“Las calles” de Puerto Pirámides

La directora María Aparicio habla de la película que se exhibe en el Favio.
 
El largometraje "Las calles", de María Aparicio, premiada en el Bafici y otros festivales por la forma en la que narra la historia de la comunidad chubutense de Puerto Pirámides, continúa exhibiéndose en el C.C. Leonardo Favio en el marco de la Quincena de Cine Cordobés.

Premiada en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), en el Festival de Cosquín (Córdoba) y en el Festival de General Pico (La Pampa), la realizadora imaginó su película a partir de la reconstrucción ficcional de un proyecto desarrollado años atrás en la única escuela de Puerto Pirámides, en la Península Valdés, donde las calles no tenían nombre y la maestra le pidió a sus alumnos que salieran a buscarlos.

“Los nombres de las calles son una excusa para el encuentro de una comunidad y para repasar su propia historia. Son nombres que quizás después de algunos años todos hubieran olvidado y que recuerdan a los pueblos originarios, a los antiguos pobladores y a otros personajes relevantes de la historia de la Patagonia”, señaló la joven directora cordobesa, en una entrevista con Télam.

Para Aparicio, que terminó la película tras un largo proceso de más de tres años en los que visitó Puerto Pirámides, se entrevistó con sus pobladores, regresó a Córdoba a escribir un guión, viajó para filmar y luego pasó varios meses montando las escenas, “era un gesto muy representativo y valorable que alumnos de una escuela fueran los que buscaron los nombres de las calles, algunos de los cuales eran de sus propios abuelos”.

La reflexión acerca de la historia de su comunidad y de sus propias familias, el diálogo sostenido con algunos referentes de ese pueblo costero de pescadores (actualmente convertido en un punto turístico por el frecuente avistaje de ballenas en sus costas) y la idea de reivindicar a los antiguos pobladores tehuelches, son algunos de los ejes en los que la cineasta apoyó su investigación y en los que enfocó el objetivo de su cámara.

Ficción y documental

Si bien trabajó con la realidad como materia prima, e incluso entrevistó e hizo participar del filme a las mismas personas que ya habían entrevistado los alumnos de Puerto Pirámides en su búsqueda de nombres para las calles, Aparicio eligió la reconstrucción ficcional de los hechos, se valió de actrices profesionales como Eva Bianco y Mara Santucho, y de ese modo dio a luz una puesta en escena que diluye los límites entre ficción y documental.

“Cuando pensamos en la posibilidad de hacer la película, estaba viendo muchas obras que trabajan el cruce entre ficción y documental, lo cual implica un trabajo más humano que técnico porque tenés que vincularte de otra forma, porque trabajás con personas reales y te metés en sus casas y contás sus historias, lo cual requiere otra predisposición y metodología”, explicó Aparicio, que sigue estudiando cine en Córdoba.

La directora recordó que la idea de filmar “Las calles” surgió cuando su productora y amiga, Natalia Gamarro, que había vivido en Puerto Madryn y conocía a mucha gente en Puerto Pirámides, le contó la historia de la maestra Eugenia Eraso, “que a mí siempre me pareció muy linda por lo que implica y por lo que significa que sus alumnos salieran a entrevistar a sus vecinos. Me parecía algo muy valorable y digno de ser contado”.

En el proceso de entrevistar a los otros miembros de su propia comunidad, para conocer sus historias y escuchar sugerencias para los nombres de las calles, los alumnos de Eraso no sólo recibieron información sobre las primeras familias pobladoras, sino también diversos relatos sobre la cercanía del mar, la vida en la costa, la pesca de peces y mariscos, el trabajo rural y la suerte triste de los pobladores originarios.

Osvaldo Bayer

Una de las calles bautizadas lleva el nombre de Osvaldo Bayer, el célebre historiador y periodista, quien aparece en la película y participó en el proyecto real, trabajando a la par con la maestra y sus alumnos y sugiriéndoles que pensaran en los nombres de los pueblos originarios, además de escribir una nota sobre la historia de Puerto Pirámides.

“El pueblo es llamativo en sí mismo, porque casi todos sus pobladores vinieron desde otros lugares y lo fueron poblando y construyendo de a poco. Es un pueblo que vive del mar, de pescados y mariscos, y hay mucha gente que llegó por necesidad o como exiliados políticos, pero además es un lugar muy turístico donde todo el mundo llega en un momento del año al avistaje de ballenas”, señaló Aparicio.

“Fue un montaje complejo el de la película -prosiguió- porque salvo por la gente y los niños del pueblo, siempre trabajamos con la idea de que estábamos recreando algo que ya había ocurrido. Teníamos un guión, pero en el rodaje encontramos realmente lo que queríamos, lo que podíamos conseguir a la par con la gente del pueblo”.

La directora afirmó que debieron adaptarse a las condiciones del lugar “y estar abiertos a todo lo que podía suceder. Éramos un equipo muy pequeño, lo cual nos permitía trabajar con cierta intimidad y crear una familiaridad muy grande con la gente. No teníamos un plan de rodaje definido porque no teníamos ninguna certeza, siempre debíamos adaptarnos a la realidad”.