El León le plantó cara a Talleres y dejó una buena postal de puesta a punto

En un amistoso de altísima exigencia disputado en Córdoba, el Celeste igualó 2-2 con la T y dejó sensaciones que ilusionan de cara al Clausura 2026. Forestello sabe que el plantel tiene variantes de jerarquía para pelear arriba

La Avenida España empieza a soñar, y este amistoso en el Nuccetelli fue una razón más para hacerlo con fundamentos. El Imperio se prepara, y todo indica que va a estar a la altura de las circunstancias cuando el torneo diga presente.

 

Hay partidos que, más allá del resultado, dejan una certeza que vale oro en pleno proceso de pretemporada: Estudiantes está para animar un gran Clausura 2026.

Así lo demostró ayer por la mañana en el Predio Amadeo Nuccetelli de Córdoba, donde el Celeste igualó 2 a 2 ante un Talleres que llega de jugar a nivel internacional y que, pese a la jerarquía que exhibe como equipo de Primera División, no le pudo sacar ventajas al León en ningún tramo del compromiso.

Para el hincha riocuartense, la lectura es una sola: el equipo de Forestello está compitiendo de igual a igual con rivales de otra categoría, y eso, a esta altura del año, es una noticia inmejorable. El amistoso, pensado como un test de fondo físico y funcionamiento colectivo, se dividió en dos bloques de 45 minutos con dos formaciones bien diferenciadas, lo que le permitió al cuerpo técnico sacar conclusiones sobre absolutamente todo el plantel. Y las respuestas, en ambos períodos, fueron alentadoras.

Efectividad y ritmo en el primer tiempo

El primer tiempo tuvo al Estudiantes más ofensivo, con una formación que combinó rodaje y frescura: Bruera bajo los tres palos; González, Maffini, Ojeda y Quiroga como línea de cuatro; Cobos, González y Cabrera manejando los hilos en la mitad de cancha; y el trío de ataque conformado por Rosané, Garro y Valiente.

Ese bloque inicial le mostró al Celeste una cara ambiciosa, con vocación de ir hacia adelante desde el primer minuto, sin especular ni achicarse ante un rival de jerarquía. La sociedad entre el mediocampo y el frente de ataque fue uno de los puntos más destacados de la mañana cordobesa. Con Cabrera y Cobos como generadores y con Garro asociándose por las bandas, el León encontró los caminos para llegar con peligro real al arco de Talleres, y esa insistencia tuvo premio: primero apareció Siro Rosané para marcar con categoría, y después fue Tomás González quien estampó el segundo, coronando una genuina obra colectiva. Dos goles que no fueron producto de la casualidad, sino la consecuencia lógica de un equipo que salió a proponer y que encontró recompensa a su funcionamiento. Que Estudiantes le haya convertido dos tantos a un Talleres que compite en la máxima categoría del fútbol argentino, y que además haya generado más situaciones de gol, es un dato para remarcar con Fibrón. Habla de una idea futbolística clara, de jugadores que entendieron el librito de Forestello, y de una efectividad de área que va a ser fundamental en los partidos parejos que depara el Clausura.

Solidez y variantes en el complemento

Si el primer tiempo mostró la pólvora, el segundo bloque exhibió la otra cara de la moneda, tan importante como la primera: la solidez defensiva. Con un equipo casi completamente renovado —Lastra en el arco; González, Antonini, Valenti y Rodríguez en la línea de fondo; Talpone, Romero y Lo Celso en la mitad de cancha; y Alanis, Bajamich y Ferreira como delegados ofensivos—, el Celeste cerró los espacios, achicó las líneas y no le permitió a Talleres inquietar el arco defendido por Lastra. Cero goles en contra en 45 minutos ante un rival de Primera es un párrafo aparte que merece ser destacado. Este dato confirma algo que el hincha de Estudiantes viene intuyendo desde el arranque de la pretemporada: el plantel tiene recambio de nivel. No se trata de un equipo titular y un banco de suplentes, sino de un verdadero plantel competitivo, con jugadores que empujan de igual a igual y que le permiten a Forestello manejar rotaciones sin resignar rendimiento. Esa profundidad de plantel, en un torneo tan exigente como el Clausura, puede terminar siendo la diferencia entre pelear arriba o quedarse a mitad de tabla. El equilibrio entre ambos bloques —el ofensivo del primer tiempo y el sólido del complemento— es, en definitiva, la gran conclusión futbolística de la mañana: Estudiantes tiene con qué generar y tiene con qué defender. Y eso, en el fútbol de estas latitudes, no es poco.

Más allá de lo estrictamente futbolístico, el amistoso dejó otra imagen que también vale la pena destacar: la de un plantel unido, compacto, que después del esfuerzo compartió un almuerzo de camaradería en Córdoba antes de emprender el regreso a Río Cuarto. Esos gestos, que muchas veces quedan puertas adentro, son parte fundamental de la construcción de un grupo ganador. Forestello viene insistiendo desde su llegada en la importancia del compromiso colectivo, y la postal del almuerzo compartido es la confirmación de que el mensaje caló hondo en el plantel.

Con este empate ante Talleres, Estudiantes suma una prueba más —y de las más exigentes— en su hoja de ruta hacia el debut oficial. Falta poco para que el Clausura 2026 se ponga en marcha, y todo indica que el León va a llegar en un nivel óptimo: con gol, con equilibrio, con variantes y, sobre todo, con un grupo que respira unidad desde el primer minuto hasta el último.