RECOMENDADO
“Las malas”
Camila Sosa Villada. Tusquets
“El deseo de escribir encontró que soy fértil, que soy una hembra viable para incubarlo, pone sus huevos y yo lo cargo dentro de mí como una madre”. Esta frase, perteneciente a un texto de su libro anterior, ‘El viaje inútil,’ funciona como leit motiv y a la vez llave maestra para penetrar en la obra de Sosa Villada.
Lo maternal, el maternar (como verbo y acción del acto de poner el cuerpo para cuidar al otro postergando al mismo tiempo el propio deseo, la propia temporalidad en busca, tal vez, de algún sucedáneo de trascendencia) atraviesa su blog, los textos dispersos, la dramaturgia, los poemas y, en particular esta, su primera novela.
El deseo surge a partir de la falta, tararean Freud y Lacan en la habitación llena de libros que conforman el psicoanálisis. De ser así, la travesti, como es el caso de esta hermosa mujer que es la cordobesa Camila Sosa Villada, es un particular caso de mujer castrada: tiene el falo, pero no el útero que le permitiría engendrar, ni una vagina acorde que funcione a modo de portal entre el afuera y el adentro. Tiene las tetas, pero sin leche son cuasi adornos ornamentales, un cotillón estéril para simple lucimiento de los escotes o disfrute del chongo de turno.
Pero el deseo de maternar, de ser familia, de formar un lazo instituido sobre la piedra anárquica del desamparo y el amor, conduce a estos cuerpos diversos a reconocerse, reunirse, cuidarse, a ser, como los verdaderos amigos, la familia que se elige.
Así sucede en la casa de la tía Encarna, la vieja matriarca trans que acoge bajo su generoso pecho, relleno con aceite de avión, a las almas perdidas que, lejos de sus hogares (expulsadas y repudiadas por el ejido social) ejercen la prostitución en el Parque Sarmiento de la ciudad de Córdoba.
Y Sosa Villada lo narra con una mezcla exquisita de dulzura, ironía y desparpajo porque fue una de ellas.
Recién llegada de Mina Clavero para estudiar Comunicación Social, gambetea como puede el destino que la sociedad le canta despacito al oído cada vez que se acuesta. Hasta que un día, volviendo de la Uni, vestida como una jovencita que no se hace cargo de lo que dice su dni, un auto frena, le pregunta una cifra. Y ella responde desde el automatismo de ese destino de prostitución que parece venir marcado a fuego desde que era un "gordito maricón" del que se burlaban todos en el pueblo.
Vencido el prejuicio, hecha carne la profecía, es simplemente más de lo mismo. Hasta que las miradas prejuiciosas de sus compañeras de pensión la llevan a sentarse, sola, en un banco del parque, sin saber que, como ninfas under, una verdadera dinastía de travestis vendría a su auxilio para darle una familia.
Por supuesto ninguna familia está completa sin un hijo y, tal como dice Coelho en millones de agendas, tazas y memes de facebook, "si quieres realmente algo, el universo conspira para dártelo", por lo cual no es extraño que una noche, la Tía Encarna haya afilado el oído para escuchar un llanto, y llegará a sus vidas un bebé recién nacido, abandonado, como todas ellas.
Las malas combina la puesta de un relato de infancia (con el gordito maricón como protagonista), una novela de iniciación (el gordito se convierte en una hermosa adolescente y se lanza, como una profecía autocumplida, al mercado del sexo) y un cuento de hadas en el que las princesas se afeitan la barba, se tiran todas las lentejuelas arriba y salen a brindar al mundo el amor que tanto necesita.
Porque, pese a la dureza de la situación, Sosa Villada se pone anteojos de todos colores y pinta su historia con la paleta entera del arcoiris. A la manera de "La vida es bella", en la que un padre le dibuja un mundo de fantasía al hijo para hacer más soportable el horroroso campo de concentración, la escritora cordobesa utiliza grandes dosis de fantasía y realismo mágico para narrar un relato que de otro modo nos dejaría con un nudo en el estómago.
En ese mundo, las travestis son sacerdotisas del amor, los clientes son los chongos a los que ellas brindan orgasmos y felicidad, la cocaína es la ayudita para matar el sueño y la policía que las detiene y abusa, el lobo malo que habita en todo cuento, como contrapeso necesario de la pureza de su protagonista.
Cándido, áspero, luminoso, sórdido y feliz, Las malas expone a Camila Sosa Villada como lo que verdaderamente es: una bomba de creatividad, genio, nihilismo y deseo. No se lo pierdan.
M.B.
NOVEDADES
“Equilibrio”
Daniel López Rosetti. Planeta
El autor explica cómo pensamos, cómo sentimos y cómo tomamos decisiones, en un largo y minucioso escaneo de nuestras conductas y nuestros grandes malentendidos. El resultado es un análisis clínico completo de la maquinaria secreta que nos maneja postulando que encontrar un equilibrio puede ponernos a salvo de las presiones externas y de nuestras propias desmesuras, de las encrucijadas irreductibles y de otras trampas de nuestra conciencia.
Siguiendo esa meta, el texto circula a través de ese laberinto existencial hasta los últimos tramos de su exposición, donde incluso se permite la licencia de recordarnos «Desiderata», aquel poema de Max Ehrmann, que tuvo varias versiones, que fue un emblema del hipismo. Rosetti llevó la filosofía, la ciencia y la historia al consultorio. Y luego sacó el consultorio a la calle. Y vuelve a hacerlo en este libro que sigue la senda de una trayectoria editorial que ha tenido una gran repercusión en libros anteriores.
“Algo que brilla como el mar”
Hiromi Kawakami, Alfaguara
Esta novela, a diferencia de la primera de la autora, "El cielo es azul, la tierra es blanca", tiene personajes más luminosos y alegres. Quien cuenta la historia es un adolescente que creció en un hogar fuera de lo común, con su madre, su abuela, y las visitas de su padre biológico Otori. Las preocupaciones adolescentes por el amor, la sexualidad y la amistad son los temas del libro, que planea con naturalidad del hogar a la escuela de Midori, de su relación con la madre y la abuela a su vínculo con su amigo Hanada y su novia Mizue. Y en el medio, en un lugar indefinido de su vida, su inmaduro padre Otori.
Un libro de climas, de sensaciones más que de historia. Se siente el aire que respiran los personajes, sus impresiones, sus emociones. Personajes pintorescos, interesantes, así como sus relaciones. Los sucesos no son importantes. La novela es un recorte, un momento, en la vida de gente peculiar.
Camila Sosa Villada. Tusquets
“El deseo de escribir encontró que soy fértil, que soy una hembra viable para incubarlo, pone sus huevos y yo lo cargo dentro de mí como una madre”. Esta frase, perteneciente a un texto de su libro anterior, ‘El viaje inútil,’ funciona como leit motiv y a la vez llave maestra para penetrar en la obra de Sosa Villada.
Lo maternal, el maternar (como verbo y acción del acto de poner el cuerpo para cuidar al otro postergando al mismo tiempo el propio deseo, la propia temporalidad en busca, tal vez, de algún sucedáneo de trascendencia) atraviesa su blog, los textos dispersos, la dramaturgia, los poemas y, en particular esta, su primera novela.
El deseo surge a partir de la falta, tararean Freud y Lacan en la habitación llena de libros que conforman el psicoanálisis. De ser así, la travesti, como es el caso de esta hermosa mujer que es la cordobesa Camila Sosa Villada, es un particular caso de mujer castrada: tiene el falo, pero no el útero que le permitiría engendrar, ni una vagina acorde que funcione a modo de portal entre el afuera y el adentro. Tiene las tetas, pero sin leche son cuasi adornos ornamentales, un cotillón estéril para simple lucimiento de los escotes o disfrute del chongo de turno.
Pero el deseo de maternar, de ser familia, de formar un lazo instituido sobre la piedra anárquica del desamparo y el amor, conduce a estos cuerpos diversos a reconocerse, reunirse, cuidarse, a ser, como los verdaderos amigos, la familia que se elige.
Así sucede en la casa de la tía Encarna, la vieja matriarca trans que acoge bajo su generoso pecho, relleno con aceite de avión, a las almas perdidas que, lejos de sus hogares (expulsadas y repudiadas por el ejido social) ejercen la prostitución en el Parque Sarmiento de la ciudad de Córdoba.
Y Sosa Villada lo narra con una mezcla exquisita de dulzura, ironía y desparpajo porque fue una de ellas.
Recién llegada de Mina Clavero para estudiar Comunicación Social, gambetea como puede el destino que la sociedad le canta despacito al oído cada vez que se acuesta. Hasta que un día, volviendo de la Uni, vestida como una jovencita que no se hace cargo de lo que dice su dni, un auto frena, le pregunta una cifra. Y ella responde desde el automatismo de ese destino de prostitución que parece venir marcado a fuego desde que era un "gordito maricón" del que se burlaban todos en el pueblo.
Vencido el prejuicio, hecha carne la profecía, es simplemente más de lo mismo. Hasta que las miradas prejuiciosas de sus compañeras de pensión la llevan a sentarse, sola, en un banco del parque, sin saber que, como ninfas under, una verdadera dinastía de travestis vendría a su auxilio para darle una familia.
Por supuesto ninguna familia está completa sin un hijo y, tal como dice Coelho en millones de agendas, tazas y memes de facebook, "si quieres realmente algo, el universo conspira para dártelo", por lo cual no es extraño que una noche, la Tía Encarna haya afilado el oído para escuchar un llanto, y llegará a sus vidas un bebé recién nacido, abandonado, como todas ellas.
Las malas combina la puesta de un relato de infancia (con el gordito maricón como protagonista), una novela de iniciación (el gordito se convierte en una hermosa adolescente y se lanza, como una profecía autocumplida, al mercado del sexo) y un cuento de hadas en el que las princesas se afeitan la barba, se tiran todas las lentejuelas arriba y salen a brindar al mundo el amor que tanto necesita.
Porque, pese a la dureza de la situación, Sosa Villada se pone anteojos de todos colores y pinta su historia con la paleta entera del arcoiris. A la manera de "La vida es bella", en la que un padre le dibuja un mundo de fantasía al hijo para hacer más soportable el horroroso campo de concentración, la escritora cordobesa utiliza grandes dosis de fantasía y realismo mágico para narrar un relato que de otro modo nos dejaría con un nudo en el estómago.
En ese mundo, las travestis son sacerdotisas del amor, los clientes son los chongos a los que ellas brindan orgasmos y felicidad, la cocaína es la ayudita para matar el sueño y la policía que las detiene y abusa, el lobo malo que habita en todo cuento, como contrapeso necesario de la pureza de su protagonista.
Cándido, áspero, luminoso, sórdido y feliz, Las malas expone a Camila Sosa Villada como lo que verdaderamente es: una bomba de creatividad, genio, nihilismo y deseo. No se lo pierdan.
M.B.
NOVEDADES
“Equilibrio”
Daniel López Rosetti. Planeta
El autor explica cómo pensamos, cómo sentimos y cómo tomamos decisiones, en un largo y minucioso escaneo de nuestras conductas y nuestros grandes malentendidos. El resultado es un análisis clínico completo de la maquinaria secreta que nos maneja postulando que encontrar un equilibrio puede ponernos a salvo de las presiones externas y de nuestras propias desmesuras, de las encrucijadas irreductibles y de otras trampas de nuestra conciencia.
Siguiendo esa meta, el texto circula a través de ese laberinto existencial hasta los últimos tramos de su exposición, donde incluso se permite la licencia de recordarnos «Desiderata», aquel poema de Max Ehrmann, que tuvo varias versiones, que fue un emblema del hipismo. Rosetti llevó la filosofía, la ciencia y la historia al consultorio. Y luego sacó el consultorio a la calle. Y vuelve a hacerlo en este libro que sigue la senda de una trayectoria editorial que ha tenido una gran repercusión en libros anteriores.
“Algo que brilla como el mar”
Hiromi Kawakami, Alfaguara
Esta novela, a diferencia de la primera de la autora, "El cielo es azul, la tierra es blanca", tiene personajes más luminosos y alegres. Quien cuenta la historia es un adolescente que creció en un hogar fuera de lo común, con su madre, su abuela, y las visitas de su padre biológico Otori. Las preocupaciones adolescentes por el amor, la sexualidad y la amistad son los temas del libro, que planea con naturalidad del hogar a la escuela de Midori, de su relación con la madre y la abuela a su vínculo con su amigo Hanada y su novia Mizue. Y en el medio, en un lugar indefinido de su vida, su inmaduro padre Otori.
Un libro de climas, de sensaciones más que de historia. Se siente el aire que respiran los personajes, sus impresiones, sus emociones. Personajes pintorescos, interesantes, así como sus relaciones. Los sucesos no son importantes. La novela es un recorte, un momento, en la vida de gente peculiar.

