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“La filosofía está pasando un mal trance, porque no hay pensamiento original”
Mario Bunge había dicho en una entrevista con el diario español El País, en septiembre pasado, que “la filosofía está pasando por un mal trance, porque no hay pensamiento original”.
“La filosofía está pasando por un mal trance, porque no hay pensamiento original, casi todos los profesores de filosofía lo que hacen es comentar a los filósofos del pasado, no abordan problemas nuevos”, aseguró entonces Bunge, en una entrevista del 21 de septiembre de 2019, el día que cumplió cien años.
En ese diálogo telefónico desde su residencia en Montreal, uno de los científicos de habla hispana más citados de la historia, aseguró que “una tarea del filósofo debía ser analizar el concepto mismo de problema, y no lo hacen”.
“No tengo muchas esperanzas sobre la filosofía actual”, se lamentó, y criticó a los filósofos que “ignoran la ciencia o incluso la atacan, los llamados posmodernos”.
Bunge insistió allí en la unidad de filosofía y ciencia. “La ciencia y la filosofía, de hecho, están unidas. La investigación científica tiene supuestos filosóficos y consecuencias filosóficas. Por ejemplo, los experimentos con las ondas gravitatorias muestran que el espacio es material, puesto que el espacio puede arrugarse y cambiar, es algo material, no matemático”, aseguró.
Consultado sobre si temas como la edición genética, la inteligencia artificial o la física de partículas indican que el avance científico se está acelerando, Bunge respondió: “No sabemos medir la velocidad de la ciencia, pero lo que sí sabemos es que los recortes a los gastos científicos equivalen a recortes del cerebro y benefician sólo a los políticos que medran con la ignorancia”.
Pero expuso su interés por las neurociencias, sobre lo que se mantenía informado a través de su hija Silvia, quien investiga en ese campo en su puesto de la Universidad de California en Berkeley.
“Las neurociencias están desplazando a la psicología, porque explican lo que antes solamente se podía describir. Sirven para desmentir ideas que muchas veces damos por sentadas”, explicó Bunge en diálogo con el diario español.
“Por ejemplo, muchos economistas daban por sentado que los seres humanos somos perezosos por naturaleza, pero un experimento muy interesante demostró que la gente que no hace nada sufre: prefiere trabajar a quedarse sin hacer nada, de modo que refutó uno de los axiomas tácitos de la teoría económica dominante”, aseguró.
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“La filosofía está pasando por un mal trance, porque no hay pensamiento original, casi todos los profesores de filosofía lo que hacen es comentar a los filósofos del pasado, no abordan problemas nuevos”, aseguró entonces Bunge, en una entrevista del 21 de septiembre de 2019, el día que cumplió cien años.
En ese diálogo telefónico desde su residencia en Montreal, uno de los científicos de habla hispana más citados de la historia, aseguró que “una tarea del filósofo debía ser analizar el concepto mismo de problema, y no lo hacen”.
“No tengo muchas esperanzas sobre la filosofía actual”, se lamentó, y criticó a los filósofos que “ignoran la ciencia o incluso la atacan, los llamados posmodernos”.
Bunge insistió allí en la unidad de filosofía y ciencia. “La ciencia y la filosofía, de hecho, están unidas. La investigación científica tiene supuestos filosóficos y consecuencias filosóficas. Por ejemplo, los experimentos con las ondas gravitatorias muestran que el espacio es material, puesto que el espacio puede arrugarse y cambiar, es algo material, no matemático”, aseguró.
Consultado sobre si temas como la edición genética, la inteligencia artificial o la física de partículas indican que el avance científico se está acelerando, Bunge respondió: “No sabemos medir la velocidad de la ciencia, pero lo que sí sabemos es que los recortes a los gastos científicos equivalen a recortes del cerebro y benefician sólo a los políticos que medran con la ignorancia”.
Pero expuso su interés por las neurociencias, sobre lo que se mantenía informado a través de su hija Silvia, quien investiga en ese campo en su puesto de la Universidad de California en Berkeley.
“Las neurociencias están desplazando a la psicología, porque explican lo que antes solamente se podía describir. Sirven para desmentir ideas que muchas veces damos por sentadas”, explicó Bunge en diálogo con el diario español.
“Por ejemplo, muchos economistas daban por sentado que los seres humanos somos perezosos por naturaleza, pero un experimento muy interesante demostró que la gente que no hace nada sufre: prefiere trabajar a quedarse sin hacer nada, de modo que refutó uno de los axiomas tácitos de la teoría económica dominante”, aseguró.
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