Valenti no esquivó la autocrítica. Los errores le están costando muy caro al equipo y son los que impiden sumar. Pero aseguró que el cuerpo técnico y los jugadores los trabajan todos los días, tanto los individuales como los colectivos. “Nos atormenta a todos porque todos estamos en el mismo barco”, resumió. Esa frase pinta de cuerpo entero a un vestuario que no se esconde ni busca culpables. Hay un grupo que se hace cargo, que trabaja en silencio y que sabe que en la Liga Profesional los detalles se pagan carísimos.
Puertas adentro, el clima es el de un plantel que decidió mirar hacia adelante. Según contó el defensor, los jugadores hablaron entre ellos y el sentimiento común es de expectativa. “Una victoria contra River sería algo histórico”, dijo, y aseguró que el ánimo está en que “se puede dar”. El argumento no es voluntarismo. Valenti recordó que el equipo ha competido, y que una hazaña de esa magnitud serviría de impulso para el tramo que resta del campeonato.
A los hinchas celestes les consta que el León sabe lo que es dar un golpe: el último triunfo en el torneo, 1 a 0 ante Tigre en el Candini, nació de un cabezazo del propio Valenti que Sergio “Bocha” Ojeda empujó a la red, con Lucas Bruera como figura bajo los tres palos.
Otro de los temas en agenda es el esquema de Forestello en sus presentaciones. El jugador celeste explicó que para los defensores la línea de cinco es una situación cómoda, porque “siempre va a sobrar alguien”. Dijo que el plantel tiene la versatilidad para modificar el sistema durante el mismo partido, según lo determine el juego, y que todos se sienten a gusto con lo que proponga “Yagui”, sea cual sea. Como ejemplo, citó el segundo tiempo frente a Racing, cuando el equipo salió con otra formación, se sintió cómodo y generó situaciones. Para el defensor, eso habla del trabajo de todo el semestre. La lectura es clara: el León llega a Núñez con alternativas tácticas y sin ataduras.
Cómo llega Estudiantes
El momento es difícil. El Celeste suma 11 puntos en 27 partidos jugados en el año (5 en el Apertura y 6 en el Clausura), con 2 victorias, 5 empates y 20 derrotas. Ocupa el fondo en la Zona B, en la tabla anual y en la de promedios, y llega con una racha de diez partidos sin ganar. A falta de cinco fechas para el cierre de la fase inicial, la permanencia exige una reacción urgente. Pero también es cierto que esta es la clase de partido en la que un equipo puede cambiarle la cara a una temporada. El León no tiene nada que perder y toda una ciudad para ganar. Y como dice Valenti, lo que más necesita Estudiantes es una dosis de autoestima que solo se consigue de una manera.
Cómo llega River
El equipo de Leonardo Ponzio tampoco atraviesa un momento sencillo. Viene de caer 2 a 1 ante Huracán y sabe que necesita ganar para meterse entre los mejores ocho de la Zona B y para no alejarse de los puestos de Copa Libertadores en la tabla anual, donde hoy es noveno con 42 puntos, a ocho del último clasificado. Además, River estuvo varias semanas sin actividad por la fecha de Selección, y tuvo una buena noticia en la semana: Tobías Andrada recibió el alta médica y está en condiciones de volver a jugar. El Millonario llegará con la obligación de ganar y con el aliento de su gente. Es un escenario que, bien leído, puede ponerle presión a un anfitrión que juega con las exigencias propias de su historia.
Valenti fue el primero en reconocerlo: enfrente hay un plantel de enorme jerarquía y, por eso, “vamos a tener que hacer un esfuerzo más y estar aún más concentrados”. El defensor propone suplir esa diferencia con otras armas: “compromiso, concentración y responsabilidad”. No habla de magia ni de milagros, sino de los valores que históricamente sostuvieron a este club: el trabajo, el sacrificio y el hambre.
El sábado, cuando ruede la pelota en el Monumental, habrá en Río Cuarto miles de corazones celestes pegados a una pantalla, una radio o un celular. Porque Estudiantes no juega solo por tres puntos. Juega por la camiseta, por el escudo con los laureles y el 1912, por la gente que lo acompaña en cada fecha y por una ciudad que se sabe grande. Si algo enseñó el fútbol, es que los partidos no se ganan antes de jugarse.