Tranquera Abierta | Liga de Bioenergía

Córdoba empuja por una nueva ley de biocombustibles y enfrenta al lobby petrolero

Las provincias que conforman la Liga Bioenergética, que integran el sector público y el privado, ya trabajan en un borrador para fomentar el etanol y el biodiesel

El sector de los biocombustibles promete fuertes inversiones ante una nueva norma que les de previsibilidad.

 

En mayo del año próximo la Argentina deberá tener lista una nueva ley de biocombustibles que reemplace a la aprobada en 2006 y que tuvo un horizonte de 15 años en los que abonó, durante toda una primera etapa, el surgimiento de la industria del etanol y del biodiesel que son la cara industrializada de los dos principales cultivos del país: el maíz y la soja.

Agregado de valor en origen, desarrollo federal en muchas localidades del interior productivo, innovación y generación de empleo de calidad y ecuación de fuerte sustentabilidad ambiental al recortar el uso de combustibles fósiles por renovables fueron los argumentos centrales que impulsaron al sector. Uno de los pocos círculos virtuosos que supo poner en marcha el país en las últimas décadas, con mirada estratégica y aportando además el marco que garantizó el crecimiento de esa industria, con una protección inicial basada en incentivos para la inversión.

Hoy ese sector aporta el 12 por ciento de cada litro de nafta y el 10% en el caso del biodiesel al gasoil. Pero ese marco normativo llega a su fin y es necesario tomar un camino que tiene dos salidas: o se extiende la actual ley o se busca reemplazarla por otra que fije nuevos horizontes y metas. En esta segunda dirección está Córdoba que ve a la industria del etanol de maíz como un motor central para potenciar el desarrollo del interior, pero además para agregarle valor a un grano que la tiene como principal productora nacional y sexta a nivel internacional si se toman los estados subnacionales. Con un dato más: la mayor parte de esos granos hoy llegan al puerto y se exportan sin más valor agregado, dando la oportunidad de que en otra parte del mundo se conviertan en carne o energías.

Quien tomó la iniciativa dentro del gabinete provincial para seguir de cerca la evolución del debate previo de la normativa es el ministro de Industria de Córdoba, Eduardo Accastello quien deja claro que “la importancia que tiene la industria del etanol para Córdoba es central. Creemos que en el desafío para la nueva matriz productiva de la provincia, los biocombustibles en general son clave para el desafío a futuro y por eso insistimos en la necesidad de tener una nueva ley y no la prórroga de la actual”, aclaró el funcionario villamariense que conoce de cerca al sector porque la ley vigente pasó por el Congreso cuando era diputado nacional y además tiene una de las plantas de etanol de maíz más importantes del país en su ciudad.

“Entendemos que el modelo que plantea Córdoba, al igual que otras provincias productoras de maíz y de soja, que en este último caso refiere a la industria del biodiesel, es la posibilidad de reconvertir con valor agregado en origen parte de esos productos, lo que va a provocar una generación intensiva de trabajo, como se dio en Río Cuarto, Alejandro Roca y Villa María, que son los tres polos importantes de grandes etanoleras. Ahí hay que incorporar las minidest que además son desarrollos cordobeses y que tienen un potencial enorme en favor de la economía circular, con el horizonte de generar empleo, innovación tecnológica y sustentabilidad ambiental.

¿Por qué cuesta tanto avanzar en el agregado de valor en este sentido, más allá de las declaraciones que siempre se ponen sobre la mesa?

Estoy convencido de que en el trabajo que se viene haciendo con el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación, se entendió lo central que significa para Buenos Aires, La Pampa, San Luis, Santa Fe, Tucumán y Córdoba, el hecho de industrializar los granos que hoy estamos enviando al puerto. Y se entendió que hay una gran capacidad en los productores de innovar y hay una gran voluntad de generar una nueva fuente de riqueza productiva. Porque además eso significa reducción de retenciones, incorporación de empleo, diversidad de producción muy virtuosa, porque no solamente estamos hablando de etanol, sino de productos alternativos o sedundarios como burlanda, alcohol sanitizante o el insumo para las gaseosas.

¿Hay fuerzas que operan en contrario?

Me parece que hay intereses muy fuertes, ligados a la industria del petróleo y los combustibles fósiles, a los que les cuesta mucho entender que en esos casos la producción se toma directamente de la naturaleza y esta opción de los biocombustibles parte de la producción agrícola, interviene el esfuerzo del ser humano, el tiempo, el clima, el financiamiento y trabajo de los productores. Esos sectores hacen una interpretación muy fácil de lo que es el desarrollo. En Argentina tenemos que tener en cuenta que somos autosuficientes en combustibles y tenemos que trabajar para exportarlos para que ingresen dólares e ir a un corte de 25% como Paraguay o 27,5% como Brasil que nos permitiría no sólo abrir las puertas para exportar combustibles sino que además nos permitiría aumentar las ventas al mundo de bioetanol, apuntalar la sustentabilidad ambiental y reducir los costos del combustible o mantenerlo, al tener mayor participación de alcohol por litro. En eso me parece que las petroleras están buscando una participación en el negocio de los biocombustibles, que me parece muy interesante, siempre y cuando no dejen afuera a los productores, las cooperativas o los empresarios privados que son los que quieren ser partícipes del desarrollo de este sector.

¿Hay indicios de que esta vez se pueda contra el poderoso lobby petrolero?

Percibo que Santa Fe, Córdoba y las distintas provincias argentinas con desarrollo en los biocombustibles están decididas a que esto sea un desafío para la creación de empleo, el desarrollo productivo y la verdadera federalización de la argentina. Porque acá es tan importante la Vaca Muerta como la Vaca Viva. Tenemos que avanzar en el agregado de valor de nuestra producción de soja y maíz a través de estas plantas que, insisto, además de lo económico, aportan fuerte en lo ambiental. Y me parece que las petroleras tienen una mirada corta. Ni siquiera tienen una mirada empresaria de que no son incompatibles, porque esto es ganancia para las dos partes y sería muy bueno para ellas que pudieran producir pensando en que puedan ingresar dólares a la Argentina avanzando en cortes más importantes de alcohol en las naftas. De esa manera sucede en Estados Unidos y Paraguay. Pero además, tenemos un mercado importante en Brasil, porque no puede ser que ese país compre el bioetanol a Estados Unidos teniéndonos a nosotros mucho más cerca. O que nosotros produzcamos autos en Córdoba con motores flex y los mandemos a Brasil y que acá no se puedan usar con el mismo combustible producido en nuestra provincia como es el etanol. Es un lobby con una mirada corta el de las petroleras. Y además, no sé si hoy, y estamos trabajando con estudios muy serios en esa dirección, las petroleras cumplen con el corte establecido por la ley que es del 12%. Eso también nos tiene que replantear la necesidad de cumplir la ley actual. Entonces más que lobby, los petroleros deberían comenzar a cumplir la normativa vigente.

¿Por qué una nueva ley y no la prórroga de la existente?

Una nueva ley porque lo que requieren las provincias argentinas y una nueva matriz energética es previsibilidad. Esta ley fue virtuosa, a mí me tocó tratarla como diputado nacional, y lo fue porque le dio a la Argentina una enorme capacidad de desarrollo e inversión que estaban esperando, como las que están hoy en esa posición. Hay muchos empresarios, cooperativas que están esperando la previsibilidad de una ley para los próximos 15 años diciendo que vamos a pasar de un corte del 12% a uno del 27,5% que despeje el horizonte, marque el rumbo, y permita que una provincia como Córdoba pase a exportar muchos menos granos porque vamos a industrializar mucho más y eso va a significar mucho más ganancia para los productores, para quienes industrialicen y además generará empleo de calidad, como pasó con Bio4, con AcaBio o Promaíz. Son decenas de puestos de empleo calificado, y entonces la nueva ley nos va a dar previsibilidad y va a trazar una política de estado que garantice sustentabilidad ambiental.

¿Qué tiempos legislativos hay por delante?

Estamos trabajando fuertemente con el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación y con la Liga Bioenergética que reúne a estas provincias con relevancia en este tema; se trabaja desde el Congreso con los diputados de Córdoba a través de Carlos Gutiérrez para que esa ley se materialice con nuevos aportes, y es el momento en que se visualiza un lobby muy fuerte de parte de las petroleras. Pero creo que es una enorme oportunidad la que tiene el Gobierno nacional para avanzar en una clara federalización de la producción primaria con la industrialización de esa producción, la generación de empleo calificado y demostrar que se puede lograr. Estamos convencidos que los tiempos son cortos porque tenemos lo que queda del año y dos o tres meses de 2021. Mientras tanto estamos sintetizando las propuestas de las provincias y las hemos volcado en un borrador que está en observación. La intención es que la ley de biocombustibles sea uno de los ejes centrales de la nueva matriz energética, no sólo nacional, sino también con una ley provincial de biocombustibles.