Narró en su libro la historia de una joven riocuartense que murió en los bombardeos de Plaza de Mayo
El profesor de Historia e investigador bonaerense Héctor Daniel De Arriba publicó meses atrás el libro “Los muertos de Plaza de Mayo: 1945, 1953, 1955” (Editorial Dunken, 2022), en el que a lo largo de las 368 páginas que lo conforman recupera del anonimato a víctimas de tres luctuosos episodios que manchan la historia de nuestro país y que tienen por denominador común a la Plaza de Mayo.
Y una de las particularidades es que, entre las más de 200 personas fallecidas que relevó, rescató la historia de la joven riocuartense Blanca Elsa Carnicer Buffarini, quien a sus 14 años perdiera la vida en lo que De Arriba considera los mal llamados “bombardeos a la Plaza de Mayo”.
-¿Cómo nace la idea de escribir el libro?
-El libro fue resultado de un proyecto de muchos años. Como profesor de Historia e investigador, me interesó puntualmente conocer la vida de las personas que tuvieran poca investigación histórica. Y en el caso de uno de los capítulos del libro, al cual le dediqué mucha investigación, era saber quiénes fueron los muertos del bombardeo del 16 de junio de 1955. Más allá de una cifra, de un número, y que por ahí en Google aparecían nombres y apellidos, yo quería saber qué historia vital, familiar, social, cultural, económica, etcétera, había detrás de la persona. Y al empezar a armar el proyecto me encuentro con un hecho trágico también que tuvo como espacio geográfico común la Plaza de Mayo, el 15 de abril del 53, cuando en un acto de la CGT estallaron dos bombas y la segunda mata a 6 personas. Yo tenía una idea de cuando terminó el acto o la concentración del 17 de octubre de 1945, al desconcentrarse la muchedumbre en la madrugada del 18, había habido dos fallecidos, entonces decidí tomar una trilogía entre los años 1945, 1953 y 1955, que constituye una década del siglo XX, con un espacio común: la Plaza de Mayo, a lo que le dediqué 5 años de investigación, con la pandemia de por medio, que al impedirnos trabajar presencialmente me llevó a recurrir a las redes sociales y me permitió nutrirme, aparte de las fuentes duras y objetivas como diarios, revistas, obituarios, el libro de inhumaciones de los cementerios capitalinos de la provincia de Buenos Aires y del interior del país. A la vez, pude nutrirme de relatos de los familiares, directos o colaterales, de los fallecidos. Los dos jóvenes del 45, las seis víctimas de 53 y las 214 que yo relevé que como muertos después del bombardeo a la Casa de Gobierno, que se conoce como el bombardeo a la Plaza de Mayo, pero literalmente, si uno toma esa frase como que los aviones de la Armada Argentina fueron y bombardearon en la plaza, donde está la pirámide y el Cabildo, pero no: el objetivo era la Casa de Gobierno y solo una bomba que estalla en la base del monumento a Manuel Belgrano, que está al frente de la Casa de Gobierno justo, separado por la calle Balcarce.
“El objetivo del libro es recordar víctimas de las que algunas se perdieron hasta los huesos y el mismo se va cumpliendo al homenajearlos. La mayoría de los familiares, a la vez, se sienten contentos dentro de la tragedia, porque después de tantos años son recordados y dejan de ser un número, o como yo digo en varias exposiciones, ‘apellido coma nombre’, porque no son eso solamente. Nuestra vida tiene otra trayectoria”.
-¿En qué se tradujo la investigación?
-La investigación, con todas las fuentes que obtuve, se convirtió en un libro de 368 páginas que tiene como objetivo justamente conocer qué había detrás de ese nombre y apellido, qué hacían en la Plaza, por qué fueron allí y recuperar para la historia que estas personas de distintas edades, actividades, profesiones y de distintos orígenes de natalicios, ya que había extranjeros, porteños, bonaerenses y del interior del país, cayeron muertos por bombas, ametrallamiento y disparos de revólveres. Rescatarlos y traerlos al presente para saber que la violencia no debe repetirse y que los muertos por circunstancias de enfrentamientos políticos deben ser recordados en toda su trayectoria.
-¿Cómo es que Río Cuarto forma parte de su libro?
-En este caso puntual, el anclaje de Río Cuarto es por Blanca Elsa Carnicer Buffarini. Yo armé con fuentes que obtuve escritas y virtuales, distintas biografías, en algunos casos muy completas. Y en el caso de Blanca llegué a saber que es una chica que nació un Río Cuarto pero no pude determinar por qué estaba en Buenos Aires cuando fue alcanzada por los bombardeos. Por la edad, supongo que estaría acompañada por su familia. Ella tenía 14 años cuando murió. Blanca nació en Río Cuarto el 2 de marzo de 1941 y fallece el 16 de junio de 1955. Es más, resulta herida el 16 de junio y muere ese mismo día. Fue inhumada en el cementerio de Chacarita el día 17 y allí quedó, no fue llevada a su lugar de origen, que en este caso era Río Cuarto. Averigüé el nombre de su papá, Timoteo Carnicer, quien nació el 22 de diciembre de 1905 en Brasil. Se casó con Elena Blanca Yole Buffarini en 1929, en Río Cuarto, Córdoba, y tuvieron cinco hijos, de los cuales Blanca Elsa era la menor.
La historia de Blanca
El historiador recuerda en su libro que la mamá de Blanca Elsa muere a los 91 años en Río Cuarto, en 1999, cuando ya era viuda y había perdido a todos sus hijos.
“María Candelaria Antonia murió en el 98, un año antes que su mamá. Rodolfo murió en 1990 y Hugo Roberto murió en 1934, a meses de haber nacido. Y el otro hijo, Aldo Alberto, había muerto en 1936, también con pocos meses de vida”, señaló De Arriba.
Para agregar: “No tengo el acta de defunción de Blanca Elsa, por lo que no puedo precisar qué hacía en el sector de Plaza de Mayo al momento de resultar herida de muerte, pero sí está confirmado que fue en el marco de los bombardeos que ella finalmente pierde la vida”.
El escritor señala que el nombre de la riocuartense Blanca Elsa Carnicer figura en la placa que se encuentra en el ingreso al edificio de la CGT en lo que fue el primer recordatorio que se hizo por las víctimas del 55.
“Es una placa que tiene 279 nombres y apellidos y ahí figura Blanca. Y en el monumento que está detrás de Casa Rosada, que es un tótem denominado “Del cielo los vieron venir”, que representa rostros que miran hacia el cielo con manos levantadas como intentando simbólicamente detener lo que bajaba de estos aviones, que eran las bombas, ella también figura”, añade.
Ese mismo dato se incluye en la nómina de víctimas que menciona el libro “Bombardeo”, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación 2010, con edición revisada en 2015.
“Y en mi caso, yo la encuentro en el libro de inhumaciones del cementerio de Chacarita”, sostuvo De Arriba.
-¿Qué lo movilizó a investigar esos luctuosos episodios?
-Yo me planteé que estas víctimas fueron personas que constituyeron un hecho histórico y que no deben quedar en el anonimato. No sólo la historia es el prócer, el bronce, el busto, alguien muy destacado. A la historia la hacemos todos, todos los días, con nuestros pequeños hechos que sumados constituyen un movimiento social, cultural, de una actividad y que eso tiene como epílogo o hecho destacado a personas que interpretan a la sociedad del momento. Pero la historia somos todos los seres que vivimos en el momento de acuerdo a las coordenadas sociales, culturales, económicas y políticas. Así, el objetivo es recordar víctimas de las que algunas se perdieron hasta los huesos y el objetivo se va cumpliendo al recordarlos, homenajearlos. La mayoría de los familiares, a la vez, se sienten contentos dentro de la tragedia, porque después de tantos años son recordados y dejan de ser un número, o como yo digo en varias exposiciones, “apellido coma nombre, apellido coma nombre”, porque no son eso solamente. Nuestra vida tiene otra trayectoria.
“Blanca nació en Río Cuarto el 2 de marzo de 1941 y fallece el 16 de junio de 1955. Es más, resulta herida el 16 de junio y muere ese mismo día. Fue inhumada en el cementerio de Chacarita el día 17 y allí quedó, no fue llevada a su lugar de origen”, dijo.