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Las Pelotas para sentirse vivo

La notable banda rockera brindó un show maravilloso ante una multitud en Opus Costanera

Parece mentira, pero no lo es. Hace 20 años Las Pelotas editaba “Esperando el milagro” -en referencia al país que empezaba a salir de la crisis de 2001- el disco que con el hit “Será” los catapultó, merecida y finalmente, a la masividad. Hoy, con, lamentablemente, más certeza que nunca, denominaron a la gira que los trajo de vuelta a la ciudad como “Seguimos esperando el milagro”. Definitivamente, no queda otra.

Entonces esas canciones que siempre marcaron las distintas épocas de este bendito país, toman actualidad escalofriante: “Esperando el milagro, de creer que un día, llenarás la fuente, cambiarás tu vida, sobre la cornisa”.

El viernes último, ante una multitud en Opus Costanera, Las Pelotas brilló con uno de esos shows maravillosos para dejar bien en claro que es una de las mejores bandas rockeras argentinas.

Con un juego de luces deslumbrante y un sonido exacto, el grupo liderado por Germán Daffunchio repasó su prolífica carrera con todos los clásicos peloteros sí, pero también con joyas pocas veces escuchadas en estos lares como “Cerca de las nubes” y la magnífica “Peces”. Y también el estreno de “Es clara” y el debut en la ciudad de Gaspar Daffunchio, la nueva incorporación en guitarras.

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Desde el clímax de "Víctimas del cielo", hasta la rockerísima "Basta", pasando por "Siempre estará" y "Personalmente", todas las texturas de las músicas siempre variadas de Las Pelotas, sonaron en una hermosa noche primaveral.

Y con dos voces invitadas para recrear lo más fielmente posible las grabaciones originales: Claudia Canga en "Será" y Gabriel Dahbar, por estilo de canto y movimientos, cual Sokol, en “Veoyover”, "Muchos mitos", "Día feliz" y la notable “La mirada del amo”.

"Saltando", "Solito vas", "Que estés sonriendo", "Si supieras", "El día después", "Como se curan las heridas" y "Bombachitas rosas" fueron pare también de un show para el disfrute de principio a fin.

Y sí, “Shine”, porque Las Pelotas brillan y su público agradece, por esas dos horas de placer sonoro, sentirse vivo. Lo que no es poco. Es un montón.