Salud

La Medicina Social en la voz de dos referentes locales: los doctores Carlos Sodini y Nela Biassi

En el marco del Día Nacional de la Medicina Social, ambos profesionales comparten con Salud & Ciencia las experiencias recogidas en décadas de trayectoria. Reivindican la salud pública y dejan un mensaje para las nuevas generaciones: no perder nunca el contacto humano con el paciente

Los doctores Carlos Sodini (M.P. N° 6718) y Nela Biassi (M.P. N°21429/8), acumulan décadas de trabajo hospitalario.

 

Los doctores Carlos Sodini (M.P. N° 6718) y Nela Biassi (M.P. N°21429/8), acumulan décadas de trabajo hospitalario.

 

Cada 12 de julio, Argentina honra a la Medicina Social recordando al doctor René Favaloro, símbolo de conocimiento, entrega y compromiso con la comunidad. En Río Cuarto, dos grandes referentes de la medicina social están representados por los doctores Carlos Sodini (M.P. N° 6718) y Nela Biassi (M.P. N°21429/8), quienes acumulan décadas de trabajo hospitalario y testimonian una forma de vivir la medicina que trasciende la consulta y se ancla en la convicción de que la salud pública es la columna vertebral de una sociedad más justa.

“Nosotros entendíamos que la medicina social estaba aunada a la salud pública, siendo ésta el origen de la sociabilización del tratamiento y la gente, con la medicina”, explica el doctor Sodini, quien suma 55 años de trabajo en hospitales de la ciudad.

En diálogo con Salud & Ciencia, considera que la raíz del concepto se remonta a una figura clave: el primer ministro de Salud que tuvo la Nación, Ramón Carrillo. “Fue allá por el año ‘46 que, con el doctor Ramón Carrillo, se dio origen al concepto de salud pública a partir de una ley que se aprobó en el Congreso y que dio atención a todo el país de manera libre y gratuita”.

Desde aquellos primeros pasos, la idea de salud como derecho se expandió y se materializó en hospitales que marcaron la historia, tanto de Río Cuarto como de distintas ciudades. “Después de ese puntapié inicial se crearon hospitales, como el de barrio Las Ferias”, recordó Sodini.

Para la doctora Nela Biassi, quien suma 34 años de labor hospitalaria, la Medicina Social es inseparable de las condiciones de vida de cada comunidad. “Es la salud en una determinada comunidad de acuerdo a varios aspectos: lo económico, la educación, el lugar donde vivís, si trabajás o no. Todo eso hace hincapié en lo que es la salud social”, señala.

Sonriente, Sodini se autodefine junto a Biassi como “los dinosaurios de la medicina hospitalaria de Río Cuarto”. Y en rigor de verdad, tales dichos sintetizan horas y horas en pasillos, guardias, consultorios y quirófanos, en una época de grandes transformaciones para el sistema de salud.

“A la parte hospitalaria, realmente la conocemos”, admite Sodini. Y de su memoria emergen imágenes de un tiempo al que define “casi como de novela”.

“Cuando empezamos nosotros en el hospital de calle Cabrera estaban las ambulancias de la asistencia pública con los choferes para llevarte a hacer domicilio a los barrios. Date una idea de la diferencia que pudo haber sido ir a hacer domicilio en aquellos años. La evolución ha sido tremenda”, sostiene.

Por su parte, Nela Biassi comparte su amor incondicional por la salud pública desde los primeros pasos de su vocación. “Desde siempre estuve abocada a la parte pública. Obviamente que una ha hecho también parte privada, pero lo más fuerte ha sido siempre el hospital y es lo que más me gusta y con lo que me quedé cuando hubo que elegir”, subraya.

De su historia personal comparte que, por su pasión por la salud pública, en sus inicios trabajó ad honorem durante 8 años. “Desde antes de recibirme, lo único que quería era entrar al Hospital, no me importaba otra cosa. Yo estudiaba y quería trabajar en el Hospital. Me acuerdo que lo busqué al doctor Mollea, que era pediatra y vivía cerca de mi casa y le dije: ‘Juan, yo quiero ir al hospital’”, sostiene.

El motor de todo: la gente

Cuando se les pregunta qué los mantuvo fieles a la trinchera hospitalaria durante tantos años, la respuesta es sencilla y contundente: la gente.

Para Biassi, ese vínculo fue siempre central: “Yo entendía que tenía que verlos, venir, hablar con ellos. Que no era solo el libro, ¿entendés? Yo tenía que ver a la gente”.

Y Sodini coincide: “La salud pública, la cuestión del hospital, te crean una convivencia, un confort de sentirte realizado, de sentirte útil, y eso te condiciona permanentemente”. Para él, la esencia de la medicina social está en tender la mano a quien no tiene otra opción. “La medicina pública tiene ese agregado de poder ayudar al que no tiene otra alternativa. En la medicina privada, el paciente tiene una alternativa. En la medicina pública o la medicina social, es la única alternativa: el hospital es el último recurso que tiene el paciente y una familia para solucionar un problema”, señala el profesional nativo de la localidad de Alejandro Roca.

Anécdotas de un médico rural

En su extenso recorrido, Sodini vivió también la experiencia del médico rural, algo que lo acerca aún más a la figura de Favaloro.

“Nosotros salíamos a hacer las cirugías en aquellos años en los pueblos. Salíamos mucho a trabajar en convivencia o en contacto con el médico que vivía en el pueblo, y operábamos allí. Pero siempre el centro de atención lo teníamos acá, en el hospital”, recuerda el doctor.

El paso de los años le dejó anécdotas y postales de un sistema de salud que se transformó. La imagen de la ambulancia recorriendo barrios para llegar hasta los domicilios es hoy casi impensable, pero encierra una lección: la salud era y sigue siendo una construcción colectiva que necesita del compromiso de todos.

- ¿Qué mensaje darían a las nuevas generaciones de médicos?

-Sodini: La recomendación en este aspecto sería, entiendo yo, moral. En este momento de la Argentina no es legal, es algo moral. ¿Qué quiere decir? Si a vos te han dado la educación, la profesión, la especialidad… ¿Qué menos que devolver en acción pública, en la acción general, en la acción social, eso que te han dado? Es casi una condición básica.

-Biassi: Creo que les repetiría lo que decía (René) Favaloro: sin medicina humanitaria no hay medicina, no merece ser transmitida. Entonces, eso sería bueno que los jóvenes entiendan. La dedicación, escuchar al paciente, darle una palmadita en la espalda. Ese tipo de cosas, que por ahí no se dan, llegan mucho. Los semiólogos viejos decían que el 80% del diagnóstico se obtiene hablando con el paciente: preguntarle cómo vive, dónde está, qué hace, no solamente el dolor por el que vino a la consulta”.

Sodini completa la idea, al señalar: “Coincidiendo con Nela (Biassi), una cuestión que debiéramos refrendar a los jóvenes es no olvidar que existe la medicina de contacto que actualmente se pierde a pasos agigantados. Hoy las revistas de sala se hacen con un teléfono. Entonces se va perdiendo eso por la evolución tecnológica fantástica que no dejó nada sin invadir. Hoy, los diagnósticos se hacen por teléfono y a distancia. Entonces, no olvidar eso”.

El legado de Favaloro

La figura de Favaloro atraviesa cada respuesta. Para Sodini, fue un ejemplo vivo que tuvo la fortuna de escuchar en persona: “Favaloro era rescatable no solamente en la cuestión de la medicina, lo era en general. Era un señor como persona y en las actitudes de la vida. De él se podía rescatar todo, era un hombre que tuvo las condiciones favorables para haberse desarrollado en otro ámbito con amplias ganancias económicas, pero decidió venir a la Argentina y apostar por este país todo lo que apostó. Favaloro fue una cosa extraordinaria”.

Su consejo para médicos y estudiantes es volver a sus palabras: “El mensaje que dejaría con respecto a Favaloro es que puedan leer los dos libritos que muestran su legado: Recuerdos de un médico rural y De La Pampa a los Estados Unidos. A los residentes les insistíamos que leyeran esos dos libritos que son geniales para todos, pero para un médico o un estudiante, es fundamental”.

En tiempos de inmediatez, tecnología y diagnósticos a distancia, la voz de Sodini y Biassi resuena como un recordatorio: la Medicina Social es, ante todo, mirar a la persona y escucharla, sin olvidar nunca que, en cada consulta y detrás de cada historia clínica, hay un ser humano que espera ser tratado con respeto y empatía. Quizás por eso, su mensaje sigue tan vigente como el de Favaloro: sin medicina humanitaria, no hay medicina.

Javier Borghi - Suplemento Salud & Ciencia