Los que saben contar

 
“Contar historias es una de las prácticas más estables de la vida social. Siempre se han contado historias y se seguirán contando, y si pensamos en el futuro, estoy seguro de que la narración persistirá, porque la narración es el gran modo de intercambiar experiencias…nos ayuda a incorporar la historia en nuestra propia vida y a vivirla como algo personal”, dice Ricardo Piglia en “El arte de narrar”.

Si bien las formas en las que el hombre narra se han diversificado, este presente que vivimos, voluptuoso en narratividades, no ha podido borrar el poder de una de las primeras que ha desarrollado la criatura humana: la narración oral. Hasta aquello que le sucede en lo más secreto, los sueños, por ejemplo, impulsan al soñador a hablarlos, como primera forma de compartir ese asunto que lo excede, incluso después de Freud.

Otra vez Piglia: “El que cuenta un sueño afronta los problemas que tienen los narradores que creen que las historias que les interesan a ellos les van a interesar a todos, porque claro, cuando uno cuenta un sueño, cuando uno dice ‘soñé con la casa de mi infancia’, eso tiene para el narrador una significación extraordinaria, porque uno recuerda muy bien lo que era  esa casa de la infancia, pero hay que saber transmitir ese sentimiento”.

Y aquí llegamos: un buen narrador no es solamente el que tiene la experiencia, el sentimiento de la experiencia, sino también aquel que es capaz de transmitir al otro esa emoción. Por suerte, los que andan por aquí en estos días, contando en distintos escenarios a partir de hoy, forman parte de ese grupo de los que saben hacerlo. Yo que usted, forastero, no me perdería la oportunidad.


Ricardo Sánchez