Antonio Tello y las voces que cuenta el fuego

El destacado escritor local habla de su nuevo libro que presenta este viernes 29 en el Auditorio Delfino Quirici de la Casa de la Cultura

Antonio Tello editó "Voces del fuego".

 

Especial para Puntal

Este viernes 29 de abril, el destacado escritor local Antonio Tello presentará su último libro, “Voces del fuego”, a las 20hs. en el Auditorio Delfino Quirici de la Casa de la Cultura (Rivadavia esq. Gral. Paz). Intervienen Claudio Asaad y Noris Barros, y acompañan al autor los editores José Di Marco y Daniel Riquelme, por Cartografías y Ediciones la yunta.

Hablamos con Antonio:

-¿Cómo surge Voces del fuego?

-Así como un día produje una serie de poemas visuales para contradecir el dicho de que una imagen vale más que mil palabras, porque en realidad es la palabra la que condiciona el sentido de la imagen, con “Voces del fuego” se me ocurrió que las historias no siempre se cuentan alrededor de una hoguera, sino que es el mismo fuego el que las cuenta, el fuego entendido como una fuerza espiritual que ilumina la vida. Ya lo decía el francés Pascal Quignard en ese libro maravilloso sobre la palabra y la lectura que es “El lector”, una cita del cual utilizo como epígrafe. Es un fuego que se opone a ese otro fuego destructivo, que señalo en el epígrafe bíblico y que se cuantifica en su valor material, pero no en su valor cultural. Por eso es que ese sabio del siglo XX que fue George Steiner dice en “Los logócratas”, “Los que queman los libros, los que expulsan y matan a los poetas, saben exactamente lo que hacen”. Por experiencia sé lo que esto significa. Mi primer libro -“El día en que el pueblo reventó de angustia”- fue secuestrado y quemado, y yo mismo obligado al exilio. “Voces del fuego” surge también de la necesidad de decir que frente al fuego de la destrucción también está el de la pasión creadora, el de la pasión poética constructora del mundo.

-¿Cómo fue el trabajo de estas voces?

-Estas voces han estado siempre presentes en mi obra. Aunque creo que empecé a escribir a edad muy temprana, es desde “El día en que el pueblo reventó de angustia”, publicado en 1973, hace casi cincuenta años, cuando fundo mi universo literario, un proyecto que, si bien la dictadura y el exilio alteraron en su proyección en el marco literario argentino, no truncaron su desarrollo. Quiero decir, que a pesar de las contingencias más adversas he sido fiel al universo fundacional de aquel libro de cuentos, en el que ya manifestaba mi propósito de explicar el mundo, su verdadera realidad y la naturaleza de la condición humana. En 2019, después de publicar el poema “En la noche yerma”, creí que ya lo había dicho todo, tan extenuado quedé, pero al cabo de un tiempo, retomé la escritura poética en fragmentos que llamé “asteroides”. Este libro de cuentos es a mi narrativa lo que los “asteroides” a la poesía, fragmentos dispersos del universo literario.

-¿Por qué decidiste interrumpir la historia principal del libro -la de dos cazadores que persiguen un jaguar herido- para escuchar las historias que surgen de la gran fogata que ambos encienden al anochecer en el claro de un bosque?

-Cuando nos agotamos, cuando por un momento dejamos de oírnos a nosotros mismos, surgen como una imperiosa necesidad las pausas, los silencios, los sueños, es el momento en que, si prestamos oídos, podemos escuchar las voces del mundo. El cuento de los dos cazadores obsesionados con la caza del último jaguar es una metáfora de un mundo abocado a la violencia y a la destrucción. Cuando los dos cazadores agotados se disponen a descansar, no son sus voces las que se escuchan, sino las voces del fuego que encienden en un claro del bosque. A partir de ese momento es el fuego el protagonista, el que tiene el poder de narrar las historias del mundo, esas que atraviesan el tiempo y el espacio. Asimismo, el cuento es una metáfora del peligro que supone matar el mito. Ya en “El pueblo…” puse una cita de Albert Camus que dice que, si no reencarnamos el mito, éste nos destruye. En este cuento el mito que se destruye es el americano representado por el jaguar, presente en casi todas las cosmogonías mesoamericanas, andinas y guaraníes. Si destruimos el mito y todo aquello que lo rodea y representa, pertenezca al mundo natural o al humano, nos condenamos a una terrible soledad, porque hemos dado muerte a nuestra verdadera identidad. La interrupción narrativa es una especie de llamada a la reflexión, a escuchar las voces del mundo, es decir, las voces de las cosas que lo constituyen y nos hacen seres humanos incluso “antes de la experiencia de la vida”, como digo “En la noche yerma”.

Con “Voces del fuego” se me ocurrió que las historias no siempre se cuentan alrededor de una hoguera, sino que es el mismo fuego el que las cuenta, el fuego entendido como una fuerza espiritual que ilumina la vida Con “Voces del fuego” se me ocurrió que las historias no siempre se cuentan alrededor de una hoguera, sino que es el mismo fuego el que las cuenta, el fuego entendido como una fuerza espiritual que ilumina la vida

-¿Por qué conjugas en la escritura del libro la narración con los cuentos?

-Toda mi obra responde, como ya le dije, a un proyecto literario, a una concepción totalizadora de la escritura y de un modo conciso, a la escritura poética. Considero que ésta, la escritura poética (que no debemos confundir con escritura lírica) es la única herramienta que nos puede ayudar a descubrir y entender la verdadera realidad. La escritura poética se nutre del amor, la poesía y de la alegría de vivir sensual y espiritualmente, lo cual contribuye a la construcción de un mundo más justo y equitativo. La escritura poética, al interpretar y desnudar la realidad que nos oprime nos permite trascenderla. De aquí que las historias que cuentan las voces del fuego parezcan vibraciones, latencias extra históricas, aunque conserven el sello de una época.

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-¿Cómo se concretó la coedición entre las editoriales argentinas Cartografías y La yunta?

-Con editorial Cartografías tengo una ya antigua y entrañable vinculación; sus editores, los poetas José Di Marco y Pablo Dema, a los que más tarde se sumó la hermana de éste, Verónica, son quienes descubrieron mi obra y me mantuvieron vivo como creador en el imaginario cultural de esta ciudad. Ellos me dieron a conocer publicándome algunos libros de poesía primero –“Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias” y “Nadadores de altura”- y después haciendo la reedición príncipe de “El día en que el pueblo reventó de angustia” junto a UniRío, la editorial universitaria. También con ésta, José Di Marco, buscó la sociedad de Eduvim, la editora de la Universidad Nacional de Villa María, para publicar la novela “El maestro asador”, y ahora con la editorial porteña La yunta, que dirigen los poetas Alejandro Cesario y Daniel Riquelme, para dar a conocer este volumen de cuentos.

-¿Quién realizó la portada y cuál fue el concepto a transmitir?

-El diseño del libro, muy bien editado e impreso, por cierto, pertenece al equipo editorial de ambas editoriales. La ilustración de tapa es del poeta y artista plástico Andrés Allegroni. Es un cuadro de material sintético y esmalte sobre vidrio de gran potencia visual, en la que el contraste cromático transmite el fragor de un fuego primario y cósmico, un fuego ahistórico.

-Hace unos meses tu obra poética fue incluida en las antologías de La Fundación Argentina para la Poesía, en el Volumen II de la Antología de Poesía Brevísima y otras dos antologías más. ¿Qué significan para vos estos reconocimientos?

-Este tipo de inclusiones son muy importantes para mí, porque no son personales, sino que suponen una valoración muy positiva del trabajo hecho durante más de cincuenta años. En realidad, todos aquellos galardones o reconocimientos que no estén orientados a la obra en sí y por sí no tienen más valor que el de un acto social que engorda la vanidad del artista, pero no afecta a su arte. En todo caso, cuando esto sucede, el artista está usufructuando algo que pertenece a su obra. Esta es una de las razones por las que no creo en los premios literarios y menos los que otorgan las editoriales, que son meros recursos mercantiles. Una de las narraciones de “Voces del fuego”, trata precisamente de esta cuestión. En cambio, estar incluido en la antología de la Fundación Argentina para la Poesía lo tomo como un galardón especial, no soy yo para estimar si merecido o no, porque sitúa mi poesía en la galería donde están grandes poetas de la historia de la literatura argentina.

-¿Cómo fue, en general, la recepción de tu anterior libro “El maestro asador”?

-Excelente, además de muy buena crítica, funcionó muy bien el boca a boca, lo cual me generó un gran contento al ser un sentido homenaje a mis padres y al papel que ambos desempeñaron en la educación de mi sensibilidad y de mi ética.

-Hace unos días publiqué una entrevista a María Sonia Cristoff en la que sentenciaba: "Me interesa la novela como formato a dinamitar". ¿Coincidís?

-Depende desde qué lugar se pretenda “dinamitar el formato” o qué se entiende por “formato”. Para empezar, yo no creo en los géneros, a los que considero meras etiquetas mercantiles de la industria editorial. Cuando se escribe desde el lenguaje y se emplea la escritura poética, la frontera entre los géneros es muy permeable. En “Voces del fuego” hay cuentos que antes aparecieron en otros libros como poemas y tengo poemas en los que hay versos que tuvieron un origen narrativo. Todo en mi universo literario se mezcla. Recuerdo que en un documental que filmó Germán Scelso, en 2004, sobre “Sílabas de arena”, un muchacho decía que aquello no era una poesía sino “una novela de aventuras”. Pero, aparte de esto, pensemos en Cervantes, que es el fundador de la novela moderna, y en “El Quijote”, una novela cuyos recursos narrativos y conceptuales no han sido superados. Pensemos también en James Joyce y el “Ulises”, que ahora cumple cien años, en las novelas de Virginia Woolf, Faulkner, Kafka, Rulfo, entre otros, que abrieron nuevos caminos formales y expresivos. Si pensamos en la historia de la literatura en general y en la historia de la novela en particular, yo me pregunto cuál es el formato que hay que dinamitar.