René de Santis es un médico, docente y sexólogo cordobés, integrante de la Universidad Provincial y la Católica de Córdoba, que trabaja desde hace tiempo con la construcción de masculinidades. Actualmente dicta talleres referidos a la temática con jóvenes, planteando la necesidad de entender la sensibilidad del varón.
Ante los hechos ocurridos en Villa Gesell con el crimen de Fernando Baez Sosa, analizó para Puntal la relación de esas construcciones de masculinidad y la violencia.
- ¿Qué ejes es necesario trabajar sobre masculinidades en la actualidad?
- Creo que debemos trabajar, primero y principal, con la perspectiva de género, en especial en lo que es la construcción de las relaciones igualitarias, algo que tiene que ver con que las construcciones de poder siempre han estado del lado de los varones, y desde allí se construyó una masculinidad hegemónica. Aquí, todo lo que viene del lado de lo masculino es prestigioso y sobrevalorado, mientras que lo que viene del lado de la mujer está subordinado. Por lo tanto, la construcción de los vínculos desde una perspectiva de género es fundamental.
En este sentido, De Santis consideró que, para trabajar estos ejes sin que las masculinidades se sientan atropelladas en su historia de vida, “hay que trabajar en la construcción de la afectividad, contenerlos, no juzgarlos, marcales dónde salen los micromachismos, porque si no huyen porque sienten que les marcan dónde está esa desigualdad de poder, pero no lo pueden ver si se sienten atacados”, consideró el especialista.
Destacó la importancia de una contención para que los varones ingresen a una masculinidad más sensible, sin tener que recurrir a la fuerza, “que el varón no se tenga que mostrar como el fuerte, donde muchas veces acuden a la violencia y terminan matando”, señaló.
Por otra parte, consideró un eje muy importante el de la construcción de seres humanos como personas diversas. “La diversidad debería ser la norma, no lo estereotipado de masculino o femenino, porque si no a cualquier hombre que sea sensible se lo encasilla en la homosexualidad”, sostuvo De Santis.
- ¿Qué lugar tiene la violencia en la manifestación de esas masculinidades?
- Ninguna masculinidad ni feminidad se ha construido si no es en un marco de violencia, que ahora se intenta ocultar en micromachismos y microviolencias, pero que construyen relaciones violentas en general. En la construcción de las masculinidades, el varón es el fuerte, el intelectual, el protector, y la mujer estaba confinada al ámbito de lo privado, a ser la más sensible, la idea del sexo débil. Esto es violento, hace que siempre haya una dependencia de un género al otro, por lo que debemos trabajar para que esas construcciones vinculares no sean hegemónicas, con disputas de poder.
El docente sostuvo que “todos somos iguales y debemos desarrollar las mismas capacidades de distinta manera, no es algo natural, sino algo sociocultural”, indicó, y aseguró que “las violencias están naturalizadas, y responden a patrones sociales y culturales que la sociedad ha impuesto como únicos”.
El especialista también se refirió a lo ocurrido en Villa Gesell con el crimen de Fernando Baez Sosa, y destacó que se trata de un hecho que “encaja perfectamente en estos conceptos. Todo lo que sucede en el ámbito del rugby no es porque sea el rugby en sí, como deporte, sino que toda construcción machista hegemónica genera estructuras en todas las familias y en cualquier institución social como puede ser un club; se hacen relaciones desiguales de poder, relaciones de violencia, y en este deporte, al ser de contacto físico, el más fuerte suele ser exitoso”, dijo.
- ¿Cómo se puede analizar lo ocurrido en Villa Gesell en relación a estos conceptos?
- La construcción violenta se da cuando se muestra quién es el más fuerte, se genera una competencia entre los mismos varones. En la violencia de género la víctima es tanto la mujer como el varón, que debe responder a los mandatos de masculinidad, tiene que mostrarse fuerte delante de los propios hombres, algo que también se ve en otros deportes como el fútbol. Lo que pasó con este grupo de chicos en la costa es que no pudieron identificar que había un varón doliente, su identificación como una persona distinta, y ellos se quisieron mostrar como varones fuertes.
- ¿Qué resistencia hay en los varones a repensar esa masculinidad?
- Es algo que tiene que ver con el temor a sentirse juzgados, y que se puedan mostrar como alguien diferente a lo que la sociedad hetero-cis-normada propone con el varón rudo y protector.
El especialista destacó que en muchas oportunidades la sensibilidad en el varón termina siendo vista como un indicador de homosexualidad, cuando en realidad nada tiene que ver con las construcciones de sexualidad, e incluso “la homosexualidad no está sólo asociada a varones sensibles”. Concluyó que “hay que trabajar con las resistencias que tienen que ver con encuentros con otros varones, donde no sean juzgados y puedan expresarse sobre sus sentimientos”, indicó.