Del otro, el conjunto menos goleado del grupo, una defensa que había hecho del orden y del carácter su carta de presentación y que se acostumbró a competir de igual a igual con cualquiera. Así se presentó el choque entre Estudiantes e Independiente, un duelo de los que se miran con respeto desde la previa y se juegan con los dientes apretados.
Y el León no desentonó. Con la frente alta, con una propuesta valiente y con la convicción de un plantel que venía de nueve fechas sin conocer la derrota, los pibes de Gerardo Acuña le disputaron el protagonismo al líder, golpearon primero y tuvieron el partido en sus manos. Pero en este tipo de partidos los detalles pesan, y los detalles terminaron inclinándose para el lado del visitante.
Independiente dio vuelta el marcador, estableció el 2-1 definitivo y le puso fin a una racha invicta que había ilusionado a todo Río Cuarto.
El arranque tuvo nombre propio: Tomás Parmo. La joya del Rojo se animó a entrar al área y sacó un remate que se estrelló en el palo, la primera situación de riesgo de la tarde y un llamado de atención para la defensa local. Fue un aviso de que el líder no venía a especular. Con el correr de los minutos, el partido se fue cerrando.
El mediocampo se convirtió en una zona de disputa permanente, las pelotas divididas marcaron el ritmo y el juego se hizo cada vez más cortado y friccionado.
Las amarillas empezaron a aparecer una detrás de otra y el árbitro terminó mostrando cuatro por equipo antes del descanso, una radiografía fiel de la intensidad con la que se jugó. Ninguno de los dos quiso ceder un centímetro y el empate sin goles fue, en el fondo, un reflejo de lo parejo que estaba todo.
El golpe del León: El segundo tiempo trajo la recompensa para el local. A los 4 minutos, tras un tiro de esquina a favor, Joaquín Rivero metió una gran jugada que dejó la pelota servida para Escobar.
El volante no dudó y sacó un remate pleno, de esos que se festejan desde el alma, para abrir el marcador y hacer explotar a la gente del León. Estudiantes se había puesto en ventaja ante el mejor equipo de la zona, y el estadio lo sintió.
Pero los punteros están donde están por algo. Apenas cinco minutos después, a los 9, Mathias De Las Carreras recibió, se sacó de encima a su marcador con un muy buen enganche y definió con un remate todavía mejor para igualar el partido. La ventaja había durado poco y el golpe fue fuerte: el Rojo mostró lo que lo tiene arriba, la capacidad de reponerse rápido y de ser efectivo cuando el partido se lo exige.
Lejos de venirse abajo, Estudiantes buscó. Con el empate en el marcador y el partido abierto, el León tuvo sus mejores pasajes en los minutos finales y generó argumentos para pensar que merecía algo más de lo que terminó llevándose. El equipo empujó, presionó y se animó a ir por la victoria.
Sin embargo, el fútbol suele ser cruel con quien no concreta. A los 35 minutos, tras una excelente combinación de pases que dejó mal parada a la defensa local, Simón Bodnar se elevó y conectó de cabeza para el 2-1 definitivo. Un golpe de jerarquía que le dio los tres puntos a Independiente y le cerró el partido al León.
=Síntesis=
Estudiantes RC: Francisco Gualtieri; Bautista Federighi, Nicolás Garnica, Matías Pagliaricci (c) y Bautista Pieroni; Tomás Escobar, Lautaro Cepeha y Benjamín Moyano; Joaquín Rivero, Maximiliano Devia y Facundo Gallardo. DT: Gerardo Acuña.
Independiente: Centurión; Closter, González, Bordón y Martino; Cruz (c), Buralli y Parmo; Bodnar, Junco y De Las Carreras. DT: Carlos Matheu.