Día de libros
Se presentan hoy dos títulos de autores locales.
Coinciden hoy las presentaciones de dos libros de autores riocaurtenses. A saber:
Ética erótica
Hoy a las 19.30hs en Havanna Café (Constitución 720), el escritor riocuartense Abelardo Barra Ruatta presenta su libro Ética erótica. Política, Teología y gestión de los placeres.
Reseña: Ética erótica puede comportarse como un insumo teórico para una formación sexual integral. Para una ética erótica no hay que buscar nada metafísico detrás de las sensaciones placenteras que proporcionan las experiencias concupiscentes, porque tales experiencias poseen una densidad ontológica suficientemente rica como para definir en qué consiste lo propiamente humano. Si solo poseyera valor por referencia a una realidad trascendente que confiriera dignidad a su acontecer, todo goce no pasaría de ser una experiencia fantasmal, evanescente, virtual. La ética erótica admite la autonomía, la fruición y la centralidad que posee el placer en la conformación de una subjetividad felizmente hedónica. Por lo demás, el placer posee valía antropológica no solo porque hace posible la realización hedónica del individuo, sino que se erige, también, en una dimensión claramente política: el placer incluye al otro y a los otros, el placer es siempre una instancia poderosamente relacional.
Abelardo Barra Ruatta nació en 1953. Es Licenciado en Filosofía, Magister en Ética Aplicada y docente- investigador de UNRC. Su pensamiento, fuertemente tensionado por las políticas de justicia y la igualdad, transitó por la ecología, los derechos a los animales, el pensamiento latinoamericano, la introducción a la filosofía y el erotismo. La poesía también lo ha visto producir poemas amoroso-eróticos. Tiene publicados varios libros.
Alcoholes del crepúsculo
Esta noche a las 20.30hs. en la Tintorería Japonesa vuelve a presentarse la última novela del escritor riocuartense Ernesto San Millán, Alcoholes del crepúsculo.
Dice el autor: “Escribo novelas porque siempre me fascinó el misterio. Y cada novela encierra uno. Escribo novelas porque a veces nos hacen sonreír y sonreír es la forma más económica de mejorar nuestra apariencia. Escribo novelas porque me paso la vida tratando de ser un eterno aprendiz. Escribo novelas porque cuando despierto no siento que el sueño me ha abandonado. Es la realidad la que me abandona, y estoy solo otra vez, en el mundo que es un lugar fascinante y hostil, y ante la vida, que en su belleza y su crueldad, es incompleta. Escribo novelas porque la vida no tiene sentido. Y las cosas tampoco tienen existencia. Y el hecho de que la vida no tenga sentido, es el único sentido para vivirla. Escribo novelas porque la vida es sueño. Y porque las novelas y la poesía se juntan en un punto: cuando uno las termina se parecen a todo lo que se ha ido, y ya es silencio. Escribo novelas porque el mundo reclama relatos, no primicias. Escribo novelas porque no sé hacer otra cosa. Escribo novelas porque cada palabra tiene su música, y todas las palabras y todas las notas buscan su armonía, buscan sonar. Escribo novelas porque como narrador, me encanta hacerle la vida imposible a mis personajes. Escribo novelas porque la tristeza no tiene fin, pero la felicidad sí. Escribo novelas porque una novela es un texto lanzado al mar, y uno no sabe en qué manos va a parar. Escribo novelas porque no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos. Escribo novelas porque una novela es una estrella que sigue viva, apenas por la luz que queda viva viajando por el cosmos. Escribo novelas porque yo puedo permitirme que los pájaros de la tristeza sobrevuelen mi cabeza, pero no puedo permitirme que aniden en ella. Escribo novelas porque para escribir una novela hace falta otro. Escribir una novela reclama la existencia de dos. Lo mismo que para bailar un tango. Uno que escribe y otro que lee. Como cuando dos se besan. Por eso escribo novelas; porque cuando dos se besan nace un mundo. Y porque nuestro único lujo son las relaciones humanas. Y si te pone feliz ver el vuelo de los demás, entendiste todo”.
Ética erótica
Hoy a las 19.30hs en Havanna Café (Constitución 720), el escritor riocuartense Abelardo Barra Ruatta presenta su libro Ética erótica. Política, Teología y gestión de los placeres.
Reseña: Ética erótica puede comportarse como un insumo teórico para una formación sexual integral. Para una ética erótica no hay que buscar nada metafísico detrás de las sensaciones placenteras que proporcionan las experiencias concupiscentes, porque tales experiencias poseen una densidad ontológica suficientemente rica como para definir en qué consiste lo propiamente humano. Si solo poseyera valor por referencia a una realidad trascendente que confiriera dignidad a su acontecer, todo goce no pasaría de ser una experiencia fantasmal, evanescente, virtual. La ética erótica admite la autonomía, la fruición y la centralidad que posee el placer en la conformación de una subjetividad felizmente hedónica. Por lo demás, el placer posee valía antropológica no solo porque hace posible la realización hedónica del individuo, sino que se erige, también, en una dimensión claramente política: el placer incluye al otro y a los otros, el placer es siempre una instancia poderosamente relacional.
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Alcoholes del crepúsculo
Esta noche a las 20.30hs. en la Tintorería Japonesa vuelve a presentarse la última novela del escritor riocuartense Ernesto San Millán, Alcoholes del crepúsculo.
Dice el autor: “Escribo novelas porque siempre me fascinó el misterio. Y cada novela encierra uno. Escribo novelas porque a veces nos hacen sonreír y sonreír es la forma más económica de mejorar nuestra apariencia. Escribo novelas porque me paso la vida tratando de ser un eterno aprendiz. Escribo novelas porque cuando despierto no siento que el sueño me ha abandonado. Es la realidad la que me abandona, y estoy solo otra vez, en el mundo que es un lugar fascinante y hostil, y ante la vida, que en su belleza y su crueldad, es incompleta. Escribo novelas porque la vida no tiene sentido. Y las cosas tampoco tienen existencia. Y el hecho de que la vida no tenga sentido, es el único sentido para vivirla. Escribo novelas porque la vida es sueño. Y porque las novelas y la poesía se juntan en un punto: cuando uno las termina se parecen a todo lo que se ha ido, y ya es silencio. Escribo novelas porque el mundo reclama relatos, no primicias. Escribo novelas porque no sé hacer otra cosa. Escribo novelas porque cada palabra tiene su música, y todas las palabras y todas las notas buscan su armonía, buscan sonar. Escribo novelas porque como narrador, me encanta hacerle la vida imposible a mis personajes. Escribo novelas porque la tristeza no tiene fin, pero la felicidad sí. Escribo novelas porque una novela es un texto lanzado al mar, y uno no sabe en qué manos va a parar. Escribo novelas porque no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos. Escribo novelas porque una novela es una estrella que sigue viva, apenas por la luz que queda viva viajando por el cosmos. Escribo novelas porque yo puedo permitirme que los pájaros de la tristeza sobrevuelen mi cabeza, pero no puedo permitirme que aniden en ella. Escribo novelas porque para escribir una novela hace falta otro. Escribir una novela reclama la existencia de dos. Lo mismo que para bailar un tango. Uno que escribe y otro que lee. Como cuando dos se besan. Por eso escribo novelas; porque cuando dos se besan nace un mundo. Y porque nuestro único lujo son las relaciones humanas. Y si te pone feliz ver el vuelo de los demás, entendiste todo”.