El intendente Juan Manuel Llamosas asumirá mañana su segundo período; un período raro, desfasado, que durará apenas tres años y medio y que implica para él, para su gobierno y para el peronismo de la ciudad un desafío no menor. Según indicaron en su equipo, la segunda asunción es vista como una posibilidad para relanzar el gobierno y darle más dinamismo de cara a los años que vienen por delante.
El objetivo en términos políticos es doble: por un lado, la nueva gestión debe cimentar el crecimiento de Llamosas en la escena provincial pero, además, provocar que los dos triunfos consecutivos del justicialismo, algo que no había ocurrido nunca a nivel municipal, no se conviertan en una excepción sino que se transformen en un proyecto de poder a más largo plazo.
El intendente, junto a sus colaboradores más cercanos, estaban anoche terminando de definir los nombres de los secretarios y subsecretarios que conformarán el gabinete. Hasta ahora, trascendieron cinco nombres y el resto está todavía bajo análisis. Por un lado, este diario adelantó que Camilo Vieyra seguirá en Gobierno y que el actual fiscal municipal, Julián Oberti, pasará a ocupar la nueva secretaría de Coordinación, que tendrá la función de organizar al gabinete puertas adentro.
Anoche, además, quedó ya casi confirmado que otros tres secretarios seguirán en sus cargos. Marcelo Ferrario, que tuvo un enorme desgaste en el control del brote de coronavirus, continuaría en Salud; por otra parte, Pablo Antonetti, jefe de Economía, también permanecería en su función. Por último, Martín Cantoro se mantendría al frente de la estratégica Secretaría de Obras y Servicios Públicos.
Es decir, los puestos más relevantes del gabinete que asumirá el viernes estaban anoche prácticamente confirmados. Las principales disputas se están dando en las segundas líneas; allí, a nivel de subsecretarías, se produciría la mayor cantidad de cambios.
“Hay que dinamizar el gabinete; que sea más ágil de cara a lo que viene”, señalaron en el Palacio.
Algunas subsecretarías dejarían de existir y otras tendrían nuevos nombres y funciones, según trascendió.
Llamosas ganó la elección del domingo 29 de noviembre con algo más del 41 por ciento de los votos; detrás, a 5,8 puntos quedó Gabriel Abrile, candidato de Juntos por Río Cuarto. En tercer lugar se ubicó Pablo Carrizo, con el frente Política Abierta, que cosechó el 12,17 por ciento y se convirtió en una de las sorpresas de los comicios.
Uno de los datos más relevantes de la elección fue el escaso nivel de participación; apenas el 49,9 por ciento de los empadronados concurrieron a votar, el porcentaje más bajo desde que Río Cuarto realiza la votación municipal separada del resto.
Si bien no hubo hacia afuera un reconocimiento explícito, puertas adentro del gobierno se tomó el exiguo margen con respecto al segundo como un llamado de atención. Al peronismo le costó ganar la elección del 29. Incluso, a nivel provincial consideran que quedó constatado que ese domingo se evidenció el divorcio entre el justicialismo -o más específicamente la actual gestión- con un sector de la sociedad riocuartense: aquel que tiene mayor poder adquisitivo y que votó mayoritariamente por Juntos por Río Cuarto. Allí, lo que consiguió Abrile fue fidelizar el voto que en las últimas elecciones apoyó a Cambiemos y que antes supo serle fiel al proyecto de Unión por Córdoba.
“Hay que ver si podemos reconquistar a ese electorado”, señalan en el oficialismo.
Es decir, si bien manifiestan que la pandemia, la cuarentena y el enojo derivado explican buena parte de ese comportamiento también admiten que hubo señales que deben atenderse. Al gobierno local lo votaron sólo dos de cada diez riocuartenses incluidos en los padrones y uno de los objetivos principales es revertir en el futuro esa estadística.
Llamosas también se enfrenta a la necesidad de integrar al equipo de gobierno a todos los sectores que conformaron su fuerza política. Esa unidad, que fue clave para que no se escaparan votos peronistas, debe ser mantenida también en el proyecto de gestión.
Por eso, hasta último momento siguen las negociaciones para terminar de conformar un gabinete que, hasta ahora, no ha oficializado el ingreso de caras nuevas aunque desde el Palacio prometen que así será.

