En medio de la euforia, hubo un nombre que se llevó todas las miradas y los aplausos: Tomás González. El jugador no solo fue el socio ideal para que Mateo Bajamich y Gabriel Alanís inflaran la red, sino que fue el encargado de desquiciar a la defensa del "Globo".
Con la calma de quien sabe que cumplió ante su gente, pero con la adrenalina todavía a flor de piel, el “10” celeste dialogó en exclusiva con Puntal. González analiza las claves del planteo de Iván Delfino, el empuje de una ciudad que se hace sentir y cómo este plantel se prepara para el próximo desafío en Junín,donde el objetivo es que la motivación no decaiga.
Tomás, ganar en la Liga Profesional siempre es difícil, pero hacerlo ante un equipo con la historia de Huracán y siendo pieza clave tiene un sabor especial. ¿Es este el triunfo que pone en marcha a Estudiantes en la categoría?
-Coincido totalmente: ganar en esta liga es un laburo bárbaro porque nadie te regala nada, y menos contra un equipo como Huracán que tiene su peso y siempre te exige al máximo.Pero sí, se siente algo distinto. No te voy a mentir, ganar así, siendo protagonista y aportando para que el equipo sume de a tres, te da un envión anímico que no se compara con nada. En Estudiantes sabemos que la exigencia es alta y que quizás nos venía costando encontrar esa regularidad, pero este tipo de triunfos son los que hacen un click en el grupo.
-Ayer se te vio con una marcha más que el resto, ganando casi todos los duelos individuales. ¿Sentís que estás en un buen momento físico y futbolístico desde que transitan la competencia?
-La verdad es que me venía preparando igual que todos, para un partido así. En esta liga, si no estás al 110% en lo físico, los duelos individuales te comen, y ayer sentí que estaba tal vez un poco mejor. Son esos días en que las piernas me responden a lo que la cabeza quiere hacer. A veces uno tiene la intención, pero el cuerpo no te sigue; el jueves fue todo de la mano.Por ahí se habla mucho de los 90 minutos, pero el laburo que hacemos en la semana con los profes se notó en todos en este partido.
-El equipo golpeó en los momentos justos. ¿Qué les pidió el técnico para lastimar a la defensa del "Globo" y cómo te sentiste ocupando esos espacios donde fuiste determinante?
-Sabíamos que Huracán es un equipo que, si lo dejás venir, te maneja bien la pelota, pero que a veces se desprotege atrás cuando sus laterales suben mucho. La orden fue clarita: paciencia para recuperar y verticalidad absoluta apenas tuviéramos la bocha. No queríamos darles tiempo a que se rearmen.
-El estadio y los hinchas acompañaron mucho... ¿Cuánto influye ese empuje de la hinchada para que los equipos grandes sientan la presión de venir a Río Cuarto?
-Jugar en Río Cuarto tiene un misticismo especial. Cuando la gente empieza a empujar, el estadio se transforma y eso el rival lo siente, por más nombre o historia que tenga el equipo que venga. A los equipos de Buenos Aires o a los "grandes" de la categoría les cuesta el doble. No es solo el viaje o la cancha, es ese sentido de pertenencia que tiene nuestra hinchada. Sentís que tenés un jugador número 12 que te sopla en la nuca para que vayas a presionar una más.
-Estudiantes viene demostrando que no solo quiere mantener la categoría, sino pelear de igual a igual. ¿Para qué está este plantel después de una victoria de este calibre?
-Si me preguntás para qué está el plantel, yo te digo que está para pelear cada partido como si fuera una final. No queremos ser el equipo que "ve qué pasa" contra los grandes; queremos ser el equipo que les arruine la tarde, como hicimos ayer. Veníamos de cinco derrotas y un solo punto en seis fechas. Ganar por fin en Primera, y de la forma en que lo hicimos, nos sacó una mochila pesada de encima.
-¿Cómo se preparan estos días para el cercano rival, Sarmiento de Junín?
-No hay mucho tiempo para relajarse. Es un partido de los que nosotros llamamos "de seis puntos" porque son rivales directos en la lucha por acomodarse en la tabla y alejarse del fondo.