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Sólo 2 de cada 10 jóvenes asisten mensualmente a un after o fiesta privada

Según la última investigación del Concejo Económico y Social, la mitad de las personas de entre 15 y 29 años, no asiste nunca o lo hace rara vez
 
El debate en torno a la regulación de los afters y fiestas privadas parece requerir un marco de análisis más amplio. Es decir, si bien no se discute la necesidad específica de regular este tipo de actividades, resulta imprescindible discutir dicha legislación en el contexto de una problemática mucho mayor; discusión que cuente a su vez, con la participación de todos los jóvenes de la ciudad, protagonistas centrales de la temática en cuestión.  Así lo entienden desde la Mesa Joven del Consejo Económico y Social de Río Cuarto, quienes a través de los resultados de la última Encuesta de percepción de la realidad social y económica demuestran que si bien los afters y las fiestas privadas son un punto central de la problemática, lejos están de agotarla. 

Frente a algunos argumentos -quizá los menos, pero aún así presentes - que se pudieron oír el pasado jueves en la Audiencia Pública realizada en el recinto del Concejo Deliberante, los cuales hacen hincapié en la “necesidad urgente” de prohibir las fiestas privadas y el consumo de alcohol, componentes propios de una “juventud desorientada”, desde la Mesa Joven del Concejo Económico y Social relativizaron dichas posiciones con datos empíricos: “sólo dos de cada diez jóvenes asisten mensualmente a una fiesta privada”. 

El dato surge de la última Investigación EPPRES (Encuesta de percepción de la realidad social y económica) realizada durante el segundo semestre de 2017 por el equipo técnico del Consejo Económico y Social de Río Cuarto, presidido por Miguel Besso. La misma, realizada en una muestra de 730 casos seleccionados de manera aleatoria y abarcando los distintos sectores de la ciudad, arroja como resultado que sólo el 22,72 % de los jóvenes de entre 15 y 29 años asiste semanal o mensualmente a una fiesta privada. En rigor, el 7,78%  asiste a una fiesta privada al menos una vez por semana mientras que el 14,94 % lo con una frecuencia de una vez al mes.

No obstante, la misma encuesta arroja que la mitad (49,96%) de los jóvenes de la ciudad no asiste nunca o asiste “rara vez”, significando esta última categoría que “asiste una vez cada dos o más años”. En detalle, el 23,35% de los jóvenes asiste rara vez a una fiesta privada mientras que el 26,61% no asiste nunca. 

Completan la totalidad de los casos, un 11,47% que concurre una vez cada 3 meses, un 5,48% que lo hace una vez cada 6 meses y un 5,78%, una vez al año. En tanto, un 4,58% optó por la opción “No contesta”.

Ampliar el debate

En ese marco, desde la Mesa Joven del Consejo Económico y Social señalaron la necesidad de ampliar el marco de debate a la vez que generar las instancias necesarias para garantizar la participación de todos los jóvenes de la ciudad. 

“Como institución, consideramos fundamental que el debate social no caiga en un reduccionismo que solo implique analizar si regular o prohibir las fiestas privadas. Es obvio que hay que analizar la regulación de los mismos, eso no lo discutimos, pero dicho análisis debe realizarse en el marco de una problemática que es mucho mayor”, expresó a PUNTAL Federico Alba, integrante del Consejo Económico y Social Joven.

Y añadió: “No podemos caer en esa posición fácil que es decir que la juventud está perdida y en consecuencia prohibirles la diversión. De nuestra encuesta resulta que es muy bajo el porcentaje de jóvenes que asiste regularmente a fiestas privadas y se debe considerar que quienes concurren a las mismas, lo hacen porque la normativa vigente no les garantiza los espacios correspondientes para su diversión, tal es el caso de los jóvenes de entre 16 y 18 años”. 

En ese sentido, Alba se refirió a la necesidad inminente de ampliar la participación de los jóvenes de la mencionada franja etaria. “En la audiencia pública fueron muy pocos los jóvenes menores de 18 que hablaron, quizás uno o dos. Eso habla a las claras de que hablamos más como instituciones y no escuchamos a los jóvenes que son los protagonistas de la temática y sobre quien va a regir la ordenanza que surja”, señaló. 

“Me gustó mucho –continuó- el aporte que hizo Abril, una joven de 17 años, que se puso en lugar de todos los jóvenes y dijo: “Están legislando para mí. Pregúntennos a nosotros”. Eso me pareció muy valioso”. “Vamos a tener que pensar y generar numerosas instancias para escuchar a todos los jóvenes: nuevas audiencias, mesas de diálogo, asambleas, reuniones con los jóvenes en los colegios, encuestas; diversos modos que permitan que se les consulte a todos los jóvenes antes de llegar a una ordenanza”, remarcó.

Puntos a considerar

Paralelamente, Alba se refirió a diferentes cuestiones que no se pueden obviar en la discusión de la problemática a fin de que las ordenanzas que se generen brinden soluciones a mediano y largo plazo a la vez que atienda a las necesidades de todos. 

“Se debe considerar la cuestión de la accesibilidad a la diversión para las personas con discapacidad, en pos de que todos los jóvenes puedan salir a divertirse; el tema de la discriminación, ya sea por la condición de género como la condición social; la cuestión de quiénes son los que prestan servicios vinculados a la diversión nocturna y sus respectivas responsabilidades, desde los dueños de los espacios hasta el personal de seguridad; la cuestión del transporte a la salida de los boliches; el rol de la familia en la contención de los jóvenes; entre tantas otros aspectos”, detalló. 

“En último término, debemos ir hacia una normativa que tienda a cuidar a los jóvenes. No desde la prohibición sino desde la regulación; que los jóvenes se puedan divertir de manera segura y en condiciones que respeten tanto su integridad y como la integridad de todos los vecinos de la ciudad”, concluyó.