo. Estoy en un período más tranquilo en ese sentido pero voy canalizando otros impulsos, por ejemplo el de enseñar a componer canciones, que es lo que haré en un taller que empezará el martes en la UNRC con una duración de 8 martes consecutivos y que consiste en tratar de transmitir la experiencia que he acumulado durante tantos años”.
Cordobeses
Este viernes 6 de septiembre se producirá un nuevo desembarco de “Cordobeses”, el trío que Sergio Korn integra junto a Ariel Borda y Horacio Sosa y que comenzó su andadura a fines de 2006, con un excelente disco y un par de actuaciones en escenarios de Río Cuarto, por cierto muy aplaudidas.
“Formamos el grupo con la idea de seguir la huella de lo que hizo la trova rosarina y aquella reunión entre Fandermole, Abonizio, Goldín y Lalo de los Santos, y pensando en que había, y hay, en Córdoba creadores de los que llaman ‘canción de autor’ que valía la pena dar a conocer”, recuerda.
Y subraya que la diferente trascendencia a nivel nacional está claramente referida al hecho de que los rosarinos “han contado con un cantor tremendo como Juan Carlos Baglietto, que las ha lanzado a los cuatro vientos con una potencia con la que nosotros no contamos. Pero no por eso tenemos que dejar de reflejarnos y reflejar a nuestros autores”.
Así, en el recital de la semana que se inicia presentarán un trabajo en formato acústico, con trío de guitarras y voces, más algún pequeño detalle musical, integrado por todas las canciones del primer disco, algunas nuevas de su propia producción que aparecerán en el nuevo disco que están preparando, y algunos temas clásicos del repertorio de autores cordobeses.
Ricardo Sánchez
“Varias cosas me trajeron de vuelta, el amor desde luego, y un poco la fuerza de la historia, del pasado, del origen. Después de la muerte de mis padres, sentí el impulso de volver y acá estoy. Es cierto que, como decir, este tipo de reencuentros mezcla felicidad y melancolía. Y más aún que yo soy en esencia melancólico, me tira el pasado. Pero en vez de renegar de esa melancolía trato de transformarla en una fuerza y de dejarme llevar, me sumerjo y encuentro en ese sentimiento una riqueza. Es difícil evaluar de cuánto sirve ese retroceso, pero me gusta hurgar en el pasado, siento que es la manera, por lo menos la que yo tengo, de entender mi presente”, reflexiona.
Y sigue pensando en voz alta ante la sugerencia de que la nostalgia suele ser rica en términos de potenciar la creación artística: “Así dicen y la verdad es que me nutro mucho del pasado, de esos sentimientos que están asociados a la nostalgia y en algún sentido a lo que habitualmente se llama tristeza, pero siento que en la tristeza hay también como una fuerza vital y yo me hice amigo de mi tristeza: la guitarra ayuda para eso”.
Sobre la guitarra a la que se abraza y que devuelve el abrazo, dice: “Con la guitarra se produce un abrazo compartido: uno lo da desde la misma forma de tomarla pero también lo recibe, por lo menos en mi caso porque para mí ha sido el instrumento resonador, que me ayuda a transformar todos estos estados, estos sentimientos que viven conmigo, para transformar esas emociones en canción”.
El primer abrazo
Cuenta, recordando, que se trata de un vínculo antiguo: “Empecé con la guitarra a los 11 o 12 años, con un profesor que venía a casa, Antonio Lucero, que fue quien me transmitió los rudimentos de este instrumento, con un repertorio netamente folclórico. Antes mi madre, que era profesora de piano, había intentado enseñarme a tocar su instrumento, y lo hizo con el método de Conservatorio y se ve que me costaba mucho aprender de esa manera. Y por otro lado, una hermana de mi madre, la tía Coca, tenía una guitarra en su casa y cada vez que mi madre iba de visita y me llevaba a la casa de mi abuela, lo primero que yo hacía era ir a la pieza de mi tía y sacaba la Antigua Casa Núñez (N. de la R.: la marca más prototípica de entre las guitarras fabricadas en el país) del estuche marrón en la que estaba guardada, todavía lo recuerdo, debo haber tenido 5 o 6 años y me pasaba horas explorando el instrumento. Ese fue el primer contacto, el primer antecedente, de modo que cuando mi madre tiró la toalla, convencida de que no me podía enseñar a tocar el piano, yo le dije que quería aprender a tocar la guitarra. Yo no sé si la pidieron prestada o si la compraron, el hecho es que con el tiempo terminé aprendiendo con Antonio Lucero”.
Andar
Con ese instrumento a cuestas, comenzó a mostrar su inquietud cantora en esta ciudad cuando promediaban los 80 y desde entonces no paró de andar: “Es cierto que siempre he tenido un espíritu andariego, persiste pero un poco más sosegado a esta altura. Yo creo que viene un poco de familia. Mis dos abuelos eran inmigrantes europeos, uno polaco y el otro húngaro. Y sobre todo este último era muy gitano, se vino desde Europa en uno de los tantos viajes en barco que trajeron inmigrantes a este continente y llegó a las costas del Uruguay antes de venir al país, según los relatos de mi padre, y acaso ese espíritu sea un dato genético. Pero en lo concreto, descubrí que me gustaba mucho andar cuando me fui de mi casa a los 18 años, todavía en Río Cuarto. Y eso se reforzó cuando me fui a Córdoba, terminados los estudios y con el grupo Quetral (N. de la R.: grupo musical cordobés que integró junto a Teresita Ferrero, Ricardo “Zurdo” Roqué y Chiri Montero, especializado en el folclore latinoamericano que fue una de las agrupaciones más importantes de la escena musical cordobesa de los 80), empecé a vivir de la música. Entonces tuvimos la posibilidad de hacer una gira por Europa y ese fue un impulso vital que siguió muy fuerte durante mucho tiempo y todavía lo tengo, cada tanto me gana el impulso de partir”.
En reposo
Ese ánimo de andar, por ahora, lo lleva de tanto en tanto al que hasta ayer nomás fue su reducto, en el Valle de Calamuchita, pero mucho más a Córdoba capital: “La razón más fuerte es que allá viven mis hijos y mi nieta, razones más que suficientes, pero además porque me permite retomar vínculos de trabajo, como el que desandamos con Ariel Borda y Horacio Sosa (ver aparte). Además mis hijos tienen contacto con la música, en especial mi hija mayor, Florencia, que está trabajando como música, como intérprete, una exquisita intérprete de la música popular brasilera, si se me permite decirlo aunque no pueda ser muy objetivo. Y los otros también tienen cercanía con la música, aunque todavía están en el colegio secundario: Julia está tocando el ukelele y Gabriel, la guitarra aunque ahora la ha abandonado bastante porque se ha dedicado de lleno al tenis y está desarrollando una carrera bastante profesional”.
Entre viaje y viaje, entre actuación y actuación, “cuesta conseguirlas ahora, pero algo va saliendo”, Sergio, que alguna vez ganó el premio a Mejor Canción Inédita en Cosquín por la bella “Río de Miel”, sigue escribiendo: “No con la frecuencia que me gustaría, por etapas, porque a la vez produzco para poder cantar y eso lleva tiempo. Estoy en un período más tranquilo en ese sentido pero voy canalizando otros impulsos, por ejemplo el de enseñar a componer canciones, que es lo que haré en un taller que empezará el martes en la UNRC con una duración de 8 martes consecutivos y que consiste en tratar de transmitir la experiencia que he acumulado durante tantos años”.
Cordobeses
Este viernes 6 de septiembre se producirá un nuevo desembarco de “Cordobeses”, el trío que Sergio Korn integra junto a Ariel Borda y Horacio Sosa y que comenzó su andadura a fines de 2006, con un excelente disco y un par de actuaciones en escenarios de Río Cuarto, por cierto muy aplaudidas.
Y subraya que la diferente trascendencia a nivel nacional está claramente referida al hecho de que los rosarinos “han contado con un cantor tremendo como Juan Carlos Baglietto, que las ha lanzado a los cuatro vientos con una potencia con la que nosotros no contamos. Pero no por eso tenemos que dejar de reflejarnos y reflejar a nuestros autores”.
Así, en el recital de la semana que se inicia presentarán un trabajo en formato acústico, con trío de guitarras y voces, más algún pequeño detalle musical, integrado por todas las canciones del primer disco, algunas nuevas de su propia producción que aparecerán en el nuevo disco que están preparando, y algunos temas clásicos del repertorio de autores cordobeses.
Ricardo Sánchez

