La política, el amigo y la autopreservación
Camilo Vieyra le avisó en febrero pero Juan Manuel Llamosas no terminó de tomarlo en serio. Creyó que era una idea que se iría apagando. Pero hace pocos días, con la resaca todavía pesada de una derrota en las urnas, el amigo íntimo del intendente insistió: le dijo que sería candidato para sucederlo en 2024. Es más: ya había organizado reuniones dentro del Palacio y subido algunas fotos a las redes sociales para anunciar que su propio proyecto político estaba en marcha.
Llamosas, entonces, se sacó el traje de amigo y se puso el de político. Le dijo que no podía ser operador de la gestión, secretario de Gobierno, y a la vez candidato porque todo el mundo interpretaría que detrás de Vieyra estaba el intendente y, además, porque ya tenía tomada una decisión de fondo:su apoyo para 2024 no seguirá criterios de amistad sino de posibilidad y respaldará al candidato peronista que más mida en las encuestas. Pragmatismo puro.
Le propuso a Camilo otro lugar en el gabinete pero el entonces secretario se negó. Ante esa encerrona, no había otra alternativa que la renuncia, que se produjo el jueves pero se conoció el viernes y tomó a todo el mundo por sorpresa porque Vieyra no era un funcionario más. Y esto planteado no en el plano funcional sino relacional: integró la mesa chica de Llamosas desde el inicio y llegó ahí de la mano de una amistad de toda la vida. Nadie se lo imaginaba afuera del gabinete.
El momento para su candidatura fue, cuanto menos, inoportuno porque se produjo ante un intendente que no está en esplendor sino golpeado por una derrota. “Juan Manuel está tocado”, dijo en los últimos días un dirigente cercano a Martín Llaryora, gobernador electo, al analizar el resultado del 25 de junio en RíoCuarto. A Llamosas probablemente le respeten el compromiso de convertirlo en presidente provisorio de la Legislatura pero los operadores del gobernador allí serán otros:el poder pasará por Manuel Calvo o Miguel Siciliano, dirigentes con experiencia en el roce y la negociación que caracterizarán a una Unicameral en la que el oficialismo ya no tendrá mayoría.
Lo que se activó en Llamosas fue, ante el amigo que se había transformado en candidato, el instinto de autopreservación.
El estado de situación en el que se encuentra el intendente es el siguiente:viene de perder en su ciudad en una elección en la que era candidato número 1 en la lista de legisladores y eso lo dejó en desventaja ante el futuro armado de poder provincial. En política, las derrotas son crueles. Por lo tanto, la posibilidad de recomposición que tiene por delante Llamosas pasa por recuperar a su electorado:es decir, el oficialismo deberá ganar la elección municipal de 2024, la primera que tendrá a Llaryora ya como gobernador en funciones. De lo contrario, si Hacemos por Córdoba vuelve a perder en RíoCuarto, ¿en qué posición quedaría Llamosas en su nuevo rol de dirigente provincial? ¿Cómo podría reconstituirse después de caer en dos elecciones consecutivas en su propio territorio?
Por eso Llamosas sostiene que apoyará a quien mejor ubicado aparezca en las encuestas: porque una victoria operaría en función no sólo del oficialismo sino de su propio proyecto personal. El peronismo no tiene por delante una elección relajada en Río Cuarto;todo lo contrario: viene de caer por 15 puntos en el centro de la ciudad, está atravesado por peleas internas y, a meses del fin del mandato, no tiene un candidato claro. Por lo tanto, difícilmente pueda embarcarse en construir candidaturas desde cero.
En política, las causas de los hechos no siempre determinan de manera directa sus interpretaciones. Los contextos suelen condicionar las lecturas. La salida de Vieyra, el cambio en la Secretaría de Gobierno, difícilmente se perciba como la consecuencia de una decisión personal del exsecretario. Se entenderá mayoritariamente como el resultado de la derrota electoral del 25 de junio.
En ese punto, el capítulo Vieyra significó para el intendente en realidad una oportunidad: la de aplicar más cambios para adecuar el gobierno a sus propios objetivos y, además, para responder al electorado. Si Llamosas dejara todo como está el mensaje sería que el intendente no interpretó el significado de las urnas, que no hay nada por corregir e, incluso, que los equivocados son los votantes.
En el Palacio aseguran que la semana próxima habrá más modificaciones en el gabinete, aunque nadie se aventura a conjeturar su profundidad. Que la primera baja haya sido Vieyra ha dejado a todos en estado de incertidumbre y de inquietante inestabilidad.
El “paquete de cambios” que Llamosas prepara -así lo definieron en el Ejecutivo- tiene objetivos políticos, funcionales y, por supuesto, electorales.
Los políticos son externos e internos. Porque Llamosas aspira a conducir el proceso de su propia sucesión y la salida de Vieyra le permitió hacer un gesto en ese sentido. De lo contrario, si lo dejaba en libertad de acción a su amigo, el resultado se hubiera parecido a un desmadre: si habilitaba a Camilo, cualquiera se hubiera sentido en condiciones de competir y el peronismo y el gobierno se habrían visto seguramente atestados de candidatos a intendente conocidos por sus familias pero ignorados por la población. “Hay que tratar de tener ordenado esto”, dijeron en el Palacio.
Y ese ordenamiento se relaciona con otro objetivo: darle una dirección específica al gobierno en el último tramo de la gestión. Llamosas quiere terminar bien, con obras en las calles y dándole al oficialismo la posibilidad de sostenerse en el poder. Por eso, entre otros aspectos, acaba de recurrir al mercado de capitales para colocar una letra de Tesorería por 850 millones de pesos:fondos en la caja para reducir las posibilidades de sofocones financieros.
“Queremos refrescar el gobierno. Y darle un sentido claro en los pocos meses que tenemos por delante. En esto no nos podemos equivocar”, indicaron en el Palacio. Por eso no es casual que la gestión de Llamosas haya tenido dos etapas después de la derrota del 25 de junio: en la primera casi se negó a asumir el resultado como un mensaje al intendente (“se perdió porque la elección se nacionalizó”, era la explicación predominante), pero una semana después el discurso viró y empezó a mirar más hacia adentro, hacia las razones propias del revés electoral. En parte, esa asunción tuvo que ver con una necesidad:Llamosas primero debía mostrarse atento a lo que la gente le estaba diciendo y, segundo, si seguía asegurando que el Municipio no tuvo ninguna responsabilidad, entonces, ¿para qué cambiar?
Ahora, el intendente tiene las manos libres para ir hasta el hueso. Lo habilita el hecho de que el primer caído haya sido su amigo. La profundidad de los cambios dependerá pura y exclusivamente de su decisión.
Desde Córdoba aprobaron el movimiento en el gabinete. “Está bien. Juan Manuel tiene que mostrar que retoma la iniciativa”, evaluaron dirigentes del llaryorismo.
El poder, en todos los planos, se encuentra en un terreno inestable. Es un cuerpo de forma aún indefinida, incierta. Ocurre en Río Cuarto pero sobre todo a nivel provincial incluso ahora que no hay dudas de que Martín Llaryora ganó la elección por 3,34 puntos sobre Luis Juez.
Ese resultado es apenas un capítulo en una historia que todavía no termina de contarse. ¿Cómo será el esquema de poder de Llaryora? ¿Cómo gobernará con 33 legisladores en una Unicameral de 70 y con el Tribunal de Cuentas en contra? Cerca del nuevo gobernador sostienen que todavía es una incógnita, que la configuración dependerá de lo que ocurra en Córdoba capital el 23 de julio y en el país en la elección presidencial. Porque, por ejemplo, si HoracioRodríguez Larreta gana la interna de Juntos y acuerda finalmente con Schiaretti, ese pacto tendrá un correlato en la Legislatura y, entonces, no necesariamente los 33 legisladores oficialistas sean 33 sino tal vez algunos más.
Llaryora, consciente de esa realidad, no se ha detenido un minuto desde que ganó el 25 de junio. Al otro día se levantó y siguió de campaña, por Daniel Passerini y por Juan Schiaretti, y así será hasta el 10 de diciembre. Hará todo, aseguran cerca de él, para que el escenario se incline a su favor tanto como sea posible.