La voz de las víctimas, silenciada por la Justicia
Esta es la semana en la que recuerdo cómo la luz de mi hijo se fue apagando. El 1 de mayo de 2002 llegué a la avenida del Libertador para encontrarlo agonizando. El conductor que lo había atropellado (Eduardo Sukiassian), se escapó.
Fueron siete días en que mi mente y alma quedaron en un limbo hasta que el 8 de mayo, Kevin partió.
Prometí a Kevin ser la voz de quienes luchan por un cambio en la Argentina; nunca imaginé que 18 años más tarde seguiría exigiendo que se escuche a las víctimas, que se tengan en cuenta nuestros derechos, que no tengamos que ser nosotros los contralores de un sistema judicial deficiente.
Hace un poco más de una semana todos vivimos varias horas de tensión con las imágenes de presos que subidos a los techos y quemando instalaciones exigían excarcelaciones.
Gracias a estos hechos violentos y delictivos lograron obtener una mesa de diálogo con autoridades del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y del Servicio Penitenciario. Allí se logró tratar el tema de compensación de penas y métodos alternativos de cumplimiento.
Mientras tanto, la sociedad escuchaba al director de la Comisión por la Memoria, Cipriano García, en una comunicación, decir que "existe un plan para lograr la mayor liberación de presos posible, aunque esto implique presionar a los jueces". Y habló de "un momento histórico" con respecto a la liberación de presos.
Nadie, absolutamente nadie se preocupó por las víctimas. Tuvimos que salir a través de las redes a pedir #NoLosLiberen. Pero no porque tenemos sed de venganza. Si la tuviéramos, no esperaríamos años para poder llegar a juicio, más años hasta que la sentencia queda firme y después aceptar beneficios que se otorgan.
Pedíamos que se cumpliera con la Ley de Víctimas que establece que las víctimas tienen derecho a ser informadas y escuchadas previo a cualquier decisión que tenga que ver con cambios de las condiciones de reclusión.
Nosotros no elegimos ser víctimas. Yo no elegí ver agonizar a mi hijo y extrañarlo cada día y cada noche de mi vida.
Quienes están detenidos, en cambio, eligieron sus acciones y ahora una sociedad con sus impuestos paga a un servicio penitenciario para que puedan resociabilizarse y salir con la frente bien alta.
La vida de todos
La liberación de presos generó el rechazo de toda la sociedad. Tratamos de comprender por qué el juez de Casación Víctor Violini a través de una acordada abrió las puertas a más de 2.300 delincuentes. Lo escuché decir en una nota que él es juez y tiene que cuidar la vida. Sí, señor juez, la vida de todos.
Vimos cómo los defensores oficiales presentaban pedidos de excarcelación. Lo hicieron en el marco de este habeas corpus colectivo. Los sueldos de estos defensores, así como también el de los jueces y fiscales, lo paga toda la sociedad mientras los de los abogados de las víctimas los tenemos que pagar con nuestro trabajo, ya que todos saben que los fiscales no nos representan.
Ahora escuchamos el anuncio del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, de que se va a ampliar las cárceles. Se van a abrir 1.350 nuevas plazas. ¿Por qué no se pensó en esto antes? ¿Por qué no se encontró la manera de solucionar las malas condiciones en las penitenciarías antes de sentarse a una mesa de diálogo con asesinos?
Ahora, ¿qué respuesta les daremos a esas jóvenes que tienen a sus violadores viviendo nuevamente cerca de sus casas? ¿Cómo ayudaremos a quien perdió a un ser querido en manos de un delincuente que hoy goza de este beneficio?
Las víctimas siempre estamos varios peldaños más abajo en las consideraciones de la Justicia. Las víctimas revivimos lo que nunca hubiéramos querido vivir una y otra vez debido a la falta de igualdad ante la ley.
* Integrante del Observatorio
de Víctimas de Delitos de
la Cámara de Diputados.