La historia del cordobés que convirtió un local de lomitos en una cadena nacional y ahora va por 100 franquicias
Juan José Piñeiro abrió su primer il PANINO en 1990 y hoy lidera una marca con 24 puntos de venta. El ambicioso plan de expansión ofrece formatos de inversión desde US $35.000.
Lo que comenzó en 1990 con un local en el Córdoba Shopping se transformó en una cadena gastronómica con presencia en buena parte del país. Al frente de ese recorrido se encuentra Juan José Piñeiro, dueño de il PANINO, quien ahora busca acelerar la expansión de la marca mediante un sistema de franquicias con el que proyecta alcanzar los 100 puntos de venta para 2031.
Actualmente, la empresa cuenta con 24 establecimientos: cuatro pertenecen a la compañía y otros 20 son administrados por franquiciados. La red se distribuye entre Córdoba, Mendoza, Neuquén, San Luis, San Juan, La Rioja y Buenos Aires.
La próxima etapa contempla multiplicar por más de cuatro la cantidad de sucursales durante los próximos cinco años. Aunque la firma mantendrá algunas aperturas propias, la mayor parte del crecimiento llegará de la mano de inversores externos.
“Si queremos transformar una marca nacida en Córdoba en una marca verdaderamente federal, la franquicia es la herramienta que nos permite hacerlo a otra velocidad”, explicó Piñeiro.
De un local en Córdoba a una red nacional
La historia de il PANINO comenzó hace 36 años en la capital provincial. Apenas seis meses después de inaugurar su primer establecimiento en el Córdoba Shopping, la empresa puso en marcha una segunda sucursal en Nuevocentro.
Ese temprano crecimiento mostró una vocación de expansión, aunque en aquel momento la compañía todavía no analizaba la posibilidad de incorporar franquiciados. La decisión tomó forma con el paso de los años, cuando sus responsables advirtieron que habían desarrollado una estructura capaz de reproducirse más allá de los negocios operados directamente.
“Había una marca reconocida, productos muy instalados, procesos, proveedores, una forma de operar y, sobre todo, un modelo que podía replicarse”, señaló su dueño.
La franquicia apareció entonces como una alternativa para llevar la propuesta a otras ciudades mediante empresarios que conocieran las particularidades de cada mercado. Bajo esa lógica, la firma comenzó a concebirse no solamente como una cadena de establecimientos propios, sino como un sistema comercial que pudiera repetirse en diferentes puntos del país.
“Hoy pienso il PANINO cada vez menos como una cadena de locales propios y cada vez más como una marca y un sistema de negocios que tiene que ser replicable”, afirmó Piñeiro.
Cuánto cuesta abrir una franquicia de il PANINO
La compañía desarrolló distintas alternativas de inversión de acuerdo con la ubicación, las dimensiones del establecimiento y el perfil del interesado. La opción de menor desembolso es el modelo Express, que parte de aproximadamente US$ 35.000.
El formato destinado a centros comerciales requiere alrededor de US$ 65.000, mientras que las variantes Urban o Restaurant demandan cerca de US$ 80.000. Estas últimas funcionan en espacios de entre 100 y 150 metros cuadrados.
Según las estimaciones de la empresa, un negocio correctamente administrado y ubicado podría recuperar la inversión en un período de entre 18 y 24 meses. La rentabilidad prevista se ubica aproximadamente entre el 10% y el 20% sobre las ventas.
Sin embargo, Piñeiro aclaró que esos resultados dependen de múltiples variables y que cada iniciativa debe analizarse individualmente antes de avanzar.
“Somos muy cuidadosos con estos números porque en gastronomía la ubicación y la gestión hacen una enorme diferencia. El alquiler, la estructura de personal, el peso del delivery y la eficiencia operativa pueden cambiar significativamente el resultado”, sostuvo.
Por esa razón, la empresa procura revisar cada propuesta junto con el potencial franquiciado, en lugar de presentar una proyección uniforme de rentabilidad para todos los establecimientos.
Por qué eligió crecer con socios locales
La decisión de apoyarse principalmente en franquicias respondió a motivos financieros y operativos, pero también al conocimiento territorial que puede aportar un empresario de cada ciudad.
Para Piñeiro, las diferencias entre los mercados argentinos dificultan la posibilidad de gestionar toda la red exclusivamente desde Córdoba. Los costos, las ubicaciones disponibles y los hábitos de consumo cambian según la provincia, por lo que la participación de un operador local se vuelve determinante.
“Un buen franquiciado conoce su ciudad, su gente, las ubicaciones, los costos y muchas veces hasta los hábitos de consumo mejor que nosotros”, remarcó.
La posibilidad de crecer con capital de terceros también permite aumentar la velocidad de las aperturas. No obstante, la compañía asegura que no busca únicamente personas dispuestas a financiar un establecimiento, sino operadores capaces de participar activamente en su administración.
“No vemos al franquiciado solamente como alguien que pone capital. Lo vemos como un socio que pone capital, gestión y conocimiento local, mientras nosotros ponemos la marca, el producto, el know-how y 36 años de experiencia”, explicó el empresario.
Qué inversores busca la cadena
Los distintos modelos desarrollados por il PANINO apuntan a más de un perfil. El formato Express puede adaptarse a una persona interesada en generar su propio empleo, una familia o un pequeño empresario que pretenda involucrarse personalmente en la operación.
Las alternativas para centros comerciales o restaurantes de mayores dimensiones, en cambio, requieren una estructura más amplia y están orientadas a inversores con capacidad empresarial o gerencial.
Más allá del capital disponible, Piñeiro consideró indispensable la participación cotidiana en el funcionamiento del negocio. “No necesariamente alguien que esté haciendo lomitos todos los días, pero sí alguien que entienda que la gastronomía necesita gestión diaria”, precisó.
En esta nueva etapa, la firma también buscará socios con capacidad para ampliar su participación después de una primera experiencia exitosa. El objetivo es que algunos franquiciados puedan desarrollar dos, tres o más establecimientos dentro de una misma región.
El desafío de conservar la identidad
La expansión mediante terceros plantea el reto de garantizar que todos los puntos de venta mantengan el producto, la atención y las características que identifican a la compañía.
Para conseguirlo, il PANINO estandarizó recetas, gramajes, procedimientos, proveedores, imagen, tecnología y métodos de trabajo. A esas pautas les sumó un sistema de acompañamiento permanente para los responsables de cada sucursal.
“Una receta se puede escribir, un procedimiento se puede documentar y un proveedor se puede homologar. Pero transmitir una cultura y una manera de entender al cliente es bastante más complejo”, reconoció Piñeiro.
El empresario sostuvo que la relación tampoco puede limitarse al control de los operadores. La experiencia acumulada en los distintos mercados permite que las propuestas de los franquiciados también se incorporen al desarrollo general de la compañía.
“El desafío es encontrar ese equilibrio entre mantener intacto el ADN de il PANINO y permitir que la red también nos ayude a evolucionar”, indicó.
El camino hacia los 100 locales
La prioridad inmediata de il PANINO continuará puesta en el mercado argentino. Además de las capitales provinciales, la empresa analiza ciudades intermedias que registren un buen nivel de actividad económica.
Entre los destinos que aparecen en carpeta se encuentran Neuquén, Tucumán y Salta. Para estas plazas, la compañía incluso evalúa implementar un esquema de máster franquicia, mediante el cual un socio regional asuma el desarrollo de la marca en un territorio determinado.
En paralelo con las aperturas, la firma trabaja en nuevos formatos, herramientas tecnológicas, delivery, sistemas de autoservicio y una renovación integral de su identidad. El propósito es acercar una empresa con más de tres décadas de trayectoria a nuevas generaciones de consumidores.
“Después de 36 años aprendimos que para seguir creciendo hay que estar dispuesto a reinventarse sin perder aquello que hizo reconocible a la marca”, expresó Piñeiro.
La posibilidad de desembarcar fuera de la Argentina permanece dentro de los planes, aunque no constituye el objetivo inmediato. Antes de iniciar una expansión regional, la empresa pretende consolidar su presencia nacional y comprobar que su sistema puede funcionar en mercados diversos.
“Primero queremos demostrar que podemos convertir una marca nacida en Córdoba en una marca federal; después, el paso regional sería una consecuencia bastante natural”, concluyó.