"La violencia vincular es un problema importantísimo de salud mental"
La licenciada en psicología Luciana Ghirardi (MP 5985), presidenta del Colegio de Psicólogos de Río Cuarto, analizó los cambios que se produjeron en el transcurso del 2022, a partir de la recuperación de la mayoría de las actividades cotidianas después de la pandemia de coronavirus. En diálogo con Puntal, la profesional aseguró que la violencia vincular hoy es un problema importantísimo de salud mental e indicó que se necesitan políticas de Estado.
-Estamos cerrando un año distinto a los anteriores, en el que, después de dos años de pandemia, se recuperó parte de la vida habitual…
-Desde los aspectos psicológicos, este año fue un poco atípico en relación a los anteriores porque se intentó volver a la normalidad, es decir, al tiempo anterior al 2020. Lo que vemos ahora son los efectos que la pandemia ha producido en las personas, tanto en los niños, adolescentes, jóvenes como en los adultos. En los más pequeños y los adolescentes, hasta mitad de este año, se estuvieron readaptando y encontrándose con los otros. Eso se vio reflejado en las bajas en los rendimientos a nivel educativo, sin que eso esté asociado a un déficit o problema conductual, cognitivo o intelectual. En los adolescentes y en los jóvenes se ha dado un incremento de vínculos violentos o de formas de conectarse violentamente, que no es solo un factor que está asociado directamente al aislamiento por la pandemia. Hay otras cosas que también van marcando esas situaciones que se vienen arrastrando desde hace tiempo. En la parte de salud mental, la cuestión de la violencia vincular, en general, es decir, la que no está solamente asociada a la violencia de género o de pareja, está muy presente, ya que se da entre compañeros de una escuela, en un partido de fútbol, en un evento público, etcétera. Son situaciones que también se ven reflejadas en los adultos. Es algo que va más allá de la pandemia, aunque la misma es uno de los factores.
-En síntesis, lo que se puede decir es que, de diferentes formas, todos fuimos afectados…
-Exactamente. A los mayores les empezaron a aparecer distintas cuestiones físicas que tienen que ver con una situación directamente relacionada con el miedo y el aislamiento. Se han dado procesos depresivos o trastornos de ansiedad. Son cuadros que se venían viendo antes, pero que la pandemia resaltó.
-Es muy preocupante lo de la violencia vincular. Da la sensación de que está en crecimiento…
-La violencia vincular, la ausencia ya casi de tolerancia en los vínculos, hoy es un problema importantísimo de salud mental. Es algo que se da a nivel general. No tiene que ver con las características socioeconómicas de las personas, es decir, se da en todos. Hay una no tolerancia. Insisto, se viene gestando desde hace tiempo como síntoma de época, pero se ha profundizado últimamente. Se ha llegado al punto de no saber comunicarnos. Cuando nos enfrentamos con otra persona a veces perdemos la posibilidad de expresarnos. Pero después, vemos que en las redes sociales sí lo hacemos sin ningún obstáculo. La violencia en las redes es impresionante. Ante una red social nos animamos a decir o hacer cualquier cosa y cuando estamos frente a frente anulamos la posibilidad de emociones positivas.
-¿Qué se puede hacer frente a esta situación de conflictividad permanente?
-Hay que trabajar sobre políticas de Estado. En nuestro país nos hemos enfocado sobre una sola forma de violencia que es la violencia de género. Todo apunta ahí y está bien, pero vemos que está creciendo exponencialmente la violencia en los niños y en los vínculos familiares conflictivos. La cantidad de familias y parejas que por distintas circunstancias terminan una relación mediante el conflicto ha crecido. Desde mi punto de vista, poco se está haciendo desde el Estado para acentuar los valores, la comunicación y el respeto. Deberían definirse políticas de Estado que aborden la violencia en general y no un aspecto particular. Necesitamos un abordaje transversal. No se trata solamente de respetar al otro por su diversidad, hay que respetar al otro porque es otra persona.
-¿Se observa un mayor número de consultas a psicólogos después de la pandemia?
-Sí, se ha acrecentado. Las demandas más comunes tienen que ver con sintomatologías posiblemente asociadas a trastornos depresivos, trastornos de ansiedad y, sobre todo, al aumento de las problemáticas de consumo. Con respecto a esto último, se observa que empiezan a consumir cada vez más jóvenes. Hace unos 10 o 15 años, se veía que el acercamiento al consumo era más de tipo exploratorio, hoy son problemáticas de consumo graves. Hay que remarcar también la grave situación que existe en nuestro país con respecto a la desprotección en materia de salud mental. Actualmente, hay muchas personas que quedan afuera de la salud mental porque a veces no cuentan con obras sociales para acceder a los profesionales. Y ahí también juega un rol clave lo económico. Muchas familias, a causa de la pandemia, se quedaron sin ingresos y eso repercutió en la pérdida de una obra social y, por ende, en la falta de cobertura médica. En otro orden, lo público también ha sufrido recortes y los profesionales que están no pueden cubrir la gran demanda que hay.
-¿Se ha incrementado la cantidad de psicólogos en Río Cuarto?
-Sí, hay algo positivo que tiene nuestra ciudad que es que cuenta con dos instituciones privadas formadoras de psicólogos. Antes, los estudiantes tenían que ir a Córdoba capital, Buenos Aires, San Luis o Rosario. En los últimos 5 u 8 años ha crecido mucho la matrícula. Río Cuarto ha sido una de las delegaciones del interior de la provincia de Córdoba del Colegio de Psicólogos en la que más ha crecido la matrícula. Tenemos un 30 o un 40 por ciento más de matriculados que hace unos 10 años. Este año, en una de las dos universidades que hay en Río Cuarto, hubo un ingreso de más de 70 alumnos para la carrera de psicología. Lo negativo pasa por la salida laboral de los nuevos matriculados. Nuestra ciudad no cuenta con tantos lugares en los que los profesionales puedan trabajar bajo relación de dependencia. Son mínimos los accesos. Eso hace que quede casi únicamente la opción de la parte privada, es decir, la de los consultorios. También nos encontramos con que muchos profesionales no pueden vivir únicamente de su profesión porque el acceso a la salud mental todavía tiene ciertos tabúes. A muchos todavía les parece que ir al psicólogo es sinónimo de locura. Hay personas que se resisten. Por otro lado, para muchos es un costo imposible de cubrir. Asimismo, los honorarios de los profesionales son muy bajos. Nos cuesta mucho romper esa idea de que ir al psicólogo es un lujo. A todo esto, es importante para nosotros trabajar en la continuidad formativa de los psicólogos, una vez que salen de las universidades.
Nicolás Cheetham. Redacción Puntal